La fascinación de ser otro por un rato
"¿Quieres ser John Malkovich?", el juego surrealista de Spike Jonze.
Hoy en día pocas producciones pueden sorprender al espectador. Y en eso mucho tiene que ver la falta de ideas que se aprecia tanto en el cine norteamericano como en el europeo.
Claro que siempre hay una excepción. Y «¿Quieres ser John Malkovich?» lo es.
Sin temer sumergirse en un mundo surrealista que pocas veces atrae las grandes audiencias, Charlie Kaufman, guionista, y Spike Jonze, director, se lanzaron con un historia disparatada que, aunque ellos no lo admitan e incluso lo nieguen fervientemente, habla de la identidad.
Un relato de un ritmo incesante, sin ser excesivamente acelerado como se podía esperar del creador de los videoclips de Beastie Boys, R.E.M. o Björk, que muestra la vida miserable de un marionetista fracasado, Craig Schwartz (John Cusack)¸con un matrimonio al que invade tanto la rutina como las mascotas que su mujer, Lotte (Cameron Díaz), alberga en toda la casa, y los problemas económicos que lo obligan a abandonar su vocación y buscar un trabajo de oficina para sobrevivir.
Hasta ahí nada fuera de lo común, salvo que este hombre en la empresa para la que trabaja -ubicada en un extraño piso siete y medio de sólo un metro de altura en el que todos deben caminar agachados, pero lo hacen como si fuera totalmente normal- descubre una puerta secreta que lo lleva a una experiencia totalmente inesperada: ingresa a la mente de John Malkovich.
En ese momento tiene lo que cree es la gran idea de su vida y convence a Maxine (Catherine Keener), otra empleada del lugar a la que desea sin ser correspondido, para montar un negocio: cobrar por entrar en el cuerpo del actor.
El emprendimiento secreto funciona a las mil maravillas hasta que Lotte quiere probar personalmente esta experiencia, lo que desata un triángulo extraño y perverso en el que todos se atraen y repelen. Todo comienza a ser cada vez más delirante. Y hasta el mismo Malkovich prueba, en una de las escenas más surrealistas del filme, ingresar en su propia mente, mientras un grupo de ancianos reclama la posesión del cuerpo del actor.
El poder de ser otro le da a Craig la posibilidad de lograr lo que siempre deseó por partida doble. Al adueñarse del cuerpo de Malkovich por un tiempo lo maneja como a una más de sus marionetas y a la vez le da un giro a la carrera del actor convirtiéndolo en un titiritero respetado por sus propuestas de vanguardia.
Kaufman y Jonze juegan todo el tiempo. Lo hacen con la cámara, con los diálogos, con las actuaciones fascinantes de los protagonistas que manejan el delirio de la historia con maestría, con la inteligencia con la que resuelven las situaciones más difíciles, con el espacio y con las ideas.
E invitan al espectador a sumarse a ese juego desde la sorpresa constante. (S. F.).
Hoy en día pocas producciones pueden sorprender al espectador. Y en eso mucho tiene que ver la falta de ideas que se aprecia tanto en el cine norteamericano como en el europeo.
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