La guitarra de Tomatito llegó a lo profundo del alma

En “Luz de guía” brillaron todos los artistas de su sexteto

Redacción

Por Redacción

Matías Subat

El músico gitano conmovió a la audiencia con el flamenco más delicioso y visceral.

Lo que pasó el último sábado en Neuquén no fue un concierto de guitarra flamenca. Fue otra cosa. Fueron seis artistas que explicaron que los sonidos profundos de uno de los géneros más viscerales pueden contarse en palmas, cante, tacones, cajón y pasión gitana. Lo que pasó esa noche estuvo teñido por la magia de los dedos únicos de Tomatito: la sutileza, la fuerza, el misterioso magnetismo… toda su sensibilidad traducida en bulerías, aires de rumba y tango flamenco, alegrías y soleás. Lo tradicional y lo moderno-vanguardista que el guitarrista conoce tan bien, porque se animó a explorar. El nudo en la garganta y las lágrimas amagando con escapar estuvieron presentes esa noche, en una sala colmada por una audiencia heterogénea. Allí estaban los integrantes de la comunidad gitana, que vivieron un verdadero tablao y sumaron sus “¡Ole!” cada vez. Cómo explicar lo única que resultó presentación de “Luz de guía”, el homenaje que Tomatito regaló a la memoria siempre presente y abarcadora de Camarón de la Isla (ese cantaor con el que creció y compartió tanto)… Tal vez detallando que el sexteto del guitarrista, integrado por el joven Cristóbal Santiago, en segunda guitarra; los matices del percusionista Luky Losada; el cante profundo, ronco y conmovedor de Morenito de Illora y Simón Román; y la potente presencia escénica de la jovencísima bailaora Paloma Fantova González (se llevó las ovaciones de un público que la aplaudió de pie, cada vez), transportaron a gran parte de la audiencia a la historia de sus ancestros, o le regalaron al público joven escenas del sur de la Iberia antigua o actual. Durante dos horas Tomatito atrapó al público y tocó como si no le costara nada; conmocionó, se adueñó de todos los sentidos y los hizo vibrar: con su solo en tono de tarantos; con su precisión, agilidad y matices como pinturas; con un fandango canción que incluyó al grupo entero; con las alegrías de su disco “Agua dulce”; con las bulerías y sus impactantes palmas y cantes; con “Para Troilo y Salgán”, de Luis Salinas; con ese final por bulerías que fue bis. Antes del comienzo, la bailaora local Asunción Miras Trabalón ofreció un par de cuadros y dijo sentirse “honrada” de compartir escenario con el maestro. Si la sensación fue que, de alguna manera, Camarón estuvo allí esa noche, seguramente asumió el homenaje. Y seguramente, como para todo el resto de los asistentes, fue un honor.

PAULA GINGINS pgingins@rionegro.com.ar


Matías Subat

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