Ir por todo

Por Redacción

Siempre se tomó en solfa el dicho, pero el “todo tiene que ver con todo” adquiere en estos tiempos de tranversalidad informativa, y más que nunca en estos últimos tan vertiginosos del cristinismo, vigencia plena. La popular frase permite discernir varias cosas en cuanto a la dinámica que hoy ha tomado la situación política en la Argentina y la pasión de gobierno por tener abiertos tantos frentes como se pueda. Una primera lectura de su pasión por el protagonismo puede hacer pensar que tiene la esperanza de que la diversidad de temas tan conflictivos como los que ha volcado sobre la sociedad diluya las graves denuncias de corrupción que lo circundan. Pero, además de esa situación concreta, hay una conclusión de fondo que surge de la observación del escenario ya que, aunque el oficialismo lance bombas de humo, disfrace el discurso y busque la manera de enmendar errores, lo está haciendo con método y después de haberlo anunciado. El que avisa no traiciona: va “por todo”. Y como necesita ir “por todo” ya, porque se le vienen encima los tiempos electorales, le muestra a la sociedad que mantiene intacta la iniciativa, aunque cada vez corre mayores riesgos de cocinarse en su propia salsa. Tal como están las cosas, una figura puede ayudar a interpretar la situación, la de cinco haces de luces que se cruzan alocadamente sobre la pista del circo y que representan los temas que hoy conforman la masa crítica de aquello que le atañe al gobierno: el dólar paralelo, el blanqueo de divisas, el caso Lázaro Báez, la Justicia y, ahora, la expropiación de Papel Prensa. En ese movimiento permanente, las posibilidades son interminables y, quizás por eso, hay especulaciones de todos los colores. ¿Por qué se lanza un blanqueo a riesgo de hacer de la Argentina un paraíso fiscal y de recibir tirones de oreja de todo el mundo?; ¿para calmar el mercado cambiario o para darle una mano a los amigos? ¿Para qué sale el Cedin?; ¿para admitir que la pesificación fue un fracaso que destruyó el mercado inmobiliario o para emitir un sucedáneo de los dólares que todos quieren, cual si fueran cheques de viajero y calmar al cada día más popular blue? ¿Por qué se avanza sobre la Justicia?; ¿para poner jueces amigos y zafar de acusaciones de ilícitos únicamente o para terminar con la división de poderes que marca la Constitución y controlar todo de modo hegemónico? Y otros se preguntan: ¿no será que se hacen desaparecer las cautelares contra el Estado para tener las manos libres si en el futuro se decide ampliar la “exteriorización” de bienes a quienes no se presenten ahora o para intervenir empresas enemigas del gobierno? Y peor aún: ¿la expropiación de Papel Prensa y la imposibilidad de frenar el avance con un amparo no son parte de su plan de monopolizar la palabra y atacar la libertad de expresión, evitando denuncias odiosas que pongan en evidencia ramificaciones con lo más alto del poder? Éstos y muchos otros interrogantes muestran cómo le ha pegado al oficialismo la situación de desgaste que se ha autoinfligido por seguir a rajatabla un programa económico que, más por malsano que por heterodoxo, puede transformarse en el factótum de su propia lápida. (*) Director periodístico de DyN

HUGO GRIMALDI (*)