Irene Bresler ganó la elección de Bariloche del '39
El resultado de la votación que eligió por primera vez a la joven más bella de la región del Nahuel Huapi se conoció al desatarse la Segunda Guerra Mundial. Era nieta de un destacado guerrero bóer.
FRANCISCO N. JUAREZ
fnjuarez@sion.com
acía rato que la familia del viejo comandante Daniel Martín Bresler, cabeza de la colonización bóer en la región del lago Lacar a partir de 1904 y para la cual el gobierno nacional reservó una superficie de 132.280 hectáreas andinas, había dejado su casi fronteriza estancia Quechuquina.
Su viuda y parte de su prole que incluía nietos y nietas- vivían en Bariloche. La fama del ya desaparecido guerrero, ayudante del general Cristian Rodolfo De Wet que combatió con guerrillas a las tropas inglesas invasoras de Sudáfrica al despuntar el siglo XX, ya se había eclipsado cuando dos de las nietas de Bresler, Irene y Violeta, comenzaron a ser tímidamente votadas en Bariloche en el concurso para elegir a la primera Miss Bariloche en el invierno de 1939.
El concurso lo organizó el semanario barilochense La Voz Andina (LVA) con los votos remitidos por sus lectores a partir del 1ª de julio de 1939. En la primera semana Violeta Bresler obtuvo apenas dos votos. A Irene le fue peor: sólo un voto.
Todos los sábados, la publicación proponía votar en un cupón impreso al pié de la bases del concurso que finalizaba a fin de mes. Pero el sábado 27 de julio LVA anunció en tapa que el concurso se prolongaba. Con esa decisión, todos los votos recibidos en la redacción de periódico hasta el jueves 31 de agosto, decidirían quién ocuparía el trono.
De haberse cumplido el primer plazo, lo único que verificaron las bellas Bresler es que fue Irene la que conmovió más a los varones de la región. Había sumado 51 votos contra 9 de Violeta, pero de las 26 votadas hubiera ganado Nelly Boock con la friolera de 823 votos.
Los vecinos de la todavía aldea que era el Bariloche de entonces, tuvieron justificativos para ocuparse de pasatiempos y banalidades. El verano anterior había registrado un récord de turistas que incluía a tres mil llegados en automóvil cuando todavía los caminos eran precarios. También se habían anunciado dos vuelos de Junkers para ese invierno con turistas esquiadores para arribar por primera vez en temporada invernal.
Se piden bomberos
En los primeros días de julio, la Municipalidad presidida por el Dr. Víctor C. Gonella, decidió crear un cuerpo de bomberos voluntarios y difundió la apertura de un re
gistro para los se decidieran incorporarse solidariamente. La medida fue oportuna pero la organización no iba a estar lista cuando el 25 de octubre siguiente un incendio devoró al primer hotel Llao-Llao de madera.
Se anunciaba el concurso de billar en el bar Touring Club y otro de truco en el hotel Miranda. Acababa de conectarse el servicio de aguas corrientes al hospital regional, se propiciaba la creación de un cuerpo de boy-scout y el plan ideado por el ingeniero Domingo Pronsato para erigir una Casa del Artista en Bariloche para pintores paisajistas, marchaba sobre rieles.
La nieve cayó tardía y los vuelos prometidos para ese invierno debieron postergarse, aunque finalmente aterrizaron.
Fue la inminencia de una guerra en Europa lo que ensombreció el panorama, y aunque el semanario local iba casi a omitir referirse al conflicto absteniéndose de dar noticias internacionales durante toda la contienda, el tema bélico estaba en toda charla de café o en reuniones sociales. En los pocos hogares poseedores de una radio Philips que distribuía la casa de artículos eléctricos de Luis D. Peirano, se seguían las noticias por onda corta.
Es cierto que en ese pacifico, bello y apartado rincón de la cordillera patagónica abundaban los suizos, eternos neutrales en todo conflicto, pero el martes 1º de agosto, cuando se cumplió el 648º aniversario de la emancipación de su país, un suizo andaba a los tiros junto al lago. Es que Ernesto Schumacher hijo, esquiador lugareño de verdadera raíz helvética, no sólo anduvo a los tiros sino que lo hizo con la puntería suficiente como para ganarse el concurso General Villegas disparando a un blanco a 200 metros (el también esquiador Otto Jung salió cuarto).
Esa misma noche, toda la colectividad se reunió en el Hotel Suizo para la cena y baile conmemorativo y del que fue anfitrión el propio hotelero Fritz Röthlisberger, también presidente del Club Suizo local.
