“Homenaje de vida”
El 3 de agosto cumpliría 100 años don Américo Verdenelli, cutralquense, nacido en 1914 en Ingeniero White. El 5 de agosto de 2004 lamentablemente murió por fallas orgánicas y (¿quizá?) cansancio de vivir en un mundo que ya no le gustaba tanto y que le costaba comprender. Entonces ese día de este año se cumplirían diez años de su fallecimiento. Tan prolijo fue que nos permitió concentrar en un doble homenaje el comienzo y el fin de una vida. Pero como no se trató de una vida cualquiera, nos gustaría dejar testimonio de la contracara de lo que significa entender a qué venimos a este mundo, quizá inspirados por la famosa frase de un presidente norteamericano contemporáneo que dijo que “no debemos preguntarnos qué va a hacer la patria por nosotros, sino qué vamos a hacer nosotros por ella”. E hizo de esa contundencia su objetivo existencial. Hijo de italianos y de familia de ferroviarios, transitó una infancia común, tan común como era en aquellas épocas ser niño, hijo, hermano, alumno respetuoso y ávido por aprender “de todo”, con la visión de que ese todo le serviría para seguir el derrotero, también común, de trabajar, formar una familia, aportar a su comunidad en lo que le fuera posible y supiera hacerlo… común. Pero la vida le preparó otro destino: ser pionero, armador, forjador de un pueblo asomando la cabeza en el desierto neuquino, a la sombra de un YPF que necesitaba de hombres fuertes, trabajadores sin horarios, de esos que, haciendo visera con la mano sobre la frente, ya veían que la patria los necesitaba…. por eso miraban cerca pero lejos, tan lejos como debía ser preparar un destino vivible y esperanzador para sus descendientes. Y lo hizo: le dio una familia a Cutral Co y un Cutral Co a su familia, en una década de febril actividad y de avidez por estar, por ayudar, por cimentar, por vencer las asperezas de un clima hostil pero ya y para siempre amado. Fue obrero petrolero y fue albañil para hacerse su propia casa. Y fue comerciante, de ese tipo de comerciante que contribuyó, con su confianza y su sentido solidario, con el contrato de pago que se hacía dándose la mano, a levantar gran parte de las casas que hoy lucen en el pueblo y que en algún rincón de un adobe devenido en ladrillo deberían decir “gracias, don Américo”. Y apadrinó una escuela que armó, la 255, que desde este año –vencidas las burocracias– llevará su nombre. Y creó instituciones de bien público. Y entonces, ya asentado y retirado de la empresa que lo hizo crecer y a la que hizo crecer, “se metió en la política”. Y fue El Intendente. El de la política de entonces, la del servicio, aquella que no se aprovechaba en beneficio propio, aquella que inauguró una forma de hacerla que sólo se concebía como del bien común. Tanto lo era, que no le impidió cambiar a menudo el traje por el mameluco, cuando a las madrugadas, herramientas en mano, socorría a la población ante la falta de agua arreglando el motor que a menudo se cansaba de andar… pero él no se cansaba nunca. Cuando terminó su mandato se fue a su casa, que por supuesto siguió siendo “la casa del pueblo” para siempre. Y fue maestro de sus jóvenes sucesores. Porque transitó funciones electivas, porque cambió el eje de la política, porque por eso el pueblo lo ama y lo recuerda y el Salón de Convenciones de la Municipalidad de Cutral Co lleva su nombre. Por todo eso y tanto más, hoy su familia lo homenajea así, públicamente, para que el homenaje sea docencia y se recuperen y practiquen aquellos valores tan perdidos. Entendemos que estas vidas deben darse a conocer, no tanto por el homenaje en sí mismo sino por los que vienen, por los que nos suceden, para que vuelvan a creer en los hombres de bien, que los hay. Gracias por nuestro padre. P/hermanas Verdenelli y familias, Marta I. Verdenelli, DNI 3.869.435 Neuquén
P/hermanas Verdenelli y familias, Marta I. Verdenelli, DNI 3.869.435 Neuquén