India se transforma en exportadora de carnes rojas
El gobierno de la India está coronando con muy buen éxito su coherente esfuerzo por tratar de transformar el país en un fuerte exportador de carnes rojas. Para ello ha recurrido, como es habitual en una economía aún repleta de dirigismo, a los subsidios. Sin por ello descuidar necesariamente el consumo interno. Tanto es así que el consumo y las exportaciones de carnes rojas han aumentado, en conjunto, un jugoso 44% en los últimos cuatro años. Esto supone, según informa el “The Times of India”, que de faenar unas 5,57 toneladas (lakh) en el 2008 se pasó a faenar unas 8,05 toneladas (lakh) en el 2011. Razón por la cual la India, está claro, se transformó, de pronto, en un exportador importante de carnes rojas. El rubro más sustantivo, en el caso de la India, es el de la producción de carne de búfalo, principalmente en el estado de Uttar Pradesh. Cabe acotar que nada menos que el 70% de la producción de carne de búfalo hoy se exporta desde la India como cortes de carne “halal” a los países del Golfo y a la dinámica región del sudeste asiático, en general. La noción de “halal”, si bien está sujeta a distintas interpretaciones, define los alimentos que son aceptables según la ley musulmana. Esto es la “sharia”. Lo que supone que no se deben comer carnes de animales que han sido sacrificados mediante estrangulamientos o golpes de cualquier tipo y que, entre otras cosas, se prohíbe comer carne de cerdo. Los mejores cortes de la carne india de búfalo se destinan, habitualmente, al exterior. Por todo esto la India está exportando ahora más carnes rojas que los dos tradicionales competidores de su propia región: Australia y Nueva Zelanda. Lo que es todo un logro. Hay quienes, no obstante, acusan a la India de no respetar las mejores prácticas en materia de mataderos y frigoríficos. Y de transportar abusiva y despiadadamente a los animales en camiones cargados en exceso, en los que los animales viajan –con trato cruel– muy largas distancias, sin tener acceso alguno al agua ni a los alimentos. La moraleja a extraer en esta materia es que, en un mundo comercialmente abierto, nunca hay que descuidarse y “dormirse sobre los laureles”. Aun en aquellos rubros tradicionales de producción para la exportación. Además, que los errores se pagan. Cuando, en esta misma materia, un país decide descuidar la exportación para privilegiar –de manera populista– el consumo interno, otros llenan prestamente los lugares que se vacían. Es lo que nos ha pasado. Pero las cosas son más duras para nosotros. En materia de carnes rojas, no sólo hemos diezmado nuestros rodeos y perdido mercados tradicionales sino que hemos, además, disminuido el consumo interno. Serio como realidad. No hay que ocultarla. Para esto la libertad de opinión y de prensa son esenciales. Sin ellas, es siempre difícil advertir primero, y corregir después, los gruesos errores producto de la ausencia de nivel de algunos de nuestros dirigentes. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
EMILIO J. CÁRDENAS (*)
El gobierno de la India está coronando con muy buen éxito su coherente esfuerzo por tratar de transformar el país en un fuerte exportador de carnes rojas. Para ello ha recurrido, como es habitual en una economía aún repleta de dirigismo, a los subsidios. Sin por ello descuidar necesariamente el consumo interno. Tanto es así que el consumo y las exportaciones de carnes rojas han aumentado, en conjunto, un jugoso 44% en los últimos cuatro años. Esto supone, según informa el “The Times of India”, que de faenar unas 5,57 toneladas (lakh) en el 2008 se pasó a faenar unas 8,05 toneladas (lakh) en el 2011. Razón por la cual la India, está claro, se transformó, de pronto, en un exportador importante de carnes rojas. El rubro más sustantivo, en el caso de la India, es el de la producción de carne de búfalo, principalmente en el estado de Uttar Pradesh. Cabe acotar que nada menos que el 70% de la producción de carne de búfalo hoy se exporta desde la India como cortes de carne “halal” a los países del Golfo y a la dinámica región del sudeste asiático, en general. La noción de “halal”, si bien está sujeta a distintas interpretaciones, define los alimentos que son aceptables según la ley musulmana. Esto es la “sharia”. Lo que supone que no se deben comer carnes de animales que han sido sacrificados mediante estrangulamientos o golpes de cualquier tipo y que, entre otras cosas, se prohíbe comer carne de cerdo. Los mejores cortes de la carne india de búfalo se destinan, habitualmente, al exterior. Por todo esto la India está exportando ahora más carnes rojas que los dos tradicionales competidores de su propia región: Australia y Nueva Zelanda. Lo que es todo un logro. Hay quienes, no obstante, acusan a la India de no respetar las mejores prácticas en materia de mataderos y frigoríficos. Y de transportar abusiva y despiadadamente a los animales en camiones cargados en exceso, en los que los animales viajan –con trato cruel– muy largas distancias, sin tener acceso alguno al agua ni a los alimentos. La moraleja a extraer en esta materia es que, en un mundo comercialmente abierto, nunca hay que descuidarse y “dormirse sobre los laureles”. Aun en aquellos rubros tradicionales de producción para la exportación. Además, que los errores se pagan. Cuando, en esta misma materia, un país decide descuidar la exportación para privilegiar –de manera populista– el consumo interno, otros llenan prestamente los lugares que se vacían. Es lo que nos ha pasado. Pero las cosas son más duras para nosotros. En materia de carnes rojas, no sólo hemos diezmado nuestros rodeos y perdido mercados tradicionales sino que hemos, además, disminuido el consumo interno. Serio como realidad. No hay que ocultarla. Para esto la libertad de opinión y de prensa son esenciales. Sin ellas, es siempre difícil advertir primero, y corregir después, los gruesos errores producto de la ausencia de nivel de algunos de nuestros dirigentes. (*) Exembajador de la República Argentina ante las Naciones Unidas
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