Aunque se bailó hasta el amanecer y había alegres novedades sociales (dos semanas antes nació Adelina Zoraida, hija de la señora Schutz, esposa del secretario del Club Suizo Pablo Schaffner) el discurso del hotelero avaló el cariño a su segunda patria pero «en un momento en que una ola de confusión se cierne sobre el mundo, en que las virtudes de los hombres, tolerancia, desinterés y abnegación, parecen acallarse…»
El sábado 12 de agosto, La Voz Andina dedicó su tapa a desvirtuar rumores que pretendían desprestigiar a la administración y profesionales del hospital regional y a la vez atacar el mal estado de la calles del municipio «especialmente la de acceso a la estación..Bartolomé Mitre y Eduardo O'Connor». Pero lo que sorprendió a los vecinos fue el gran cambio en los cómputos de la elección para Miss Bariloche: Irene Bresler había alcanzado la cuarta ubicación con 157 votos aunque lejos todavía de Nelly Boock que permanecía casi congelada en el tope con 830 votos. Parecía inalcanzable.
Triunfo al estallar la guerra
En la misma edición se elogiaba al recién llegado fotógrafo Modesto Fernández Seijo que se vanagloriaba de que sus fotos eran publicadas por La Nación, El Mundo, Caras y Caretas, El Hogar y Mundo Argentino, además que, como cameraman, rescataría imágenes bucólicas del Parque Nacional para el noticiero Sucesos Argentinos.
Una semana después se computaban 510 votos para Irene Bresler, pero un aluvión de votos arribados al 31 de agosto, cierre de todos los sufragios, llevó a la nieta del comandante bóer al primer puesto de la co
ronación con 1386 votos, seguida de Nelly Boock con 1016 y Matilde Capraro con 354.
El resultado se publicó el sábado 9 de setiembre, pero ya se había puesto en marcha la Segunda Guerra, y la coronación, baile, premios, fotografías y publicaciones prometidas se esfumaron como por encanto.
El sábado 16 el periódico transcribió un telegrama de la embajada británica en Buenos Aires a los medios de difusión de todo el país fechado el 3 de setiembre. Decía: «Gran Bretaña está en Guerra con Alemania. El gobierno de Su Majestad Británica agotó todos los medios pacíficos de allanar las diferencias, y ahora desenvaina la espada con la conciencia tranquila. El pueblo británico se bate en defensa de una nación mas pequeña que ha sido víctima de la agresión no provocada de un poderoso vecino. El Gobierno de su Majestad Británica empeñó su promesa de defender la integridad de Polonia y ahora se dispone a cumplir esa palabra» porque quería «poner coto a los métodos brutales de la política internacional sustentada por Herr Hitler, que de no ser frenados, resultaría en la dominación del mundo entero por Alemania».
El telegrama se extendía en otras consideraciones, pero aclaraba que no estaban en querella con el pueblo alemán. También en la primera página por esta excepcional vez, se transcribió lo que por onda corta se escuchó del premier francés Eduardo Deladier: que Hitler quiso la guerra.
La desazón de Irene Bresler aumentó en esos días. Es que su abuela, Catherina Wilhemina Zoutendy de Bresler enfermó. Rondaba los 73 años y le pesaban varios episodios de su vida desde que se enamoró en la colonia del Cabo (Sudáfrica) del maestro y luego guerrero Daniel Martín Bresler. Se habían casado en la paradisíaca Stellenbosch, no lejos de la Table Mountain. Allí vivieron hasta que nacieron los hijos -5 varones y una mujer, Cora- hasta que la guerra anglo-bóer los llevó por varios padecimientos.
Seguramente repasó postrada todos los sacrificios colonizadores que con marido e hijos llevaron a las orillas de lago Lacar desde 1904. Ella misma había luchado por esas tierras con presentaciones ante el Ministerio de Agricultura por la que consideraba una desidia del los inspectores, en especial de Burmeister. La vieja luchadora agotaba su vida. La nieta no iba a tener la publicación de su foto prometida por LVA, Caras y Caretas y Cine Argentino- como la más bella de la región de Nahuel Huapi: el mismo día que se publicó el resultado que la coronaba, La Voz Andina ilustró la página central con las hijas del gobernador rionegrino Adalberto T. Pagano en paseo por el lago a bordo del Modesta Victoria.
(Continuará)
Registrate gratis
Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento
Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora