Juicio Escuelita: con las torturas a tres mujeres comenzó la etapa testimonial en Neuquén

Los testimonios comenzaron hoy en el salón de AMUC, a las 9 en Neuquén capital. Hubo detalles de cómo actuaba la Triple A en la Universidad Nacional del Comahue. El próximo martes se reanudará el juicio Escuelita con cuatro personas citadas, algunas confirmaron la presencia en la sala.

Redacción

Por Redacción

Las voces de las mujeres con la descripción de las torturas y la modalidad de la represión durante la dictadura en el Alto Valle y la cordillera neuquina conmocionaron la sala de audiencias en la primera jornada de testimonios del juicio Escuelita.


Es el noveno tramo que juzga los delitos cometidos durante la dictadura en la región. De los ocho acusados en la sala, ayer hubo seis en las pantallas: uno de los imputados tuvo problemas de conexión y se analiza la posible insania de otro encausado. La fiscalía inició la acusación con los casos de tres de las 16 víctimas por las cuales se lleva a cabo este proceso. Cuatro personas, dos mujeres y dos hombres, permanecen desaparecidos.


Matilde Segura vive en Bahía Blanca y fue detenida y llevada al centro clandestino “La Escuelita” el 26 de diciembre de 1976. Fue la primera vez que expuso su secuestro en un juicio y aunque se mostró con aplomo, fue una declaración entrecortada por el recuerdo del dolor y el horror. Hasta el 2002, no le había revelado su condición de víctima de la dictadura ni a su esposo ni a sus tres hijas.

Los jueces Alejandro Silva y Alejandro Cabral -que preside- estuvieron presentes en el recinto de audiencias, el juez Ernesto Sebastián sigue las audiencias por videoconferencia (foto Cecilia Maletti)


Cuando tenía 24 años, la detuvieron junto con una amiga, María Esther Sepúlveda, cuando llegaron desde La Plata a pasar las fiestas a Plottier, donde sus padres tenían a cargo una chacra. Sepúlveda también declaró ayer, pero por zoom. “Es para que no te reproduzcas”, le decían los torturadores a Matilde cada vez que le aplicaban la picana eléctrica en el cuerpo.

El miedo comenzó en 1975



En 1975, cuando la patota de la triple A se instaló en la Universidad Nacional del Comahue, Matilde contó que fueron a la oficina de personal de la universidad donde ella liquidaba sueldos y le exigieron que ingresara la nómina de los agentes del rector interventor Dionisio Remus Tetu, para que cobraran ni bien habían llegado. Ella no accedió y se tragó la llave para que no pudieran operar esa máquina y entonces el policía de inteligencia de Río Negro, José Luis Cáceres, la arrastró del cabello hasta casi tirarla por la ventana.

Luego la cesantearon junto con 67 docentes y no docentes que fueron exonerados de la casa de altos estudios antes del golpe de Estado.

Cáceres integraba el equipo de guardaespaldas que tenía Tetu en la UNCo, formaba parte de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A) y participaba junto con Raúl Guglielminetti (el agente civil de Inteligencia) de los operativos de la represión ilegal en la región. El policía de inteligencia también fue encarcelado y llevado a La Escuelita, donde reconoció a los torturadores porque habían sido parte del grupo de tareas que él integraba. Declaró en el primer juicio (2008) por su secuestro y tortura, en una audiencia reservada. Luego falleció.

El público renovó el respaldo a las víctimas y declarantes en el juicio (foto Cecilia Maletti)

Cómo sigue



La audiencia continuó con el testimonio de Graciela Vicente, que describió cómo Gendarmería operó entre San Martín y Junín de los Andes en junio de 1978, cuando la mantuvieron cautiva y bajo interrogatorios durante una semana en recintos castrenses.

Tres mujeres que estaban en Gendarmería en su misma condición de detención ilegal o que conocieron de su situación de cautiverio, declararán en la próxima audiencia del martes 17 de marzo. Una tercera persona atestiguará en la sala sobre las detenciones de Matilde Segura y María Estela Sepúlveda.

Vicente se había recibido en 1977 en la UBA de psicóloga y trabajaba ad honorem en el hospital de San Martín cuando llegó a la casa que alquilaba y la encontró toda revuelta. Fue a Gendarmería a pedir explicaciones y la esposaron. En el lugar también había otro matrimonio al que acusaban de subversivos. «Pensé que me iban a matar» cuando la llevaron en un jeep de Gendarmería hasta Junín, donde le hicieron varios interrogatorios. En el lugar de San Martín donde también la interrogaban, veía bajo la venda las botas de las que usa el Ejército o la Gendarmeria.

Cuando salió «estaba traumatizada y paranoica», según describió. Aunque lo había elegido como lugar de vida, no pudo volver a San Martin de los Andes hasta 1983, cuando regresó y se radicó en la localidad cordillerana junto con su esposo.


Las voces de las mujeres con la descripción de las torturas y la modalidad de la represión durante la dictadura en el Alto Valle y la cordillera neuquina conmocionaron la sala de audiencias en la primera jornada de testimonios del juicio Escuelita.

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