Judith del Pino, el teatro como una acción colectiva

Directora, dramaturga y actriz, su obra “Una flor, una mujer, una voz”, una historia poderosa contada y cantada por mujeres fue seleccionada para representar a Neuquén en la Fiesta Nacional.



P- En diez palabras (más o menos), ¿quién es Judith del Pino?

R- Alguna vez, en un taller de dramaturgia, me definí como “una negra de mierda”, llevaría más de diez palabras explicarlo. Soy una mujer que hace teatro, enseña, canta, materna y se vincula con mucha intensidad.

P- El teatro y vos, ¿quién se cruzó primero en el camino de quién?

R- El teatro se cruzó conmigo. Tenía 18 años, acababa de morir mi padre y una amiga me invito a hacer un taller para levantarme un poco. Ella fue sólo una vez, yo no lo deje nunca. Al teatro, no al taller.

P- ¿Por qué nunca más lo dejaste ?

R- Había algo ahí para mi, la respuesta a esa pregunta se va resignificando a lo largo de mi vida. Primero, fue un salir de mí. Luego, conjugado con la danza, fue un modo de encontrarme con mi cuerpo. Luego, con la historia (soy profe de historia) fue un modo de producir conocimiento y problematizar el mundo (un montón eso)

P- ¿Qué es el teatro?

R- Una forma viva de arte. Crea presente cada vez, filosóficamente eso es enorme y en el teatro te sucede en el cuerpo. Es encuentro también, con el público, con los compañeros, con los sentidos que creías que producías y los que son construidos al margen de esas intenciones. La belleza humana, aún en las miserias y monstruosidades.

P- ¿Y cómo sería tu teatro?

R- Claramente, mi teatro tiene que ver con lo colectivo. No hay proceso solitario en mi experiencia. El teatro es en grupo: en producción, formación, creación… Otra característica es la música: el canto ha estado muy presente.

P- “Una flor, una mujer, una voz”, de tu autoría, fue seleccionada para representar a Neuquén en la próxima Fiesta Nacional del Teatro. Brevemente, ¿de qué va la cosa?

R- Es la historia de una inmigrante chilena, una mujer común, y en esa simpleza está la belleza. En su particular recorrido. En su modo de tramarlo en una narración, luego en obra de teatro, esa construcción la hicimos codo a codo con Andrés Bar Sarda que tradujo esta narración a una puesta audiovisual teatral. A esa historia le sumamos la poesía de Violeta Parra y le dimos forma con sus canciones. La obra es contada y es cantada por estas mujeres y por nosotras, las interpretes, Lara Muñoz y yo. Es un modo de contar la historia desde los ojos de esta mujer.

Una aclaración, si bien la obra se construye sobre una idea mía y una visión de lo que quería que fuera, la construcción fue muy singular y en esa singularidad entra el trabajo que hicimos con Andrés Bar Sarda. Tanto en la estructura como en la dirección. Otro apartado para lo musical que desarrollamos con Lara Muñoz. Más la puesta en escena de Denis Valdez.

P- La obra tiene unan fuerte impronta femenina. ¿Cómo se inscribe en este momento?

R- La obra es la historia de una mujer. El modo en que elegimos contarla y la propia decisión de hacerlo es un posicionamiento político, claramente en consonancia con la realidad que vivimos como mujeres, como artistas y como feministas. Elegimos contar esta historia, de este modo, con estos recursos y con estos cuerpos porque queremos decir y hacer teatro de este modo. Con lo que se gana y con lo que se pierde por ello.


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