Cómo el ferrocarril a Bariloche fue dando origen a los pueblos de la Línea Sur

Tras el desarrollo técnico de las locomotoras que hicieron posible atravesar la cordillera, el ferrocarril a Bariloche avanzó como un proceso sostenido que fue dando forma al territorio y originando los pueblos de la Línea Sur.

Por Edith Cabrera

La Ley de Fomento de los Territorios Nacionales (Ley 5559), sancionada en agosto de 1908 bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta, trataba, en su artículo primero, inciso a), sobre la construcción del ferrocarril desde San Antonio Oeste hasta el lago Nahuel Huapi. Un problema crítico en ese momento era la aridez de la meseta de Somuncurá y la falta de agua potable. Por lo tanto, resultaba absolutamente necesario localizar acuíferos en varios puntos estratégicos a lo largo de la traza para abastecer a las locomotoras a vapor.

Frente a este reto, el ministro Ezequiel Ramos Mexía consultó al geólogo estadounidense Bailey Willis, quien lideró la Comisión de Estudios Hidrológicos, integrada por técnicos argentinos y extranjeros. Ellos indicaron las zonas de perforación y realizaron un relevamiento topográfico integral de la cuenca rionegrina. Mientras se ejecutaban estas vitales obras hidráulicas, las tripulaciones debieron recurrir a un costoso paliativo logístico: ante la falta de surtidores, las máquinas se veían obligadas a arrastrar vagones cisterna destinados exclusivamente a alimentar sus propias calderas, restando espacio para la carga comercial con tal de no quedar varadas en la inmensidad de la estepa.

Imagen de obreros en la búsqueda de agua (Ilustración generada con IA)

La expansión ferroviaria hacia la cordillera

Las obras se iniciaron en 1909, partiendo de San Antonio hacia el oeste, bajo la dirección técnica del ingeniero Guido Jacobacci y, a fines de ese año, los rieles llegaron hasta Valcheta, un oasis ya reconocido en 1833 por una columna de la expedición del general Ángel Pacheco. En 1916, el avance se detuvo en el kilómetro 448, en el paraje denominado Nahuel Niyeu, debido a las restricciones presupuestarias impuestas por la Primera Guerra Mundial. Posteriormente, durante la presidencia del Dr. Marcelo T. de Alvear, ese pueblo fue denominado Ingeniero Jacobacci, en honor al profesional que dirigió la obra hasta su fallecimiento.

Retornando al articulado de la norma, y haciendo uso de la facultad delegada por el artículo segundo, el Poder Ejecutivo dispuso que la línea se construyera bajo los estándares de la trocha ancha. Esta definición estratégica, impulsada desde la cartera de Obras Públicas, buscaba evitar el aislamiento logístico del territorio y garantizar una futura conexión directa con el resto de la República.

El tren que dio origen a los pueblos de la Línea Sur

Tras varios años de estancamiento, a partir de 1922 se dio un nuevo impulso ferroviario para alcanzar Bariloche. Simultáneamente, se construía el ramal de 200 kilómetros entre Viedma y San Antonio para permitir el empalme directo con Buenos Aires a través de la línea del Ferrocarril del Sud. En consonancia con este mismo marco normativo, el avance de los rieles estaba previsto en el artículo quinto, que facultaba a licitar la construcción o adjudicarla directamente ante propuestas ventajosas, facilitando la viabilidad del proyecto mediante las exenciones impositivas y aduaneras para los materiales, establecidas en el artículo octavo.

Imagen de mayo de 1934, la celebración de la llegada del tren a Bailoche (Archivo)

La culminación de esta epopeya se vivió hacia fines de mayo de 1934, cuando las páginas de nuestro diario reflejaron la histórica llegada del primer tren regular a Bariloche, cumpliendo finalmente el objetivo nacional de poblar y dinamizar la economía de la cordillera mediante la integración con el Atlántico.

A lo largo de este camino se consolidaron pueblos que crecieron al flanco de las vías, tales como Ministro Ramos Mexía (antiguamente Corral Chico), Sierra Colorada, Los Menucos, Maquinchao y Pilcaniyeu. La presencia de estas poblaciones expresa la preponderancia que tuvo el factor ferroviario en el progreso colectivo, transformando un territorio antes aislado en un corredor productivo de lanas, cueros y turismo internacional.

El tren, una imagen de acero y vapor que consolidó definitivamente la integración y el desarrollo económico patagónico (recreación IA).


La Ley de Fomento de los Territorios Nacionales (Ley 5559), sancionada en agosto de 1908 bajo la presidencia de José Figueroa Alcorta, trataba, en su artículo primero, inciso a), sobre la construcción del ferrocarril desde San Antonio Oeste hasta el lago Nahuel Huapi. Un problema crítico en ese momento era la aridez de la meseta de Somuncurá y la falta de agua potable. Por lo tanto, resultaba absolutamente necesario localizar acuíferos en varios puntos estratégicos a lo largo de la traza para abastecer a las locomotoras a vapor.

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