La biblioteca usurpada, quemada y abandonada
Está en el barrio San Lorenzo Norte de Neuquén. Era un importante espacio de contención para los chicos.
NEUQUEN
La biblioteca popular San Lorenzo Norte estuvo tres años usurpada ilegalmente, en febrero pasado fue incendiada casi en su totalidad y todavía no la reconstruyeron. Los vecinos que a diario pasan por el frente del edificio en ruinas ven con tristeza lo que antaño fue el espacio de contención de niños y adultos. Todavía existen libros a los que las llamas apenas tocaron diseminados por el suelo lleno de escombros, metales y papeles carbonizados.
En el barrio San Lorenzo Norte hay cinco escuelas primarias, un colegio secundario y dos jardines de infantes. En Cayastá al 1000, al lado de la biblioteca popular, funciona un centro de salud y enfrente una escuela de oficios y una plaza.
La biblioteca fue fundada en 1992 por iniciativa de un grupo de vecinos que integraban la cooperadora de la escuela 115. En poco tiempo ingresó a los registros oficiales de la Federación de Bibliotecas Populares y se transformó en uno de los espacios más concurridos por los vecinos del oeste.
A su salón amplio asistían a diario alrededor de 40 niños a clases de apoyo, talleres y para consultar bibliografía. También se dictaban allí capacitaciones para adultos y programas de alfabetización. Cuando el centro de salud entró en reparaciones, la biblioteca habilitó dos consultorios construidos con placas premoldeadas para la atención de la salud de niños y embarazas. También funcionaba una huerta.
“Era el espacio social por excelencia del barrio y un día amanecimos todos con la noticia de que ya no funcionaba más”, recordaron quienes trabajan en el centro de salud.
Ese día de febrero de 2014 un incendió destruyó casi todas las instalaciones. Pero el cierre de la biblioteca había sido tres años antes, cuando fue ocupada ilegalmente.
Los vecinos consultados por este diario, que pidieron reserva de sus identidades, comentaron que un día apareció un hombre que decía ser el cuidador de la biblioteca. Cerraba la puerta de ingreso con llave gran parte del día y de a poco fue impidiendo la entrada hasta que la actividad se paralizó. “Nadie sabe cómo llegó ahí, y vivió en el lugar que la quemaron. Nadie del gobierno jamás vino a ver qué pasó ni a intentar recuperar lo que queda”, aseguró un vecino.
Desde febrero el ingreso está sin candado, las ventanas sin vidrios, un gran agujero donde supo estar el techo y una máquina de escribir en el patio delantero. En el interior del edificio todo está como aquel día, como si el incendio hubiese ocurrido hace unas horas. Y la biblioteca sin funcionar.
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