Horizontes diferentes
Según la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, “el optimismo está en el aire” ya que, luego de una prolongada etapa “helada”, le parece que el horizonte se ha hecho más “brillante”. Por desgracia, la francesa no aludía a las perspectivas ante la economía argentina sino a las enfrentadas por buena parte del resto del mundo, en especial Estados Unidos y los países de la Unión Europea. Aquí el horizonte se ha oscurecido mucho en las semanas últimas al darse cuenta la mayoría de que el ajuste que está en marcha es sólo un comienzo, ya que no será del todo fácil corregir las muchas distorsiones propias del “modelo” de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Como señala el exministro de Economía Roberto Lavagna, se trata de la fase inicial de un “Rodrigazo en cuotas”, o sea de una serie de cambios drásticos que tendrán un impacto muy negativo en el nivel de vida de millones de personas al eliminarse muchos subsidios y aumentar precios largamente reprimidos. De acuerdo con los gremios de la alimentación citados por el matutino porteño “Clarín”, en un lapso de 100 días la inflación privó del 20% de su poder adquisitivo a quienes no consiguieron que aumentaran sus ingresos. Así, pues, mientras que Lagarde se permite esperar que en el 2014 llegue a su fin un período de siete años flacos para que empiece otro de siete gordos, todo hace pensar que la Argentina está saliendo atropelladamente de uno triunfalista, en que en amplios sectores de la población se difundió una sensación de prosperidad incipiente, para entrar en una etapa signada por la estrechez que, con suerte, no durará siete años. Para que el desafío sea aún mayor, el gobierno kirchnerista se resiste a hacerle frente por temor a la reacción previsiblemente negativa de quienes habían tomado en serio la propaganda oficial. La diferencia entre el camino económico que tomó la Argentina por un lado y aquel que siguieron los países ricos, por el otro, no se debe sólo a la propensión de los populistas a creerse capaces de saltar por encima de dificultades que atemorizan a otros sino también a que, merced a la voracidad de China, se vio beneficiada por una mejora radical de lo que los economistas llaman los términos de intercambio. Por lo demás, la Argentina ya se había sometido, en el 2002, a un ajuste aún más severo que el español, aunque menos cruel que el griego. Lo mismo que casi todos los países “emergentes”, por un rato logró anotarse una tasa de crecimiento muy superior a las alcanzadas por Estados Unidos, los miembros de la Unión Europea y el Japón, pero el gobierno kirchnerista cometió el error estratégico de imputar los éxitos macroeconómicos resultantes no a circunstancias internacionales que podrían ser pasajeras sino a las recetas voluntaristas que aplicaba. De haber asumido una postura más cauta, parecida a las adoptadas por otros gobiernos de la región, entre ellos el del boliviano Evo Morales, el horizonte ante el país sería aún más “brillante” que el percibido por la jefa del FMI pero, convencido de que había descubierto una versión económica de la piedra filosofal, se dejó engañar por su propia propaganda. De todos modos, si bien es ingrato que, justo cuando las economías de los países desarrollados parecen estar por dejar atrás una crisis provocada por el endeudamiento excesivo, la nuestra se halle al borde de una etapa sumamente complicada, la situación sería todavía más alarmante si coincidiera con un retroceso generalizado. En tal caso, podrían caer los precios de los productos agrícolas que exportamos, lo que no facilitaría en absoluto una eventual recuperación. Mucho dependerá de lo que suceda en China. Aunque acaba de anunciarse que en el 2013 la economía china creció el 7,7%, dos décimas por encima de la meta oficial, hay temores de que sufra un choque financiero al caer en default algunas provincias y municipalidades grandes por razones no muy distintas de las que tantos trastornos ocasionaron en Estados Unidos y Europa. Sea como fuere, siempre y cuando China siga creciendo con rapidez relativa, si bien no al ritmo alocado de años anteriores, nuestro encontronazo con la realidad económica no se verá agravado por una nueva crisis internacional que, a pesar del aislamiento financiero del país, tendría fuertes repercusiones aquí.