La estupidez al poder
Moyano hace gala de una insensatez pocas veces vista. Se comporta como un demagogo caricaturesco que brama insultos en todo momento.
Para sorpresa de nadie, el camionero Hugo Moyano se ha propuesto aprovechar al máximo los conflictos desatados por los muchos problemas de Aerolíneas Argentinas haciendo gala de un grado de insensatez pocas veces visto incluso en el mundillo primario del sindicalismo «combativo» local. Además de reclamarle al gobierno del presidente Fernando de la Rúa que «tenga agallas» para organizar un boicot a las empresas de capital español o, como él diría, «gallego», Moyano quisiera encabezar una pueblada que sirviera para echar «a patadas» a Domingo Cavallo del Ministerio de Economía y continuar su guerra particular contra «este modelo económico de esclavitud». Dicho de otro modo, lo que tiene en mente el sindicalista mejor conocido del país es sembrar el caos agitando sentimientos xenófobos y anticapitalistas con el supuesto objetivo de permitirle al país ingresar en una época gloriosa en la que todos tendrían empleos bien remunerados y sólo quedarían empresas debidamente argentinas. Se trata de un disparate, claro está. Como señaló la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, un eventual éxodo de empresas españolas dejaría un tendal de nuevos desocupados. Asimismo, el reemplazo de Cavallo por alguien que fuera lo bastante temerario como para intentar crear un nuevo «modelo», nada menos, no podría sino provocar el colapso total de una economía ya tambaleante.
Pero, por fortuna, no existen demasiados motivos para creer que Moyano tome en serio sus propias palabras. Por el contrario, es de suponer que entiende muy bien que sus planteos son meramente destructivos: al fin y al cabo, no ha dicho en qué consistiría su «alternativa» al orden económico imperante, acaso porque nunca ha pensado en el asunto. También debería de ser consciente de que la expulsión de capitales extranjeros constituiría un desastre para un país en el cual, nos guste o no, son imprescindibles y que la caída de Cavallo a raíz de una rebelión popular tendría repercusiones dolorosísimas para todos, pero especialmente para los más vulnerables. Así, pues, si descartamos la posibilidad de que Moyano realmente sea tan estúpido como le complace hacer creer, habría que dar por descontado que a su juicio convendría que la crisis se agravara hasta desembocar en la anarquía, tesis ésta que comparte con Carlos Ruckauf, otro «dirigente» que no ha disimulado su deseo de obligar al gobierno de De la Rúa a suicidarse convocando a elecciones presidenciales anticipadas que el gobernador bonaerense esperaría estar en condiciones de ganar.
El que a diferencia de su presunto socio de la rama política del peronismo Moyano haya optado por comportarse como un demagogo caricaturesco que brama insultos en todo momento, acusa a sus adversarios (o sea, a virtualmente todos) de trabajar para intereses foráneos y predica la violencia, podría resultar beneficioso para el país. Después de todo, sirve para hacer tan evidente la bancarrota intelectual de las corrientes que representa, que sólo los más ignorantes y los más desesperados podrían sentirse tentados a sumarse a su «lucha». Aunque el paro que convocó para el viernes pasado haya resultado «exitoso» debido a la intimidación y a la actitud de sus compañeros transportistas, a nadie se le ocurriría tomar el presunto apoyo pasivo así manifestado por evidencia de la voluntad popular de plegarse a un movimiento brutalmente antidemocrático. Si bien muchos tienen motivos de sobra para querer que el país -y, cuando no, el mundo en su conjunto- fuera otro, sólo una minoría de fanáticos o de cínicos estaría dispuesta a actuar como si creyeran que para que se materializara su «utopía» rudimentaria sólo sería necesario tener más «agallas». En cambio, de estar Moyano y los demás líderes de los grupos violentos sinceramente convencidos de su capacidad para crear un país mejor y si lograran contagiar a muchos otros con el mismo entusiasmo, entonces sí plantearían un peligro auténtico al orden democrático, porque la razón principal por la cual, a pesar de la sensación de desconcierto que se ha difundido por el país, casi todos están resueltos a respetar las reglas previstas por la Constitución, consiste en que con escasas excepciones nadie cree que la oposición violenta podría ofrecer solución alguna para cualquier problema.
Para sorpresa de nadie, el camionero Hugo Moyano se ha propuesto aprovechar al máximo los conflictos desatados por los muchos problemas de Aerolíneas Argentinas haciendo gala de un grado de insensatez pocas veces visto incluso en el mundillo primario del sindicalismo "combativo" local. Además de reclamarle al gobierno del presidente Fernando de la Rúa que "tenga agallas" para organizar un boicot a las empresas de capital español o, como él diría, "gallego", Moyano quisiera encabezar una pueblada que sirviera para echar "a patadas" a Domingo Cavallo del Ministerio de Economía y continuar su guerra particular contra "este modelo económico de esclavitud". Dicho de otro modo, lo que tiene en mente el sindicalista mejor conocido del país es sembrar el caos agitando sentimientos xenófobos y anticapitalistas con el supuesto objetivo de permitirle al país ingresar en una época gloriosa en la que todos tendrían empleos bien remunerados y sólo quedarían empresas debidamente argentinas. Se trata de un disparate, claro está. Como señaló la ministra de Trabajo, Patricia Bullrich, un eventual éxodo de empresas españolas dejaría un tendal de nuevos desocupados. Asimismo, el reemplazo de Cavallo por alguien que fuera lo bastante temerario como para intentar crear un nuevo "modelo", nada menos, no podría sino provocar el colapso total de una economía ya tambaleante.
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