Interminable crisis

Se termina el año y el Alto Valle está a las puertas del inicio de otra temporada de cosecha con una fruticultura que nuevamente da señales de un agravamiento de su crisis estructural, ante la pasividad de buena parte de la dirigencia política.

El miércoles pasado, la Federación de Productores señaló al gobierno provincial la necesidad de un subsidio de 1,50 pesos por kilo de fruta para poder realizar la cosecha, dados los problemas de rentabilidad que afectan a la mayoría de los chacareros. En una reunión mantenida con el gobernador Weretilneck, la entidad estimó que serían necesarios entre 400 y 500 millones de pesos para afrontar la medida. El gobierno provincial la considera de compleja implementación, dadas las restricciones presupuestarias que afrontan tanto la provincia como Nación, y se comprometió a estudiar el tema en una nueva “mesa de diálogo” y a gestionar una reunión “urgente” con el ministro de Producción de Nación, Dante Sica.

Con el calendario de cosecha ya definido, la incertidumbre gana terreno en el sector y aviva las pujas sectoriales. Hace pocos días, los exportadores de fruta señalaron que tendrán pérdidas por unos diez millones de dólares por sus ventas a Rusia, pese a que las exportaciones a ese mercado aumentaron un 35%. La explicación de los empresarios es que las ventas a ese destino se concretan a pesar de los malos precios ofrecidos ya que, ante la falta de créditos para el sector, es una de las pocas formas que tienen las firmas para financiar la actividad. Además, se trata de un mercado que recibe la fruta de baja calidad y difícil de defender en otros destinos. Para el titular de la Federación que agrupa a los chacareros, el anuncio empresario es una puesta en escena ya que “rematan la pera en Rusia para financiarse, total en el precio final las pérdidas son de los productores”, y señaló que el objetivo del anuncio es bajar las expectativas de los chacareros para que acepten los bajos precios que se pagarán.

En este marco de malestar general, la fruticultura del Alto Valle sigue sin respuestas para su principal problema, que es la falta de competitividad ante otros países productores como Chile, Sudáfrica o Nueva Zelanda, que han realizado grandes progresos en ganar mercados, apoyados por políticas públicas activas, coherentes y estables por parte de sus gobiernos. Sus productores hoy ganan el doble o el triple de lo que obtiene un chacarero local.

A pesar de que la reciente devaluación mejoró las perspectivas para las exportaciones, no es suficiente para sacar del pozo a una actividad que viene deteriorándose desde hace décadas. Los costos siguen siendo elevados respecto de los competidores y eso ha llevado a que hoy, en el mercado de la manzana, apenas el 16% se oriente a la exportación a mercados que ofrecen los mejores precios. Desde el 2008, según cifras oficiales, se han dejado de cosechar 12.500 hectáreas de esta fruta en el Alto Valle, la mayoría por parte de pequeños y medianos productores que han debido abandonar la actividad. Unas 3.600 están totalmente abandonadas y se consideran “irrecuperables” para la actividad. De haber estado en cualquier otro país competidor de Argentina en el Hemisferio Sur, estas hectáreas podrían haber generado ingresos por más de 200 millones de dólares. Más de 400 productores dejaron la actividad en diez años. El abandono de las tierras por parte de los hijos ha generado un envejecimiento de quienes realizan la actividad: hoy el 75% de los chacareros tiene más de 48 años y su acceso y uso de las nuevas tecnologías para la actividad es limitado.

En medio de este duro panorama, las respuestas dirigenciales son escasas, tardías y descoordinadas. Se suman los diagnósticos y los paliativos de corto plazo, que sólo postergarán los problemas hasta la próxima cosecha. Los precandidatos a gobernadores y legisladores preparan intensamente los comicios de 2019, sin debatir propuestas concretas para mejorar la actividad. Mientras, entusiastas municipios organizan onerosas fiestas para celebrar la fruticultura, centradas en números musicales, donde la realidad de la producción estará escasamente representada.

Editorial


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