Joey Montana le pone ritmo a la Fiesta de la Confluencia
Hace tiempo que le apostó todo a la música, pero el tema “Picky” le dio popularidad en Iberoamérica, y hoy estará en la Fiesta de la Confluencia en Neuquén.
Joey Montana le pone ritmo a la Fiesta de la Confluencia
Joey Montana, en sus documentos Edgardo Antonio Miranda Beiro (34), es de Boquete Frío, a media hora de Boquete, provincia de Chiriquí, centro oeste de Panamá. De un valle rodeado de montañas y atravesado por el río Caldera, cerca de la frontera con Costa Rica. Dedicado al reggaetón, reggae en español, balada, bachata y romantic flow, a los 24 años ya había entrado al mercado musical de República Dominicana, Colombia, Venezuela, España, Guatemala, Costa Rica, México e Inglaterra.
En el 2000 integró La Factoría con Marlene Romero y Johanna Mendoza Romero, que vendió alrededor de 100 mil discos, fue nominado “Grupo del Año” para los premios OYE, giró cuatro meses por Colombia y se presentó en el “Acafest” de Acapulco, y el “Concierto EXA” en el Auditorio Nacional de Ciudad de México junto a Thalía, Paulina Rubio, Aleks Syntek y Cristian Castro… Pero, abandonó el grupo para continuar como solista, Joey lo explica en el encuentro con Río Negro. A su primer álbum “Sin cadenas” (2007), le siguieron “Nueva era” (2009), “Flow con clase” (2010), “Único” (2012), “Picky back to the roots” (2016).
“La mía es una historia de dieciséis años ya. Nunca había salido de mi pueblito cafetalero que hoy tiene poco más de veinte mil habitantes, tierras altas donde se dan mucho las legumbres. Yo me crié en eso y allí no hay cabida para música. Los papás instruyen para que los sigas en la finca…. Trabajé desde muy pequeño, mi padre me hacía ganarme las cosas. Fue una infancia muy linda porque no había malicia ni bandas por las calles. Sigue siendo así donde vive mi familia. Usualmente, todos los artistas de Panamá salen de la capital”, explicó el cantante.
P- ¿Cómo comenzaste con la música?
R- A mí siempre me gustó la música, crecí escuchándola y aprendí canciones de rap, hip hop, pero no pensé dedicarme a eso desde un pueblito como Boquete. Me fui a estudiar fisioterapia a la capital y seguí escuchando reggae en el radio. Con mis amigos me ponía a cantar alguna tontería, pero muy novato, muy de escucharme en la esquina, tirando alguna cosa. Un día que tenía dos horas libres, estaba en mi cuarto año, haciendo ya práctica hospitalaria, fui a unas audiciones porque me quedaba cerca y quedé seleccionado para el grupo La Factoría. Los temas que grabé ese día se fueron pegando en Colombia, Venezuela. Empezamos a viajar, pedía permiso a mi papá diciéndole que había terminado mi carrera (2003) y antes de ejercer, no quería perder la oportunidad de visitar otros países, aunque sea durante un año…
Decidí salirme del grupo porque no estaba contento con lo que ganaba, cuando se tiene un manager ya no hay acceso a lo que se recauda, a las regalías. Y continuar en la música… Estuve más o menos dos años en Houston, aprendí inglés. Estaba sonando el reggaeton “La gasolina”, pero yo quería algo con un poco más de letra, que fuera romántico y hago un demo que me firma Sony para Colombia. Mi antigua productora me demanda, que no podía hacer nada con una disquera sin su autorización. Fue un bajón porque debí regresar a mi casa.
P- Tu papá sacó una hipoteca para que pudieras desprenderte de ese contrato. ¿Fue así?
R- Correcto. Hipotecó la cosecha por un año. Con lo que me dio, yo cubría parte de la demanda, entonces negocié pagarla poco a poco. Era eso o firmar con ellos otra vez por el 50% de todo lo que hiciera durante cinco años más. No me pareció justo. Pedirle eso a mi padre fue difícil, de modo que cuando me prestó ese dinero, me dijo ¿crees que esto funcione? ¡Sí papá! Entonces, tenía aún más compromiso conmigo mismo para demostrar que podía. Bueno, volví a la finca porque como mi papá no iba a ver un centavo de la cosecha, yo no tenía para decirle que la levantara solo mientras hacía música. De lunes a viernes trabajaba en el campo, a cinco horas y media de Boquete. Viajaba allí los sábados y domingos para grabar una producción nueva.
Fue lo mejor… De ahí empecé a trabajar solo en Panamá, luego en el resto de Centroamérica, logré firmar con Capitol Records que es EMI en Estados Unidos; saqué “La melodía”, Mejor Canción del Año en ese país, gané un par de premios y me empezaron a conocer en el mundo. Mi primer álbum se llamó “Flow con clase” y marqué algo distinto de lo que había en ese momento (2010), música tropical urbana con letra romántica y ahora que voy a estar en concierto en LA Argentina, la gente sabrá de ese tema.
