La cara racista del terror de Estado
Un nuevo libro sobre el tema, “Ser judío en los años setenta” (Siglo XXI), de Hernán Dobry y Daniel Goldman, fortalece el desmalezamiento de aquella historia que sólo es sinónimo de crueldad. “Debates” conversó con Goldman, cuyo padre, polaco, fue partisano en la lucha contra los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
DEBATES
Se está escribiendo mucho sobre los judíos y la dictadura militar, y el consecuente y muy particular ensañamiento que se descargó sobre los judíos en las mazmorras del régimen. Pero en cada uno de esos libros -”Zikarón-Memoria”, de Guillermo Lipis, por dar un caso-, a partir de contar lo sucedido con los judíos aquí siempre parecen expresarse muchas memorias de lo sucedido con el pueblo judío a lo largo de la historia. ¿Cómo reflexiona, si está de acuerdo con esto, el libro de ustedes?
-Trabajamos desde la historia macro del pueblo judío, claro. Entonces, lo nuestro, aunque circunscripto a lo sucedido aquí en un tiempo dado, encaja en esa totalidad. Nuestra investigación se vertebra en testimonios de judíos víctimas de la represión. Les damos -como escribimos- voz, colocamos su identidad en el marco de la represión. Yo mismo fui un testigo de ese tiempo. Y sucede que, dada la historia del pueblo judío, tan marcada por persecuciones, genera, instala entre los judíos mucha memoria, entrelaza pasados que nunca se alejan y presentes… es inevitable. No hay una actitud deliberada de nosotros de colocar el Holocausto en tiempos de la dictadura militar. Se trata de un enlazamiento natural, lógico. Además, nuestro libro surge en un momento interesante en relación a la historia toda de los judíos en Argentina…
-¿Interesante en relación a qué?
-En los últimos años se comenzó a investigar en términos interesantes la historia judía argentina. En las escuelas judías -además-, se comienza a educar a los chicos en relación a la continuidad que, como judíos, tienen en relación a la llegada de sus antepasados, con Argentina… Faltaban tramos en toda esa historia. Faltaba, por ejemplo, colocar al judío como blanco de la represión de la dictadura militar. Faltaba profundizar ese tema aun admitiendo que, con el retorno a la democracia, se comenzó a trabajar en esa línea y a publicar…
-Se trata entonces de que el plano académico asuma el tema, lo haga suyo.
-No necesariamente. Lo nuestro, en tanto el libro que acabamos de publicar como otras investigaciones sobre el mismo tema que se han publicado en estos años, tiene o se vertebra en mucho de subjetividad, lo cual no es ausencia de rigor. Y yo lo digo en el prólogo. Si bien nos apoyamos en materia de fuentes en trabajos académicos, no tenemos el rigor que es propio de la reflexión académica.
-Queda claro en el libro que ser judío implicaba en los campos de concentración de la dictadura una doble carga de tortura, humillaciones, etc. Esto “se explica” por el lado del desprecio fundado en razones ideológicas y culturales que venían de lejos en el poder militar del país: conservadurismo, nazi-fascismo…
–Y con respaldo de gran parte de la jerarquía católica… la cruz y la espada como fundamento moral de la Nación.
-Los relatos de las víctimas que ustedes recogen son estremecedores. ¿Pero como fue posible que la DAIA, en tanto espacio institucional de la sociedad judía en Argentina, tuviese una conducta tan poco valiente de cara a la persecución de judíos?
-A cualquier investigación sincera, descarnada en términos de dejar en claro lo sucedido, le estalla en las manos a poco andar que la DAIA no estuvo a la altura de las circunstancias…
-Aunque suene a un atenuante, ¿no fue ése el papel jugado por el conjunto de las instituciones al menos en un largo tramo de la dictadura?
-Pero dada la historia del pueblo judío, dado un pasado de persecuciones que late y latía muy fuerte, muy intensamente en el tiempo de la dictadura, la DAIA no estuvo a la altura de lo que uno esperaba, de cómo debía reaccionar ante la dictadura…
-¿Le pide una conducta épica?
-No, no. Digo que la idea de comunidad es idea de contención, no de juzgamiento. DAIA, en tanto comunidad, debía contener, escuchar, reflexionar, abriendo los brazos a los cientos y cientos de judíos argentinos o no que padecían la represión…
-¿Proteger?
-Darles una cabida, buscarlos, ayudarlos. A mí no me agrada, reitero, enjuagar las responsabilidades de la DAIA vía la conducta de otras instituciones. No: DAIA, por peso de la historia, como señalé, debió apostar fuertemente por la vida… Los judíos, por miles, estábamos siendo perseguidos, torturados, asesinados, desaparecidos. Hay 1.300 judíos desaparecidos, el 10% de los desaparecidos. Un ensañamiento brutal por el solo hecho de ser judío… Como muy bien lo define el juez federal Daniel Rafecas, “hubo una especial brutalidad antisemita” por parte del terrorismo del Estado.
-Todo muy a pesar de que la dictadura nunca se asumió como enemiga particular de los judíos. ¿Persiste la ausencia de documentos del poder militar de entonces en eventual referencia a los judíos?
-Sí, pero está la práctica objetiva de lo que hicieron. Es más, la misma Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, que en 1979 visitó el país muy a disgusto de la mayoría de las Fuerzas Armadas, en su informe tras visitar cárceles, hablar con detenidos, con gente que lo había estado, hablar con distintos planos de la vida nacional, señala claramente que “no existe una persecución definida en contra de los judíos”, pero sin embargo advirtió que el judío que es blanco de la represión “recibe un trato más severo que los demás”.
-Entre los funcionarios de la DAIA de los años de dictadura emerge Bernardo Fain, un abogado que en un tiempo dado fue fiscal de Estado de la provincia del Neuquén…
-En la DAIA cumplió funciones de operador político de Naum Barbarás, que era director de Relaciones Públicas de la institución…
-De todo lo escrito a hoy, incluso en libro de ustedes, emerge claramente que Fain cumplió un rol muy grave en materia de defender a judíos…
-Nefasto… Mire, basta recordar lo que le cuenta a Guillermo Lipis, autor de “Zikarón-Memoria”. Le dice que la DAIA no era un consultorio psicoanalítico. No estaba para contener a judíos que buscaban familiares desaparecidos… La labor de la DAIA, según él, era recibir la denuncias, evaluarlas y determinar sin los hechos tenían contenido antijudío. Mientras tanto, en los campos de concentración de la dictadura valía todo contra los judíos… En fin…
-Nunca más…
-Memoria para nunca más…
Carlos torrengo
carlostorrengo@hotmail.com
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