La Argentina va directo a una nueva crisis cambiaria

El Gobierno Nacional mantiene la idea de manejar la situación sin un plan. Las medidas que toman son aisladas y sus efectos se diluyen en solo días.





Hacia fines del primer cuatrimestre el economista Carlos Melconian pronosticaba, en uno de sus informes, que el gobierno podía terminar en el peor de los mundos: con un problema sanitario grave (a pesar de la euforia oficial inicial tras haber aplicado una estricta cuarentena), un desplome de la economía y el empleo (pese a los paliativos del IFE, los ATP y los refuerzos a las provincias) y un complejo contexto macroeconómico (a contramano con las expectativas que generaba el enorme superávit comercial, el arreglo de la deuda, el cepo los controles de precios y el acompañamiento del Fondo Monetario Nacional).

Cinco meses después, este escenario quedó plasmado en los hechos.

En este complicado contexto y sin un plan económico la administración Fernández va directo a chocar contra una nueva crisis.

Con otras palabras -pero en el mismo sentido- el Fondo Monetario Internacional (FMI) expresó esta semana que “Argentina enfrenta muy dramáticos desafíos sin soluciones fáciles, una profunda recesión, las condiciones sociales están empeorando, los desequilibrios económicos están creciendo y también el divorcio entre tipo de cambio oficial y el paralelo se está expandiendo”. Así se expresó la directora gerente del organismo, Kristalina Georgieva, en una conferencia de prensa que brindó en el marco de la asamblea anual que se desarrolla de manera virtual desde Washington.

“La prioridad es poner en marcha una agenda económica creíble que equilibre el apoyo a la gente en el país y que garantice estabilidad macroeconómica”, afirmó, con mucha contundencia. “La tarea más importante del país es que brinde una hoja de ruta para saber cuál es la dirección que está adoptando y como sabemos que está alcanzando el destino que se busca”. Con estos conceptos, el FMI se apartó de la retórica tradicional del Gobierno Nacional que apuntala lo innecesario de contar con planes económicos para salir de esta crisis. El organismo internacional destaca que, a diferencia de las recuperaciones observadas resto del mundo, Argentina debe lidiar con enormes distorsiones en su macroeconomía que, de no ser corregidas, desembocarán en una crisis cambiaria.

En esta misma línea apuntaron los distintos informes de las calificadoras de riesgo internacionales y las palabras de los empresarios y economistas en el Coloquio de IDEA.  

Medidas sin fuerza

A partir de marzo, la brecha cambiaria (diferencia entre la divisa oficial y el paralelo) muestra una tendencia creciente. Hoy ya se la ubica por arriba del 120%, la más altas de las últimas cuatro décadas. Esta claro que con este escenario la economía no puede recuperarse.

Hasta mayo se mantuvo en un diferencial del orden del 30%. Entre junio y septiembre salto a una media del 80%. Fue entonces que el gobierno, a partir del 15 de septiembre, tomo medidas con el objetivo de bajar la brecha a niveles compatibles para una economía que busca desarrollarse y para que el Banco Central deje de perder reservas.

Básicamente fueron tres los anuncios en este último mes:    

-El cierre del cepo a la compra del dólar solidario. Lo único que generó que aquellos cuatro millones de personas que mensualmente recurrían al sistema formal a comprar estas divisas ahora esa demanda se oriente al marginal impulsando el valor del dólar paralelo.

-La baja de retenciones temporaria. Esto permite pasar al productor de cobrar su soja de 50 a 53 pesos por dólar exportado. No es incentivo frente al valor del producto que está creciendo en el mercado internacional al ritmo de un dólar por día (170 pesos) en las últimas semanas.

-Suba de la tasa de interés para los plazos fijos del 33% al 34%. Con el nivel de expectativa devaluatoria que hoy existe en el mercado, pocos se arriesgarán a mantenerse en pesos por un uno por ciento más que autorizó el Banco Central.

Claramente el ministro de Economía no está dimensionando el problema al que se enfrenta ya que toma medidas que tienen los mismos efectos que una gota de agua en el desierto. Y los resultados están a la vista. La brecha salto a más del 120% y las reservas siguen dejando las arcas del Central.

La mayor parte de los analistas económicos coinciden en señalar que una de las formas de salir de este complejo laberinto es resolver el origen del problema, que está dado en la gran cantidad de dinero que se emitió -y se sigue emitiendo- sin ningún tipo de respaldo. Sobran pesos y todos quieren deshacerse de ellos.

Interrogantes

Un reciente informe elaborado por la consultora MacroView (cuyos titulares son Carlos Melconian y Rodolfo Santangelo) señala que todas las crisis cambiarias en la Argentina tuvieron un trasfondo macroeconómico y destaca que existen tres catalizadores para su inicio.