Cuando saco “Picky back to the roots”, me posiciono global. Estuve en Rumania, en La Coruña, en Madrid, Toledo. “Picky” me abrió las puertas con Disco de Diamante, Artista del Año en Méjico, en Argentina fue un fenómeno y hasta lo bailó (Juan Martín) Del Potro. En total fueron dieciséis años y ahora estoy sintiendo los frutos, pero continúo trabajando mucho porque cada día supone un reto nuevo. Seguir haciendo buena música hasta encontrar otro “Picky”, lleva su tiempo. Estoy preparando el siguiente disco, “La movida”, cuyo primer simple saldrá el 1 de abril. El 14 de febrero salgo con otro tema en las redes sociales sobre las personas que no están enamoradas. Hago de todo. Sigo sacando mucha música porque quiero bombardear las redes, las radios, discotecas.

P- Para bailar y no pensar en la letra.
R- Sí. La que sale en febrero tiene contenido. Si tu escuchas “Picky” no lo tiene mucho… Ahorita mismo acabo de sacar, como compositor, el nuevo sencillo de Luis Coronel, un cantante regional mejicano que hace un género que no entendemos en Centroamérica y el Caribe, pero produce numerosas regalías porque suena mucho en radio, tiene mucha inversión. Se llama “Dime qué se siente” una canción que le compuse a mi esposa, el día de la boda. “Picky” es una de mis composiciones más difíciles de hacer porque aunque no tiene contenido, hay que buscarle la vuelta para que tenga algo de historia y la gente se enganche.
P- ¡Qué raros disparos generó ese tema! Saliste de un pequeño pueblo de campo y ya has estado en Rumania, EEUU, Madrid, ahora llegás a Neuquén en Argentina, algo impensado cuando andabas en el cafetal de tu padre…
R- ¡Imagínate! Cuando estaba en la finca y abonaba la tierra de los cafetos, si alguien preguntaba que de allí saldría el autor de una canción que ha recorrido el mundo, la respuesta es no. No pasaba ni sucede ahora. En Ciudad de Panamá sí es posible, se escucha de todo, hay muchos eventos e influencias. Gracias a Dios se me dio porque tuve la oportunidad en los momentos correctos. El talento es importante, pero más lo son las ganas. Yo no me imaginaba escribiéndole una canción a Thalía y ya voy para la segunda; ni componiendo para Paulina Rubio… Ya tengo pedidos de disqueras para otros artistas.
Hay veces que me pregunto de dónde salen mis melodías, compongo tal tema y me sorprendo al escucharlo. ¿Cómo salió “Dime qué se siente”, si yo no toco un solo instrumento? Lo mío es urbano pero puedo escribir balada. En mi familia no hay músicos, nadie estaba metido en eso, tampoco escuchaba en la casa, así que el destino me puso delante y tomé la oportunidad. Irme de “La Factoría” fue la mejor decisión a la larga. Al principio, no tenía para vivir en Houston, me quedaba en casa de gentes desconocidas que me dieron cabida, fueron buenas personas y me apoyaron en esos momentos. Mi crianza de pueblo me permitió no meterme en cosas malas, era muy estricto mi papá en ese aspecto… Ahora estoy con Universal Music, soy el único centroamericano que trabaja esta compañía y el grupo aquel ya no existe.
P- Cuando regresás a Boquete y charlás con tu padre en la finca, qué piensa del recorrido que has hecho?
R- Está orgulloso. Mi mamá también. Cuando tenía que llamar a mi productor, ella me prestaba una tarjeta porque no tenía cara para pedirle dinero a mi papá. Ellos vieron todo el proceso, lo difícil que fue para mí. Lo que él me dice siempre es que invierta. Ahora tenemos una finca de ganado a la que voy poco porque “Picky” cambió mi vida. Viajo mucho y acaso paso un día en Panamá. Ahorita me mudo tres meses a Miami para componer. Pero, cuando tengo tiempo, me voy con él a la finca y en el camino hablamos… Siempre está preocupado porque cuide el dinero, que haga las cosas bien, pues. Estoy rodeado de gente que yoquiero, no de lo que me imponen, incluso –después de lo que he pasado- estoy encima de todos mis contratos. Es una carrera efímera, me dice y lo sé. La música no es como un doctor que puede operar hasta los sesenta, setenta años. Yo lo entiendo y trabajo más fuerte porque esto pasa muy rápido. Después de que ya no haga música, me veo componiendo para otros artistas.
P- Tu manager de conciertos te propuso una presentación en Neuquén, ¿qué pensaste y por qué dijiste sí?
R- (Sonríe Joey con picardía). Yo digo sí a todo lo que me paguen. Aprovecho todo y más si es la Argentina. Es un país que quiero conocer porque soy fanático del fútbol, de Maradona, el más grande, de Messi. Cuando visité España, fui a ver la final de la Copa del Rey, estuve en el palco presidencial del Estadio Vicente Calderón de Madrid. Vi a Lionel aunque sea de lejos y me han prometido conocerlo personalmente cuando vaya a Barcelona. Seguí a la selección de tu país en el Mundial porque Panamá no lo ha jugado nunca. Cuando me dijeron Argentina, me puse muy feliz y cuando me precisaron que iría a la Fiesta de la Confluencia en Neuquén, lo primero que hice fue googlear esa palabra que jamás había escuchado antes. Yo estoy súper contento de poder conocer esa ciudad. Son oportunidades que da la música, que aprovecho y agradezco…
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