Juguetes de otras épocas, lejos de las jugueterías y cerca de los afectos
Autos, camiones, cine portátil, muñecas y bicis que ya no se ven.
El mundo de los juguetes es, sin lugar a dudas, el más emparentado con el de la fantasía. Son casi hermanos e indispensables uno para el otro cuando la infancia permite mirar un mundo que dista mucho de la realidad.
Y fueron cambiando, juguetes y fantasías, tanto como esa realidad que uno se da vuelta y ve muy parecida en diferentes tiempos, con otros actores.
Actores de nuestra realidad de niño fueron una infinidad de juguetes que posiblemente ya nadie juegue, pero que se instalaron para siempre en la memoria y en los afectos. Juguetes de valores imposibles de recordar, pero caros a los recuerdos. Unos de fábrica y producidos en serie, otros de la casa, fruto del ingenio de algunos padres.
Basta con preguntarle a un niño de hoy por los ladrillitos Rasti, Mis Ladrillos, por el camioncito Tuercalín, por la muñeca Rayito de Sol que hablaba, por los vehículos Duravit de caucho o por los botines Sacachispas, por el proyector Cinegraf, para ver que no conoce ni uno solo de esos juguetes. Claro, si se hiciera a la inversa, poco conoceríamos de los juguetes de hoy, mas dominados por computadoras que por ruedas rústicas y herramientas de plástico.
No podríamos definir qué fue mejor, pero sí podemos contar lo diferente que fue una época de otra.
Rasti y Mis Ladrillos nos daban la posibilidad de convertirnos en minutos en los mejores arquitectos de la mansión soñada. Podíamos construir ladrillo por ladrillo, poner puertas y ventanas, techos, levantar paredes, armar autos y mucho más. Había que tener un buen número de piezas, porque de lo contrario no llegábamos ni a los cimientos de un mundo en miniatura.
La envidia, sana envidia de niño, eran los juguetes Duravit, vistosos y pintados co colores metalizados, desde autos a máquinas viales, «irrompibles». Había que agarrarlos con un martillo para romper el caucho del que estaban fabricados. La vieja Rastrojera que ya dejó de existir, tenía su réplica en estos juguetes, con cajita de madera igual a la que tenían en la realidad. Tal vez por eso de irrompible dejaron de fabricarse. Ni hablar del glorioso fitito, del que también había un modelo hecho a la perfección por la fábrica de autitos de colección Buby, netamente argentina. Maravillas en este rubro eran las de las marcas Gorgo, Jet y Galgo, que hacían réplicas de autos nacionales que hoy directamente no existen.
En el rubro de los autos estaban los más baratos de la firma Baltasar, que mostraba con orgullo el Tuercalín, camión, Jeep y tractor desarmable, con tuercas de plástico y una inolvidable llave blanca para sentirse mecánico. O los que costaban sólo monedas que permitían ponerles piedritas adentro y correr carreras en el cordón de la vereda. Un Torino, Falcon o Chevi hacían de las suyas en competencias interminables de barrio.
Para los que podían un poco más estaba Scalectric, con las mejores pistas para varios autos. No sólo eso, la misma marca ofrecía mucho más, aunque no eran para todos, por una cuestión de precios. Ojo, hablo de las viejas pistas de Scalectric que llevaba un buen rato armar.
Una recorrida por el tiempo, la charla con mucha gente, nos permitió conocer qué juguetes reinaban en distintos tiempos. También sirvió para ver que en todas las épocas se privilegiaron los juguetes de varón. Y en todo caso, para las mujeres una amplia gama de muñecas, ollas, sartenes y tazas y platos. Todo, absolutamente todo, ligado a los quehaceres domésticos. Le asignaban un rol a la mujer que jamás se escapaba de los lí
mites de la casa. Mamá, ama de casa (cocinera, lavandera, planchadora, costurera).
Dentro de este acotado mundo de juguetes para las nenas estaban las famosas muñecas Rayito de Sol, la que con un rústico método permitía que la muñeca hablara. Sus parientas cercanas eran las Peponas y un muñeco gordito llamado Barriguita. Algunas chicas, con suerte, tuvieron un caleidoscopio de madera, de esos que en versión moderna son de cartón o vidrio.
Para nenas y nenes hubo un juguete que no representaba distinciones: la bici «Mini», (Florencia era una de las marcas) pesada y peligrosa, porque era plegable y tenía en el medio un tornillo que permitía dividir la bici en dos. Al menor golpe, ese tornillo se incrustaba en una pierna, al igual que la mariposa que ajustaba las ruedas.
Lo universal, de todos los tiempos, fueron las bolitas que en realidad el tiempo no las cambió demasiado.
No alcanza esta nota para describir en detalle los viejos juguetes que no se ven más en las vidrieras, pero que varias generaciones los tuvieron como sus elegidos.
Buscaremos y buscaremos, pero no los encontraremos, porque se fueron con nuestra infancia. Los Duravit no son los mismos, los Buby esperan un milagro para volver a rodar y la muñeca que habla ahora es una delgada y moderna señorita.
Jorge Vergara
jvergara@rionegro.com.ar
Nota asociada: Una lista caprichosa Industria doméstica Fábricas de puertas cerradas El cine en cada casa Ver infograma (hacer clik acá)
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El mundo de los juguetes es, sin lugar a dudas, el más emparentado con el de la fantasía. Son casi hermanos e indispensables uno para el otro cuando la infancia permite mirar un mundo que dista mucho de la realidad.
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