La guerra sin maquillajes
El jueves se estrenará en la región “Corazones de hierro”, un filme crudo y honesto sobre la Segunda Guerra Mundial con Brad Pitt y Shia LaBeouf, quien cuenta cómo fue el rodaje.
ENTREVISTA
Escrita y dirigida por David Ayer –el mismo que escribió “Día de entrenamiento” o dirigió la interesante “Soldado de ciudad”–, “Corazones de hierro” se desarrolla durante la Segunda Guerra Mundial. Sigue la historia de un sargento llamado Wardaddy (Brad Pitt) y sus cinco hombres, que se embarcan en una misión suicida, detrás de las líneas enemigas, arriba de un tanque Sherman.
Todas las probabilidades están en su contra, pero aun así tratarán de asestar un golpe mortal en el corazón de la Alemania nazi. Junto a Pitt están el joven Logan Lerman (Norman Ellison), Michael Peña (Trini “Gordo” García), Jon Bernthal (Grady Travis) y Shia LaBeouf (Boyd Swan). Este último nos cuenta en esta entrevista su compromiso con el filme, su cambio de paradigma y lo que le dejó trabajar con Brad Pitt.
–¿Qué te atrajo para hacer esta película?
–Trabajar con David Ayer y Brad Pitt. Además la película también es honesta. David me dijo desde el principio que todo sería intenso. Comentó que la experiencia me cambiaría, que nunca había trabajado tan duro ni me habían exigido más, que me iba a presionar hasta el límite y que nos íbamos a sumergir en una experiencia completa y brutal. A él le agrada llevar las cosas al extremo; ahí es donde está la verdad y yo deseaba formar parte de eso.
–¿Cómo es tu personaje?
–Su nombre es Boyd Swan y lo llaman “Bible”. Entre la tripulación es como la madre o la esposa. Es el artillero y el segundo al mando. Opera el armamento primordial del tanque, el cañón de 76 mm de alta velocidad. Es un asesino impávido, pero también es un hombre de fe. Para mí fue interesante explorar cómo un hombre que lee las Escrituras y tiene fe, un cristiano, puede conciliar esto con sus tareas en combate.
–¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Brad Pitt?
–Brad trabaja duro y es muy apasionado. Sabe cómo ser un líder. Por ejemplo, nunca dejó el tanque. Aprendí mucho de él y lo admiro muchísimo. Fue nuestro sostén y nadie en su posición trabaja tan duro como él lo hizo.
–David Ayer los sometió a todos a experiencias arduas antes de comenzar la fotografía principal, ¿disfrutaste eso, ya que sos un intérprete dedicado?
–Así fue, mi preparación fue un regalo. Me uní a la Guardia Nacional dos meses antes de iniciar nuestro campamento de preparación. Me desempeñé como asistente del capellán para el Capitán Yates de la 41º Infantería. Viví un mes en la Base Aérea de Gowen Fields con la 82º Caballería mientras nos preparábamos para ir a Afganistán y asistí a la escuela de artilleros Squadron Commander Minor del Ejército de Estados Unidos. También aprobé los exámenes ASVAB, NREMT y 68W, que certifica a los médicos de combate para la Guardia Nacional. Luego me integré con mis compañeros actores y fuimos a Fort Irwin para pasar algún tiempo en el tanque Abrams M1A2. Después David desglosó mis antecedentes en el proceso de ensayos por el que todos pasamos y que duró un mes. Ensayamos como en una obra teatral; todos sabíamos quiénes éramos y también quiénes eran los otros tipos.
–¿Hubo aspectos de este trabajo de producción que sentiste mental o físicamente difíciles?
–Sólo el hecho de esperar la fecha de inicio para comenzar a trabajar en la película.
–Parece que David tiene una forma de trabajo única, ¿qué aprendiste de él?
–Lo que me enseñó es que tenés que tratar cualquier trabajo como si fuera el primero y el último.
–¿Qué tan importante fue para vos el tiempo que pasaste con veteranos de guerra para preparar la película?
–Kevin Vance y sus amigos de batalla compartieron con nosotros momentos alegres y las pérdidas que tuvieron. Todos lloramos y todos reímos juntos. Nos narraron historias en torno a fogatas de campamento, fueron vulnerables y nos sentimos como en casa. Ahora veo la bandera de modo distinto, nada de política, todo de corazón.
–¿Cuáles son tus recuerdos más importantes del rodaje en Inglaterra?
–Los entrenamientos matutinos y el campamento de preparación. De hecho quería quedarme y eso es la primera vez que me ocurre. La guerra es el único lugar dentro de la sociedad en el cual los hombres se puedan amar incondicionalmente unos a otros y sabíamos eso. Recordaré a estos hombres el resto de mi vida. Fuimos como una familia.
Leo González
ENTREVISTA
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