-Las distorsiones macroeconómicas que se dan, por ejemplo, por los descalabros que llevan al Banco Central (BCRA) a emitir moneda en volúmenes desproporcionados. Estos pesos -detalla el informe- terminan contaminando el mercado cambiario, sea cual fuere el régimen que rija, más o menos administrado, más o menos controlado.

-Un segundo catalizador es el nivel del tipo de cambio real de partida. Cuanto más “regalado” esté el dólar, sea porque quede muy por detrás de la tasa de inflación acumulada o porque lo planche el ingreso de capitales, mayor será la expectativa y el tamaño de la corrección futura. Por supuesto, en este contexto de dólar regalado más voluminosa será la demanda de divisas de las personas para atesorar y viajar al exterior y de las empresas para importar y endeudarse.  El informe aclara en este sentido que, visto en perspectiva histórica, se considera un tipo de cambio regalado cuando se lo ubica en torno a 40 pesos de hoy o menos.

Hoy el dólar no esta regalado, todo lo contrario.

-Un tercer punto extraeconómico, es el político, recalcando que el trasfondo es siempre macroeconómico. Han sido habituales en la historia argentina las crisis institucionales, la elevada conflictividad política dentro de los propios oficialismos o entre oficialismo y oposición y también las tensiones cambiarias previo a incertidumbre electoral. No son el centro de una crisis cambiaria, pero echan leña al fuego o en el mejor de los casos no ayudan a moderar la demanda de dólares.

Melconian asegura que en la actual crisis cambiaria, gestada en la administración Fernández, el factor macroeconómico es el de mayor peso, y es casi el determinante. La pandemia llevó a una explosión del déficit fiscal primario hasta siete puntos del PBI (unos 1,8 billones de pesos) que es financiado exclusivamente con emisión de moneda.

En cambio, no tenemos un dólar oficial regalado: los casi 80 pesos actuales son el doble del 40 y pico de la salida de la Convertibilidad y cuatro veces más alto que el de 1975 (ver recuadro adjunto). Luce barato contra los dólares no oficiales de 160 o 170 pesos, pero no lo está contra las referencias históricas.

 Es decir que es el factor macroeconómico el que está empujando a la crisis cambiaria y vaticina una corrección nominal del dólar oficial. Por su parte, no está en el centro de la crisis el factor de atraso cambiario grosero que potencia las devaluaciones correctoras.

Queda el factor político complementario: esto es, si el gobierno en la gestión y el equipo económico con sus medidas serán un contenedor de esta crisis con la capacidad de poner un techo a la misma; o, por el contrario, la terminarán realimentando, optando por la toma de medidas aisladas y poco eficaces.

Hoy por hoy, el factor político (llámese este a la administración Alberto Fernández, más el kirchnerismo en su conjunto, más el equipo económico) luce más un atizador que un contenedor de la crisis macroeconómica y cambiaria.


Antecedentes de nuestra reciente historia económica


El estudio de MacroView da cuenta de que las grandes crisis cambiarias en Argentina se dieron en general cuando confluyeron tres factores: un desajuste macroeconómico en el programa en desarrollo, un dólar barato en relación a los valores históricos y la inestabilidad política que no pudo modificar la inercia de los acontecimientos.

Tal vez lo ejemplos más emblemáticos para nuestro país que quedaron en la retina de todos los argentinos fueron el Rodrigazo del gobierno peronista de 1975 y el fin de la Convertibilidad de 2001 cuando tuvo que abandonar el poder el presidente Fernando de la Rúa.

Al analizar el contexto del Rodrigazo se puede señalar:

1) Macroeconómicamente, el déficit fiscal del Tesoro rondaba los 12 puntos del PBI -mayor al actual existente en el Gobierno de Fernández- que era financiado excluyentemente por el BCRA;

2) El dólar oficial de partida se ubicaba en torno a 20 pesos de hoy, es decir es regalado para los valores promedios históricos mencionados; y

3) Políticamente la situación era crítica. La muerte del presidente  Perón y la asunción de Isabel Martínez generó una situación de altísima inestabilidad e incertidumbre institucional.

Al analizar el escenario de 2001 se observa:

1) Macroeconómicamente, el BCRA había emitido unos 6 puntos del PBI para financiar al sistema bancario antes del colapso;

2) El dólar oficial de partida se ubicaba en torno a 40 pesos de hoy, también barato al relacionarlo con su serie histórica; y

3) Políticamente estábamos en un país con mucha inestabilidad. En esa época la Argentina tuvo cinco presidentes en un mes hasta terminar en el interinato de Eduardo Duhalde haciéndose cargo del Ejecutivo.

Es estos dos casos históricos (1975 y 2001), las tres variables confluyeron en un mismo sentido terminando con un ajuste compulsivo del mercado.

Con el Rodrigazo, el dólar oficial terminó acumulando una suba del orden del 400%. Con la salida de la Convertibilidad, la devaluación acumulada fue del 300%.


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