Indio Solari: rock del país y más allá

27 canciones y dos horas de un show que será parte de la historia.

juan mocciaro

jmocciaro@rionegro.com.ar

“Vamo’ loco! Hace dos años que esperamos esto!!!”

Diez minutos antes de las 10, en la noche más fría de todas las posibles noches frías, el Indio Solari y sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado pisaron el escenario montado ante la mayor multitud que el rock argentino haya convocado alguna vez: 120 mil personas a lo ancho de un kilómetro y a lo largo de otros tantos en el inmenso predio del autódromo “José Ángel Penna”, de la ciudad de San Martín, a 45 kilómetros de la capital provincial.

Y lo que salió de la torres de sonido fue la poderosa descarga eléctrica de “Luzbelito y las sirenas”, la primera de 27 canciones a lo largo de poco más de dos horas de recital que también fue bajo la lluvia, que amagó con caer durante toda la tarde, pero que por fin decidió soltarse cuando el cantante de una calva cubierta de una gorra con orejeras le apuntó a todos diciendo “Luzbelito sabe que su destino es de soledad…”. La celebración del rock del país encarnada en el líder de aquella banda inclasificable que fue Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota empezaba a terminarse.

¿Qué decir de la música de un recital? Se supone que todo si se trata de cualquier recital, pero no cuando se trata de uno del Indio Solari. Lo que el sábado a la noche comenzó a las 21.50, en realidad ya había empezado mucho tiempo antes, cuando se supo el día en que el Indio Solari se presentaría un 14 de septiembre. O antes, cuando terminó el de Tandil, en diciembre de 2011. “¡Vamo’ loco! Hace dos años que esperamos esto!!!”.

La segunda descarga fue “El Templo de Momo”, en lo que fue un comienzo ricotero poco ortodoxo. Entonces el Indio habló: “Siento un vientito de frente que me congela la frente. Toleraron de todo”, les reconoció”. “Toleraron el frío extremo. Se los agradezco. Estoy muy emocionado”. Y en verdad lo estaba. ¿Cómo se verían 120 mil personas desde el escenario? Eso vio el Indio y fue demasiado fuerte, incluso para él. La tormenta se había desatado ya, sólo faltaba su banda de sonido, entonces sonó “Ceremonia dentro de la tormenta”, la primera de diez canciones pos Redondos que Los Fundamentalistas tocaron en la noche de los dos grados.

La presencia del Indio Solari fue una fiesta en todas partes y a toda hora. Es casi imposible trabajar sobre la seguridad de 120 mil personas todas juntas en un espacio tan amplio. Si se arma lío, se arma. Pero no es posible lío alguno. No se sabe por qué, pero no es posible. Es acaso una da las tantas cosas que no tiene explicación de todo esto, si es que algo tiene cómo ser explicado. La convivencia de todos fue absoluta. Los pibes excedidos y los señores con sus hijos. Todos en paz, cada uno a su manera. Hubo mil 200 policías conteniendo todo fuera del autódromo, y estuvo muy bien. Pero la mejor organización se la da el propio público a sí mismo. Una organización que sólo es posible vista desde dentro porque desde afuera parece que todo está por explotar.

Si alguien cree que se exagera cuando se habla de misa ricotera sepan esto: sólo Juan Pablo II pudo más que el Indio cuando en 1987, logró reunir en un mismo lugar, en Mendoza, a tanta gente. Aquella vez fueron más de 450 mil personas. Todos abrazaron el derrotero solista del Indio, pero todos están hambrientos de Redondos y el Indio, que sabe perfectamente eso, les da lo que quiere. “Todo preso es político”, “La hija del fletero”, “Pituca”, “Las aventuras del Capitán Buscapina”, “Gualicho”, “Yo, caníbal”, “Blues de la libertad”, “La murga de la Virgencita”, “Un ángel para tu soledad”, “Rock para el Negro Atila”, “Divina TV fuhrer”, “Mariposa Pontiac/Rock del País”, “El pibe de los astilleros”, y “Juguetes perdidos”, fueron el menú ricotero mechados por una decena tracks del Indio y sus Fundamentalistas del Aire Acondicionado, una banda que está a la altura de la reputación de su cantante. Así pasaron “Torito es muerto”, “El tesoro de los inocentes”, “Pabellón séptimo”, y “Flight 756”, entre las más destacadas.

Tres momentos en la noche. Uno de ellos: antes de tocar “To beef or not to beef” el Indio bajó línea por primera y única vez en la noche por fuera de su lírica. Destacó que a diferencia de tiempos no tan lejanos, cuando muchos se iban del país buscando mejores vidas, ahora el futuro mejor estaba acá, en este país. Sería, cuanto menos absurdo, acusarlo de artista K. 120 mil personas heladas, mojadas pero enfiestadas y felices desmienten cualquier acusación de ese tipo. Y en todo caso, el Indio Solari no es La Mancha de Rolando.

El otro momento fue “ JiJiJi”. Sólo dijo: “Esta vez sí vamos a hacer el pogo más grande del universo”. Y otra vez, 120 mil personas estaban allá abajo para garantizarlo. Y de verdad que lo fue. Tendrán que trabajar mucho las bandas para superar un pogo semejante, incluido el propio Solari.

Y el último de los momentos (no necesariamente cronológico): el Indio agradeció por enésima vez en la noche a la multitud por estar allí presente a pesar todo el frío y lluvia. Y dijo, con razón, que era el primer recital en la historia del rock argentino que se convocaba a semejante público entrada pagada mediante, porque gratis sería otra cosa. En cambio, a 300 pesos el ticket, hay que convocar a tamaña feligresía dispuesta a aportar tan oneroso diezmo.

Una rápida cuenta da que se recaudó una millonada y que gastos aparte, el cantante se llevó también su buena millonada. Pero, veámoslo de otro modo. El tipo lo hizo por fuera de las corporaciones y sin la necesidad de venderse a marca alguna. ¿Acaso no es la mejor promoción a la autogestión? Y si se lleva su parte, ¿no es de eso de lo que hablamos cuando hablamos de lo que el artista merece llevarse? Solari demuestra que la autogestión es posible y es un buen negocio. Claro, no todos los artistas son el Indio Solari. También es cierto que antes de ser el Indio, Solari fue Carlos Alberto. La autogestión es todo un trabajo tan intenso como placentero es recaudar millones y dejar afuera a las corporaciones.

La música terminó, pasada las 12 de la noche, con el pogo más grande del universo bajo el agua nieve. Pero la feligresía ricotera no se queda quieta. La fiesta de la próxima celebración ya empezó. La fecha vendrá después.


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