Histórico juicio a célula neonazi, la “vergüenza” de Alemania

Durante casi una década el grupo asesinó a diez personas, hizo detonar bombas y asaltó bancos sin que la policía ni la inteligencia de su país actuaran. El proceso revela que, pese a los avances, una parte de la población –incluso en las estructuras del Estado– sigue simpatizando con esta ideología extrema.




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Manifestación en Berlín, el 23 de noviembre de 2011, en recuerdo de las personas asesinadas por neonazis. En la pancarta se puede leer “el Estado es responsable”.(Foto: DPA )

BERLÍN.- ¿Cómo pudo actuar una célula terrorista neonazi durante años en Alemania? ¿Qué ayuda recibió para llevar a cabo sus crímenes? Éstas son sólo algunas de las preguntas que se intentará esclarecer en el histórico juicio que comenzará el 6 de este mes contra la célula acusada de asesinar a diez personas.

Los familiares de las víctimas asesinadas a manos del trío neonazi Resistencia Nacionalsocialista (NSU) buscan una explicación para poder continuar con sus vidas y tienen todas sus esperanzas puestas en este juicio, que debió ser aplazado hace dos semanas por la polémica en torno al sistema de acreditaciones de prensa tras dejar fuera a los periodistas turcos.

El dolor de los familiares de los ocho inmigrantes turcos, un griego y una policía no pudo ser atenuado tras el entierro de sus seres queridos. Las investigaciones policiales los situaron, en muchos casos, en el centro de los considerados durante mucho tiempo como crímenes de honor o de la mafia turca y tuvieron que vivir durante años preguntándose si esas acusaciones tenían algo de cierto.

“Me gustaría poder decir de verdad después del juicio: ‘ahora puedo cerrar esta etapa y puedo realmente volver a comenzar mi vida’”, declaró Semiya Simsek, la hija de la primera víctima de la célula y autora del libro “Patria dolorosa. Alemania y el asesinato de mi padre”.

La ineficacia de los servicios secretos alemanes, que subestimaron sistemáticamente la escena de la extrema derecha en el país, posibilitó que el trío formado por Beate Zschäpe, Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt actuara impunemente desde el 2000, cuando asesinó a su primera víctima –un florista turco de 38 años–, hasta el 4 de noviembre de 2011, cuando perpetró su último robo.

“Es una desgracia, una vergüenza para Alemania”, declaró la canciller Angela Merkel mientras se iban filtrando los errores en la investigación. “Haremos todo lo necesario para investigarlo”, afirmó entonces.

Desde el 4 de noviembre de 2011, cuando aparecieron los cuerpos sin vida de Uwe Mundlos y Uwe Böhnhardt en una autocaravana incendiada en la localidad de Eisenach Stregda, hasta el día del juicio contra la única superviviente del trío y cuatro de sus cómplices ha llovido mucho.

Las investigaciones

Las investigaciones fueron arrojando poco a poco luz sobre uno de los mayores escándalos de un país muy sensible a la violencia de la extrema derecha debido a su pasado en la Segunda Guerra Mundial.

Los medios de comunicación se llenaron de informaciones en torno a la NSU: desde un macabro video de la Pantera Rosa con imágenes de los asesinatos hasta la destrucción de miles de documentos a manos de los servicios secretos alemanes después de que Beate Zschäpe se entregara a la policía, pasando por las informaciones que apuntaban a que la célula terrorista se financió a costa de las arcas del Estado alemán gracias al gran número de informantes en los círculos neonazis.

Los alemanes fueron siguiendo en los medios de comunicación toda una historia propia de una película de terroristas y espías de serie B sin dejar de preguntarse cómo fue posible que eso ocurriera en su país.

Las consecuencias no se hicieron esperar. Las cabezas dentro de los servicios secretos comenzaron a rodar, empezando con la del jefe del espionaje alemán, Heinz Fromm. Mientras, la oposición al gobierno de Merkel solicitó una reestructuración profunda de los servicios secretos y de la numerosa red de infiltrados o informantes en la escena de la derecha extrema.

Asimismo, el escándalo por los crímenes neonazis reactivó el proceso para ilegalizar su brazo político, el Partido Nacional Democrático (NPD), cuyo primer intento en el 2003 fracasó tras constatar el alto número de infiltrados de los servicios secretos alemanes en el partido.

Ahora habrá que esperar para ver si el juicio, que puede alargarse hasta dos años y medio, puede arrojar más luz sobre los hechos y cerrar uno de los capítulos más sangrientos y escandalosos de la Alemania moderna.

aLMUDENA DE cABO

DPA

RACISMO Y XENOFOBIA EN EUROPA

(Continúa en la página 24)

(Viene de la página 23)


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