La debilidad de una democracia fuerte



Coinciden el gobernador Alberto Weretilneck, el senador Miguel Pichetto y el intendente Martín Soria en que sería un error suponer que los resultados de los comicios municipales del domingo incidirán directamente en las elecciones provinciales del 14 de junio, para no hablar de las nacionales que tendrán lugar el 25 de octubre, puesto que cada distrito tiene sus propias características. Como señaló Weretilneck, la votación “no marca tendencia”. Aunque, como suele suceder, todos los referentes políticos rionegrinos y sus aliados en potencia del resto del país procuraron sacar de los resultados de los comicios que acaban de celebrarse conclusiones que les favorecerían, entendían que lo ocurrido en Cipolletti, digamos, no podría extrapolarse a otros lugares. Si bien el Frente para la Victoria consiguió imponerse en la mayoría de los municipios en juego y Soria hizo una muy buena elección en Roca, hubo señales de que Pichetto, que aspira a reemplazar a Weretilneck en la gobernación, es más vulnerable de lo que había supuesto. Sin embargo, el consenso es que mucho podría cambiar en los meses próximos. Que éste sea el caso debería ser motivo de preocupación. Lo mismo en Río Negro que en otras provincias, son tantas las agrupaciones, las fracciones internas y las coaliciones coyunturales que disputan los votos que es fácil entender la impaciencia de quienes quisieran saber adónde va el país en su conjunto. A menos de medio año de las elecciones generales que decidirán no sólo el destino inmediato del país sino también su evolución posterior, los tres presidenciables mejor ubicados, el gobernador bonaerense Daniel Scioli, el jefe del gobierno porteño Mauricio Macri y el diputado nacional Sergio Massa, aún están tratando de construir las alianzas que, esperan, los llevarán al triunfo. Es una tarea que en todos los casos les está ocasionando dificultades imprevistas, ya que, entre otras cosas, abundan los líderes locales que están más interesados en merecer la aprobación del eventual ganador que en los pormenores ideológicos que obsesionan a los politizados o las propuestas concretas que, es razonable prever, los candidatos más promisorios se crean obligados a formular en la fase final de la campaña, aunque es posible que todos opten por limitarse a las vaguedades alentadoras a las que nos tienen acostumbrados por comprender que no les convendría prometer demasiado. Aunque al nivel local la democracia argentina es fuerte y vigorosa, no cabe duda de que la proliferación de proyectos vecinales, cuando no meramente personales, que han generado la voluntad de formar nuevos partidos o de probar suerte con combinaciones novedosas, ha contribuido a debilitar la democracia a nivel nacional. Mal que nos pese, en un país con tantos problemas como la Argentina, el sistema no puede funcionar de manera satisfactoria a menos que haya dos o, a lo sumo, tres grandes partidos relativamente coherentes cuyos miembros estén dispuestos a mantenerse en sus trece aun cuando el viento les sople de frente, como con toda seguridad hará en contra del gobierno próximo. Aquí, todas las agrupaciones políticas son precarias y por lo tanto quebradizas porque dependen del “carisma” o de la capacidad de repartir fondos de una persona determinada. Sin la conducción firme de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, el Frente para la Victoria podría fragmentarse de un día para otro, mientras que el Pro es en buena medida la creación personal de Macri y el Frente Renovador debe su existencia a la popularidad que fue alcanzada hace un par de años por Massa cuando logró desbaratar el proyecto re-reelectoral de Cristina. Una consecuencia, sin duda la más lamentable, de la fragilidad estructural del orden político nacional ha sido la arbitrariedad autoritaria de gobiernos como el actual que han sabido aprovechar la dispersión opositora. Puede que los resultados de las elecciones previstas para octubre reflejen una reacción popular contra los abusos de poder considerados típicos de los kirchneristas, pero no hay garantía alguna de que sus sucesores, luego de intentar “dialogar” con sus adversarios en circunstancias muy difíciles, logren resistirse a la tentación de actuar del mismo modo por no querer correr el riesgo de sufrir el destino de los miembros de la Alianza del presidente Fernando de la Rúa.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Jueves 16 de abril de 2015


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