Isidoro Kantor: el “doctor del pueblo” le dijo adiós a la medicina en Allen

Ayer cerró su consultorio. Trabajó en el hospital e integró el equipo de profesionales del Sanatorio. En reconocimiento a su trayectoria, fue declarado como “ciudadano ilustre”.



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Fotos: Mario Villasuso.

Isidoro atendió la última consulta y cerró para siempre la puerta de su lugar en mundo, el del consultorio de la calle San Martín de Allen que cada tarde mostraba la postal de decenas de grandes y niños en la sala de espera o aguardando en la vereda para ser atendidos.

Después, salió y se encontró con el gesto más hermoso de la despedida. Sus pacientes, de varias generaciones que pusieron su salud en sus manos, lo esperaban para darle una enorme dosis de gratitud.

Transmisión vía Facebook | Mario Villasuso

“Merecido descanso, doctor”, le dijo una mujer entre las góndolas del supermercado y le dio un abrazo que no olvidará. Isidoro Kantor dejó el viernes por la tarde el ejercicio de la medicina, esa noble profesión que puso al servicio de miles de personas durante más de medio siglo.

A los 82 años de edad y luego de haber analizado la decisión en más de una oportunidad junto a su compañera de toda la vida, “Pupe”, finalmente la balanza se inclinó hacia un lado. Y cargado de emociones, pero con la seguridad del deber cumplido, colgó la chaqueta y el estetoscopio para abrir – como asegura – una nueva etapa.

En las redes sociales cientos de comentarios despidieron al médico del pueblo, al amigo de la vida, a ese hombre flaco y de impecable guardapolvo, siempre enérgico y predispuesto a entregar en cada consulta un pedazo de su sabiduría para calmar una dolencia o dar el mejor consejo médico.

“Fue algo que nunca voy a olvidar. Con Pupe lloramos como desgraciados. Mucha emoción. Demasiada”, dijo el doctor Kantor al hablar de la despedida que le prepararon sus pacientes, el viernes al caer la tarde cuando le dijo adiós a su consultorio. José Rubio Espinoza, un trabajador rural, fue el último paciente.

“Doctor, mi hijo está vivo gracias a usted”, le agradeció un hombre en la vereda del consultorio, entre abrazos y algunas lágrimas. “Doctor en una oportunidad vine con mi hija que estaba mal, teníamos que derivarla, no teníamos plata y usted metió la mano en el bolsillo, sacó dinero y nos ayudó”, le recordó emocionada otra mujer.

“Fue una etapa cumplida. Todo lo que hemos sembrado en los 52 años de trabajo fueron buenas semillas y hoy estamos viendo los frutos. Y tenemos el placer de ir caminando por la calle y en cada vereda, siempre uno viene a darte un beso o un abrazo. Felizmente todos me dicen lo mismo, merecido descanso”, expresó el médico en diálogo con este diario.

Kantor, de traje y corbata, con su copa en alto, en el Hotel Mayorca. Allen, década del ‘60 – Foto: proyectoallen.com.ar

“A pesar de que cierro el consultorio, no creo que me quede quieto. Algo voy a hacer. Y seguro me voy a poner a ayudar a alguien que precise una mano. Uno siempre tuvo una personalidad inquieta. Por ahora estoy en Allen y mañana le pregunto a Dios porque me siento protegido. Asi que ahora tomo mates, comparto un vino y un asado con los amigos cada vez que sea necesario. Hoy tengo 82, estoy analizando qué voy a hacer cuando sea mayor de edad”, dijo y sonrió.

Isidoro Kantor se crió en un conventillo de Almagro, donde había muchas habitaciones y un solo baño. A los 12 empezó a trabajar como obrero metalúrgico. Quería ayudar a llevar la comida a la mesa porque la fábrica de golosinas que empleaba a su padre había bajado las persianas.

Su madre forraba tapados para salir adelante. Pasó noches en vela estudiando en la cocina cuando todos dormían. Después del trabajo y con lo que le quedaba de energías, conjugaba la madrugada con los libros, la pipa y los mates.

Más de una vez el alba lo sorprendió dormido sobre las hojas y los apuntes. Se recibió de médico en la UBA y la vida lo trajo a estos pagos, donde se enamoró perdidamente de “Pupe”, formó su familia y cosechó grandes amistades.

Junto al mural que el artista Chelo Candia pintó junto a su consultorio. Foto: http://perfilesespinosa.blogspot.com.ar


CIUDADANO ILUSTRE

El médico pediatra Isidoro Kantor (79) fue declarado ciudadano ilustre por el Concejo Deliberante de Allen. En un emotivo acto los ediles le concedieron esa distinción y Kantor, que supo convertirse en uno de los médicos más queridos y respetados de la ciudad, agradeció a toda la comunidad y se mostró feliz por el reconocimiento.

“Cuando entro al consultorio yo no trabajo. Hago algo que me gusta, me apasiona y para mi es un placer servir a esta comunidad que adopté, como adopté a algunos amigos que son hermanos del corazón. Si me emociono, no se molesten”. De esa manera Isidoro Kantor abrió su discurso que escribió para agradecer en el Concejo Deliberante la declaración de ciudadano ilustre que le concedió el cuerpo legislativo en la última sesión ordinaria.

Ante un auditorio que lo escuchó con atención y lo aplaudió en cada momento, Kantor contó cómo fue que llegó a Allen proveniente del barrio de Almagro, Buenos Aires, cuando era un joven profesional, cómo construyó su familia, forjó amistades y generó con sus pacientes un fuerte lazo que aún mantiene intacto.

“A mis casi 80 años no me arrepiento ni me quejo de envejecer, ya que es un privilegio que se les niega a muchos. Recibir este reconocimiento tan cariñoso de parte de los representantes de mi ciudad hace realidad las ilusiones que hace 50 años bajaron conmigo del tren, llenando un valija de cartón y mi corazón. En mi casa aún conservamos esa valija como un símbolo para no olvidar nunca cómo y por qué llegué aquí”, expresó el querido médico.

El 15 julio Kantor cumplirá 80 años. Cada tarde sigue abriendo las puertas de su consultorio de la calle San Martín con el mismo entusiasmo, compromiso y energía que trajo en su valija de cartón cuando llegó a Allen para no irse nunca más, un 15 de abril de 1965.


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