Índices
El despido del jefe de la Policía fue un movimiento extraño para la época y son poco convincentes las razones.
NEUQUÉN
guillermo berto gberto@rionegro.com.ar
Bastó una línea en un modesto comunicado de prensa, de esos que llegan por docenas a las redacciones periodísticas, para instalar por primera vez en lo que va de la campaña electoral un atisbo de debate serio, por fuera de las sonrisas para las cámaras o las consignas tribuneras. El candidato a gobernador del Frente para la Victoria, Ramón Rioseco, afirmó en esa nota de prensa que la mortalidad infantil en la provincia había llegado a las dos cifras: 10,4 por mil. Hablar de índices es una invitación a la crítica rápida que distorsiona el foco y se termina debatiendo quién hizo la medición, cómo y cuándo, y quién la difunde. Para colmo Rioseco titubeó cuando le pidieron fuentes y dijo que se basaba en información “extraoficial”. Para el Movimiento Popular Neuquino, defender el plan de salud es religión, así que el gobernador Jorge Sapag le respondió de inmediato. Admitió una suba, pero dijo que la provincia tiene el índice de mortalidad infantil más bajo del país (sin explicar de dónde lo sacó). Cuando le pidieron precisiones dio una cifra: 7,4 por mil. El año pasado su ministro de Salud, Rubén Butigué, le había dicho a “Río Negro” (después de varias semanas de insistencia de este medio) que el índice se ubicaba en 8,4 por mil, y la Sociedad Argentina de Pediatría aportó su medición: 9,3 por mil. Con tanto cruce de cifras puede perderse de vista que se está hablando de que entre 7 y 10 niños (según la fuente) menores de un año fallecen por cada mil nacidos vivos, y no de temas más frívolos como por ejemplo changos de supermercados llenos. Porque el índice de los changos llenos se intenta instalar con fuerza en especial desde el gobierno cuando quiere presentar a Neuquén como la capital del consumo nacional. Ambos índices conviven en la provincia donde se promete que Vaca Muerta (imposible dejar de nombrarla) “derramará” bienestar sobre sus habitantes. Hasta ahora los candidatos han dicho poco sobre cómo piensan compatibilizarlos. A último momento se sumó a la discusión el candidato de Nuevo Compromiso Neuquino, Horacio Quiroga, porque sus asesores husmearon que allí podría haber rédito. Como suele suceder en época electoral, se enfatiza que no hay que tomarse con ligereza ciertos temas y eso es justamente lo que se hace. Sapag se enredó en la polémica con Rioseco mientras el candidato del Movimiento Popular Neuquino, que nunca se mancha con esas discusiones, recorría sonriente hospitales de la provincia con su discurso de la buena onda. Antes, Omar Gutiérrez se había fotografiado dándose la mano con los sindicalistas del área de salud, que recibieron una propuesta de aumento salarial histórica (por lo alta). Incluso algunos sectores fueron invitados por primera vez a sentarse a la mesa. El gobernador, que apela con frecuencia a metáforas futboleras, ha dicho que él arrastra las marcas para que otros hagan los goles. En este caso el goleador debería ser Gutiérrez, mientras Sapag recibe las patadas (y a veces las contesta). También fue Sapag el que se encargó de echar al jefe de la Policía, Raúl Laserna. Una movida extraña para la época, con las elecciones a la vuelta de la esquina. ¿No quiso o no pudo hacerlo antes? Laserna no se va por el acuartelamiento de diciembre del 2013, por los casos de gatillo fácil, por estigmatizar públicamente a los adolescentes de los barrios populares de la ciudad capital, por denuncias de torturas contra su personal ni por las sospechas de negocios turbios en algunas de sus comisarías. Se va, dice el discurso oficial, porque está rota la cadena de mandos. Pero la cadena de mandos se rompió hace mucho y tampoco es seguro que el designado jefe, Adolfo Liria, sea el indicado para restablecerla. Hace cinco meses atacaron a balazos su vivienda, un oscuro episodio que se atribuyó a internas policiales y políticas y que nunca fue esclarecido. A Sapag le gusta que sus equipos se repitan de memoria, mantiene el elenco de colaboradores casi inalterable todo el tiempo que le sea posible. Un jefe de policía no es un ministro aunque puede llegar a tener más poder, y eso añade intriga al cambio. La mortalidad infantil subió y el ministro de Salud sigue en su puesto. El de Desarrollo Social es candidato hace años al retiro, y ahí sigue. El de Desarrollo Territorial dice, en público y en privado, que sólo piensa en jubilarse, pero no lo deja irse. Sin embargo en menos de tres meses Sapag se desprendió de un ministro muy cercano, Guillermo Coco (Energía), y del jefe de la Policía. Sólo queda pensar que esos cambios fueron para evitar un mal mayor que se podría pagar en las urnas. En ambos casos hubo microcirugía: a los despedidos los reemplazó el que estaba apenas un escalón más abajo. Tampoco faltó la cortesía: se fueron acompañados de palabras afectuosas y no trascendieron detalles desagradables de las razones del cambio. Más pruebas de que se intentó evitar que alguien hable de crisis. A Laserna lo convocaron, para despedirlo, al turístico sur provincial, que se convirtió por unos días en la capital política de la provincia. También en San Martín de los Andes se relanzó la campaña a gobernador de Quiroga, quien finalmente se conformó con Leandro López como candidato a vice. Como jefe de campaña de Quiroga sigue actuando, al menos por ahora, Mauricio Macri. El intendente neuquino cuenta con sumar muchos votos en sectores de la ciudad que gobierna y aspirar todo el voto anti-K que ande diseminado por el territorio. Mientras el sur era la capital política, las esquinas de la otra capital, la real, se inundaban (de nuevo) producto de un temporal. Qué le vamos a hacer, el clima es ingobernable y tiene sus propias leyes. Las que fallan, parece, son las obras. Ahí tienen otro cómodo tema de discusión para intercambiar acusaciones hasta la próxima tormenta.