La fiesta de pocos

Por Redacción

MIGUEL ÁNGEL ROUCO (*)

A pesar del aparente desdén oficial, la suba imparable del dólar negro se está constituyendo en una brutal transferencia de riqueza de los pobres hacia los ricos. Sí, no es un error. Por un lado, la actual política cambiaria de dólar atrasado beneficia a los importadores y castiga a los que exportan. Y, por otro, esa misma política que defienden a ultranza los sectores autodenominados progresistas, de la que es hijo el dólar negro, está provocando una fenomenal caída de los ingresos de los sectores de menores recursos. Hay en todo esto una gran contradicción en el relato oficial: lo que se dice defender no se defiende, mientras se premia lo que se dice castigar. La brecha cambiaria entre el dólar marginal y el oficial es de casi el doble y, con ello, los principales sectores que se benefician con esta política cambiaria son aquellos de mayores ingresos. A mayor control con el cepo cambiario, mayor propensión a fugar capitales, aumentar importaciones sobrefacturándolas, a subfacturar exportaciones y a incentivar el contrabando, entre otras actividades. El incremento en las compras al exterior quedó reflejado en la AFIP, que duplicó los ingresos por compras al exterior. Pero el control a las importaciones genera dos efectos. Por un lado, transforma el mercado interno en un virtual coto de caza para los productores locales que, con costos crecientes, alimentan la suba de precios que golpea diariamente al bolsillo de la población. Por otro lado, no permite a las industrias abastecerse de insumos, lo que disminuye el ritmo de actividad. Paralelamente, cuanto más intenso es el cepo cambiario mayor también es la tendencia a gastar en el exterior, ya que el anticipo que impone la AFIP a las compras afuera o a la extracción de dólares en los cajeros de otros países siempre es menor al precio del dólar negro. Queda claro que quien puede realizar estas operaciones es una porción minúscula de la sociedad, la de más altos ingresos. Es también este segmento económico el que se beneficia al acceder a vehículos importados de alta gama, cuyo precio cotiza en pesos al dólar oficial, desplazando la producción local. Sin ahondar en mayores ejemplos, la actual política económica no sólo no soluciona los graves desajustes del modelo kirchnerista sino que agrava a diario la situación de vulnerabilidad de los sectores de menores ingresos y hace más precario el estándar de vida de los grupos de medianos ingresos. Todo esto está llevando a una fuerte aceleración de los despidos y a un aumento de la inestabilidad laboral, con la consiguiente caída del consumo que más tarde va a impactar en los ingresos fiscales. El cepo deja una huella marcada en la economía y una señal indeleble: a mayor control, mayor fuga de capitales, menor inversión y más inflación. De lo expuesto, puede colegirse que la actual política económica carga con todos los costos de una devaluación encubierta que impacta de lleno en el nivel de vida de la sociedad. Mientras tanto, el despilfarro del gasto sigue, alentado desde la Casa Rosada, con el único objetivo de mantener el poder y, si es posible, ampliarlo a partir de octubre. Los subsidios al sector privado superan los 10.000 millones de pesos mensuales. El gasto por salarios del sector público aumentó 30% en el año, lo que revela una fuerte suba del empleo estatal. Por otro lado, las empresas públicas estatizadas continúan mostrando números rojos, lo que obliga a realizar transferencias continuas. En el último ejercicio, el Tesoro tuvo que aportar unos 2.000 millones de dólares para cubrir los déficits de Aerolíneas Argentinas y Aysa. El desequilibrio de la compañía aérea es otra muestra de la transferencia de recursos hacia los sectores de mayores ingresos y al turismo extranjero. El gasto público trepa a niveles por encima de la inflación y la emisión monetaria, si bien bajó levemente, también se encuentra por encima de la suba de precios. En cifras, si la inflación es de 25%, el gasto y la emisión crecen por encima de 35%. Aunque el gobierno no lo crea, la diferencia es una de las razones de la suba del dólar paralelo. Hoy, toda la política de gasto público está siendo subsidiada por la transferencia de 18.000 millones de pesos desde el Banco Central, la Anses y el PAMI hacia el Tesoro para que la administración Kirchner financie la fiesta de unos pocos. (*) Analista económico DyN