La emotiva carta de la familia de uno de los muertos por coronavirus en Allen
Tras el fallecimiento de Lionel Huebra, la viuda y sus hijos donaron equipamiento médico al Hospital Ernesto Accame en agradecimiento a su trabajo y escribieron una reflexión sobre los efectos de la pandemia en la sociedad.
La pandemia de coronavirus causó muchas muertes en Argentina y también en la región. El colapso del sistema sanitario y el esfuerzo sobrehumano de los trabajadores de la salud no han dejado de asombrar.
En este contexto y aún en pleno dolor por una pérdida cercana, los familiares de los pacientes fallecidos reconocen el incansable desempeño del personal que muchas veces se da en condiciones desfavorables.
Así es el caso de la esposa y los hijos de Lionel Huebra, reconocido vecino de Allen que murió por coronavirus hace dos semanas.
Los familiares decidieron donar al hospital Ernesto Accame y, por ende a la comunidad local, un equipo médico Airvo 2 de alto flujo de oxígeno. El aparato se utiliza para prevenir que los pacientes lleguen a terapia y deban ser intubados.
También entregaron 60 camisolines de acetato, 24 pilas AAA para oxímetros, 6 rociadores de alcohol y un colchón antiescaras.

«Agradecemos al equipo del Hospital Ernesto Accame de la ciudad de Allen por el apoyo humano y profesional durante los 25 días de internación de Lionel Huebra», escribieron.
Además, publicaron una emotiva carta titulada «COVID, zona de guerra», que invita a una reflexión respecto a lo que se vive durante la pandemia y a la dura labor de los trabajores de salud.
«No debe existir impotencia más grande, para alguien que estudió y se preparó para salvar vidas, que no saber cómo hacerlo, que enfrentarse a un camino del que no sabe cómo salir, tener que mirar a las personas que claman por una palabra certera y no saber qué decirles», expresaron.
«Podemos dejar de ser números en las estadísticas y acercarnos a los hospitales a preguntar qué necesitan. Pensar que mientras nosotros dormimos, hay una enfermera sentada en un pasillo a las 3 de la mañana preparándose para informar a otra familia que otro padre falleció. En el silencio de la noche, una y otra noche, sólo estás con vos mismo, mirando el piso, esperando que alguien te despierte de la pesadilla», agregaron.
Carta completa
“COVID” Zona de guerra
Después de 25 días de visitar a nuestro padre en el Hospital Ernesto Accame de la ciudad de Allen, donde finalmente falleció por COVID, además del profundo dolor familiar que nos consterna, nos quedaron las crudas revelaciones de una realidad cercana que no percibíamos antes.
Vimos entrar y salir pacientes, algunos que pasaron a terapia, otros que fallecieron, otros que siguen ahí.
Varios amigos perdieron sus familiares en estas semanas, todos vivieron la montaña rusa del hora a hora donde las preguntas eran nuevas: ¿Cuánto mide el oxígeno? ¿Cómo va la frecuencia respiratoria? ¿Ya le pasaron los antibióticos? Autorizaron el plasma?
Todos queríamos ser expertos para saber qué hacer. Quisimos revelarnos, seguros de que toda nuestra fuerza puesta en un solo objetivo iba a lograr vencer los límites. Nos preguntábamos por qué se ven tan resignados los médicos, por qué no le ponen más energía, por qué no dicen con mayor precisión las cosas, por qué el equipo de enfermería no dinamiza más sus actividades, por qué el personal de seguridad no acompaña con más empatía.
Nuestra odisea terminó de la peor manera a pesar de los esfuerzos por torcer el destino, pasaron esos eternos 25 días de incertidumbre, miedo, angustia, y un día dejamos de visitar la zona COVID del hospital.
Pero ellos… el equipo médico, el equipo de enfermería, siguen ahí… día y noche, como nosotros esos 25 terribles e inolvidables días. Para ellos, esos días son infinitos. Falleció nuestro padre y en unas horas se irá otro padre de otros hijos.
No debe existir impotencia más grande, para alguien que estudió y se preparó para salvar vidas, que no saber cómo hacerlo, que enfrentarse a un camino del que no sabe cómo salir, tener que mirar a las personas que claman por una palabra certera y no saber qué decirles.
Qué podemos hacer? Podemos ser más humanos, podemos luchar contra el instinto miserable que tenemos de buscar culpables. Podemos tratar de ayudar. Podemos ponernos en la piel del otro un rato e imaginar qué se siente desde ese lugar. Podemos tratar de construir, desde las cenizas, desde el dolor extremo, una manera diferente de vivir.
Podemos dejar de ser números en las estadísticas y acercarnos a los hospitales a preguntar qué necesitan. Pensar que mientras nosotros dormimos, hay una enfermera sentada en un pasillo a las 3 de la mañana preparándose para informar a otra familia que otro padre falleció. En el silencio de la noche, una y otra noche, sólo estás con vos mismo, mirando el piso, esperando que alguien te despierte de la pesadilla.
Podemos dejar de esperar que todo lo hagan los demás, para después quejarnos porque lo hicieron mal. Podemos empezar a entender que esto no lo arreglan los políticos, ni los de allá o los de acá… esto lo arreglamos haciendo un poquito cada uno en cada momento del día, porque si no… llegará un día en el que estaremos todos heridos, muriendo en una zona de guerra devastada, y recién ahí nos preguntaremos cómo no fuimos capaces de darnos cuenta y hacer algo antes.
La pandemia de coronavirus causó muchas muertes en Argentina y también en la región. El colapso del sistema sanitario y el esfuerzo sobrehumano de los trabajadores de la salud no han dejado de asombrar.
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