Ingenio & estética
MIRADA de especialista
Por Santiago Servente, arquitecto Producción: Le Mot soluciones de comunicación La extensión de nuestro territorio nos lleva muchas veces a pensar proyectos ubicados en lugares remotos y alejados, donde las construcciones necesitan ser acotadas en tiempo y en traslados de materiales. Es por esto que como arquitectos, comenzamos a buscar alternativas a la construcción tradicional. Ver una caja metálica y fría y pensar en que puede transformase en un espacio agradable y confortable para habitar, no es algo que todos pueden imaginar. Sin embargo, las viviendas y espacios construidos con contenedores son una tendencia que está siendo desarrollada por muchos arquitectos en diferentes lugares del mundo. Los contenedores son cajas de medidas variables construidas en acero corten, utilizadas para el transporte de distintos objetos y materiales. Su vida útil para el transporte internacional es de doce años y a partir de ese momento quedan en desuso, acumulándose millones de unidades en puertos y bodegas. Los contenedores son apilables, autoportantes y sirven como base de un sistema estructural de rápido montaje. Las medidas son variables pero las más usadas son de 2,44m x 2,60m de altura x 6 ó 12 metros de largo. Los valores se encuentran entre 2.500 y 5.000 dólares y dependen del estado en que se encuentre la caja, sus dimensiones, los proveedores y el transporte. Es importante saber que puede ser un sistema sismo resistente y de gran durabilidad. Los proyectos pueden pensarse para satisfacer las necesidades de una vivienda mínima o de lugares más amplios mediante la vinculación y conexión tanto en superficie como en altura de varias unidades. Partiendo de un módulo básico y que se repetirá. Empiezo a imaginar diferentes configuraciones finales de proyectos que dependerán de los revestimientos interiores y exteriores, las relaciones que establezca entre cada prisma y el paisaje donde se asienten los contenedores. El proyecto se convierte de repente en un juego que me entusiasma y apasiona. Y al ver las obras que se han desarrollado con este sistema me doy cuenta que a mis colegas les ha sucedido lo mismo. La casa de Marcio Kogan en Brasil juega con los colores vibrantes característicos de las construcciones en chapa en contraste con las superficies blancas y lisas de los interiores. Los contenedores se resaltan como piezas y a su vez crean algo nuevo y diferente que representa el concepto proyectual característico del estudio. Los usos que puedo albergar con este sistema son ilimitados, desde un mínimo módulo habitable, puesto en el jardín de mi casa para hospedar a quienes llegan de visita o como espacio de juego para mis hijos, hasta viviendas tanto familiares como multifamiliares, espacios educativos, de exposición, de salud, de ocio y negocios. La variedad es infinita. Otra ventaja sumamente interesante de este sistema es su fácil montaje y desmontaje, ideal para ser usado en arquitectura efímera y dinámica o que necesita ser desplazada a diferentes sitios, sin dejar una huella permanente en el paisaje. Una muestra de esto es el Centro Cultural Nómade creado por a77 para la fundación proa como muestra itinerante y flexible en Buenos Aires. Más allá de todas las posibilidades pienso que es un sistema que usado con ingenio y estética enlaza con una arquitectura de carácter sustentable, al darle un nuevo uso a objetos desechados, óptima para agilizar los tiempos iniciales de construcción, teniendo una superficie techada y cerrada desde el comienzo de la obra, ideal para obras alejadas o construidas en climas hostiles y también una fácil y rápida opción para realizar ampliaciones o integrar espacios a un edificio existente. Al recordar imágenes de puertos, llenos de coloridas cajas de chapa apiladas como legos, me vienen a la mente nuevas formas de habitarlas y darles una nueva vida. estudio@slarquitectos.com.ar www.serventelarrazabalarquitectos.com Fotos: Estudio A77 – www.centroculturalnomade.blogspot.com
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