Hombre de la “Latinoamérica profunda”
Leonardo Boff es una de esas pocas personas que, aunque intente pasar inadvertido, imponen su presencia apenas llegan a un lugar. Su físico (alguna vez robusto, pelo y barba largos y blancos), sus infaltables anteojos y la sencilla vestimenta que suele combinar elementos occidentales e indígenas le dan un aire de entre profesor universitario y misionero itinerante. Además, irradia una sensación de calma que acentúa con una sonrisa fácil y una voz cálida, que hace sentir confortable a su interlocutor, cualquiera sea el ambiente en el que se encuentre. Porque, pese a sus varios doctorados y especializaciones en teología, filosofía, lingüística y antropología obtenidos en su Brasil natal y en universidades de Europa, sus exposiciones tienen una sencillez que le permiten llegar a distintos auditorios. Boff se siente igual de cómodo dando clases en Harvard que en un curso para una cooperativa campesina o comunidad indígena en una remota zona rural de América Latina. Sólo la creciente fragilidad de su salud con la edad (tiene casi 75 años) ha frenado un poco su pasión de trotamundos. Así se lo vio a este teólogo franciscano en el 2008, en su último paso por esta región de la Patagonia. Aquí dividió su tiempo entre una conferencia magistral sobre ecología y política en la Universidad del Comahue, donde recordó con cariño a Jaime de Nevares, una recorrida por los barrios del Oeste neuquino, una visita a Fasinpat, un encuentro con comunidades mapuches y un curso de capacitación para la gente de la Pastoral de Migraciones local, donde además dialogó con “Río Negro”. En el medio, presenció audiencias de los juicios que entonces se llevaban a cabo contra militares acusados de delitos de lesa humanidad. Boff sostiene que, como toda teoría, la Teología de la Liberación ha evolucionado y dejó de ser única: hoy pueden reconocerse varias expresiones. Defiende una visión que ha dado en llamar la “Ecoteología de la Liberación”, que incluye las demandas de defensa del ambiente en la opción por los pobres. “La Teología de la Liberación nació escuchando el grito de los oprimidos: el pobre, el indígena, los afrodescendientes y propone su liberación, desde la fe cristiana”, recordó entonces a “Río Negro”. Y agregó: “Hoy el gran oprimido es la Tierra. La misma lógica que explota a las personas, clases y países devasta la naturaleza. Hay que superar ese mecanismo de opresión”, resaltó. En ese planteo, rescató el legado de los pueblos originarios del continente: “Tienen secretos, resolución de cosas en su sabiduría ancestral que no tenemos y debiéramos aprender. Nosotros tenemos mucha ciencia, pero poca sabiduría y ninguna espiritualidad”, resumió a este diario. Dentro de esta concepción, Boff se muestra muy optimista sobre la elección del excardenal Bergoglio como papa Francisco, a pesar de admitir que no espera ninguna revolución. Cree que con su perfil pastoral del tercer mundo y su llamado a que la Iglesia “salga a las periferias” tanto materiales como espirituales, llevará una bocanada de aire fresco al estancamiento que ha vivido la Iglesia desde hace décadas. “Tiene el vigor y la ternura para crear un nuevo mundo espiritual”, dice .