La génesis del oscuro negocio

Por Redacción

Es difícil destejer la enmarañada madeja para comprender y desentrañar cómo gestaron el negocio de la venta de drogas los Montecino. Es realmente complejo. Pero hay dos versiones que se repiten. Una, que Héctor Montecino entendió tras las rejas que ser narco era un negocio rentable y que estaba a su alcance. La otra, que fue su hermana Ruth quien comenzó a dar los primeros pasos y a tejer las relaciones iniciales. “Héctor comenzó vendiendo manzanas en la esquina de un supermercado de Cipolletti. Eso lo dicen varias de las personas que hoy están imputadas en la causa. De ahí –y en eso existe un buen vacío de información– pasó al negocio de los autos y ya en la cárcel hizo los primeros contactos para vender droga”, dice con firmeza una fuente judicial. Con ciertas variaciones en el relato, una de las personas que está muy empapada en el caso también coincidió en que Héctor conoció y estrechó amistad con dos presos paraguayos que primero lo instruyeron en el negocio de la venta de drogas y después le dieron sus primeros contactos. Fue cuando el cipoleño más temido pasaba sus días en el penal 2 de Roca, allá por el 2001, y tras ser condenado por asociación ilícita a la pena de cuatro años de cumplimiento efectivo. En esa oportunidad, con él fueron a la “sombra” Daniel Alberto Reyes y Sergio Rubén Dávila. El primero está imputado en “Nacimiento” y el segundo en la otra causa conocida como la “Alianza narco”. Ruth era algo más que la mano derecha de su hermano. Incluso hay fuentes que la apuntan como quien comenzó a dar los primeros pasos en la venta de estupefacientes. Ella manejaba parte de la “cartera” de clientes y adoctrinaba con mano férrea a los hombres de la banda.