Javier Malosetti, el perseguidor privilegiado
Tres shows brindará en la región este músico que supo acompañar a Spinetta. Ahora, con su cuarteto JM4, estará en Roca, Bariloche y Cipolletti.
Claudio Andrade
candrade@rionegro.com.ar
La escena es del todo improbable pero ocurre en un set de televisión: Un gaucho estrambótico, interpretado por Alfredo Casero, de pelo largo y ensortijado, recita un monólogo que lo une a la soledad del campo, a gestas bélicas de dudosa honorabilidad y, en definitiva, al propio delirio que el actor puede otorgarle a cualquier texto teatral. Junto a él, Javier Malosetti, uno de los más virtuosos intrumentistas que tiene la Argentina desde hace años. Sólo comparable con Pedro Aznar. Malosetti hace una cosa fantástica mientras Casero, como es habitual en él, se desborda por los rincones del planeta. Ejecuta una milonga a la que va poblando con yeites de jazz. Al final, la voz del gaucho imposible se entrelaza con la guitarra cósmica de este, en verdad, perfecto bajista.
La situación, en más de un sentido, representa el carácter, el tono, de la carrera que ha venido desarrollando Malosetti desde sus inicios. Al músico nada le está vedado y, para tropelías como las que ha protagonizado con Casero, humor no le falta. Uno recuerda cómo y cuánto se reía Malosetti durante esas zapadas maratónicas de la Halibour Fiberglass Sereneiders que lideraba en los 90 el creador de “Cha Cha Cha”.
Malosetti es un gran músico sesionista pero también un ejecutante individual de enorme talento. El alcance de sus capacidades como intérprete y compositor quedó revelado desde el primer instante con el disco de 1993 que lleva su nombre. Y se prolongó hasta hoy pasando por “Onyx”, “Electrohope”, entre otros. La apertura y la búsqueda son dos conceptos que nutren su obra. Incluso ha llegado a reconocer que le cuesta controlar ese impulso de querer abarcarlo todo en un mismo disco. La lista es puramente ilustrativa pero refleja los colores de su deseo. Malosetti tocó junto al “Flaco” Spinetta por un plazo de 8 años, también con Lito Vitale, el bandoneonista Dino Saluzzi, Jaime Ross, Rubén rada, Jim Hall y tantísimos otros. En cada una de sus intervenciones, como en cada una de sus facetas, y aun tratándose de la obra de otro, es posible rescatar lo más auténtico de Malosetti, lo que puede definirse como riqueza de estilo. Hablando del trabajo con Spinetta, de quien llegó a ser amigo, dijo en una ocasión: “A veces uno cree que Luis se junta con buenos músicos para que le terminen de cerrar los temas. Dicen: “compone así porque en realidad tiene al Mono Fontana”, o yo estoy en el bajo… no sé. Y no es así ni en pedo, la cosa viene así de fábrica. Y uno hace nada más que interpretar y tratar de poner lo mejor de uno, sin desvirtuar la idea principal”.
Malosetti es efectivamente un músico de jazz pero, al mismo tiempo, un interprete de una fuerte impronta funk rock –esto explica su última participación, por ejemplo, en el Rock BA 2013– una característica que lo acerca a las nuevas generaciones del mismo modo en que lo aleja de los jazzeros más puristas. Uno de los aspectos más interesantes de su música –eternamente joven como lo son sus esencias el jazz, el funk, el rock, el blues– es su capacidad para mutar y mixturarse sin llegar o sin tocar muy en serio las puertas de la fusión. Cualquiera podría identificarlo como un músico de jazz rock pero jamás podremos decir que se ha subido a la corriente de la World Music.
Malosetti definitivamente no encuadra como un fino cultor de la música latinoamericana en clave de jazz. Es un músico universal, gracias al jazz, pero también un creador individual, único, debido a su cuna -hijo del legendario Walter Malosetti- y al lugar de su nacimiento. Es un “perseguidor”, al estilo del famoso personaje de Julio Cortazar, pero un perseguidor privilegiado. Un músico con la capacidad de ejecutar la obra de los seres que admira. “Y a mí me encanta tocar la música de otros, porque soy músico más de jazz originalmente. Y el músico de jazz es más común tocar música del mundo, de alguien, los standares, y mecharla con tu propia composición”, dijo alguna vez
Por supuesto, aunque el público siempre espera de él su sólo fatal y eléctrico, la ráfaga de sabiduría y bourbon, que todo lo enmudece, su formación le permite ir hacia los confines de los mapas del género que decida encarar.
Claudio Andrade
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