La historia del hombre que no sabía nadar

La tenacidad fue algo que siempre caracterizó a Gustavo López. A los 32 años se largó a correr, se amigó con el agua y estuvo en tres Ironman de Hawaii. Dejó todo por el deporte social y hoy, a los 47, es el nuevo presidente de Deportivo Roca.



Un día un amigo lo invitó a correr, y fue. Gustavo López nunca había hecho deportes y por primera vez en su vida había decidido escapar un rato de su escritorio de trabajo, calzarse unas inmaculadas zapatillas que descansaban hacía años en el placard y salir a ver qué pasa por fuera de cuatro paredes.

Poco después vino alguien que lo incentivó a tomar parte de un tetratlón y en esa primera experiencia competitiva “casi muero del agotamiento”. No sabía andar en bici. O sí, pero no en medio de la barda y lo que es peor, no sabía nadar. La parte de natación la hizo con una chaleco salvavidas y cruzó la línea de meta, exhausto, abrazado a sus compañeros de posta.
La (mala) experiencia no acobardó en absoluto a este productor de seguros que hoy tiene 47 años. Después, no sólo aprendió a nadar sino que su empecinamiento lo llevó a correr tres Ironman de Hawaii y transformarse en pocos años en un atleta de elite. Sin embargo, lo dejaría todo por un mandato genuino e irrenunciable, forjado en una dolorosa tragedia familiar.

Hace 15 años atrás, comenzaba la historia de un hombre que decidió dejar todo, primero por el deporte, y luego por un club que se le metió en la piel casi sin darse cuenta. A partir de ayer, Gustavo López es el nuevo presidente de Deportivo Roca.
Anoche en la confitería del Complejo del club, se realizó la Asamblea General Ordinaria para la renovación de autoridades donde se conoció oficialmente el nombre del sucesor de Jorge Escaris en el sillón mayor de la entidad Naranja.

Jorge Escaris y su sucesor, ayer en el Complejo del club


“En algún momento imaginé esta situación, pero la verdad que nunca a esta altura de mi vida. Antes de que surgiera la reelección de Jorge (Escaris) en su segundo mandato, algo se conversó pero siempre de manera muy informal. Mi postura siempre fue no, porque yo quería seguir trabajando con los chicos con discapacidades en el Departamento Social. Pero hubo un deseo general que fue en aumento en estos últimos tiempos, Jorge me lo pidió formalmente y acá estamos”, cuanta López sobre cómo lo fueron convenciendo para que sea el máximo dirigente del Depo.

Los primeros pasos naranjas
En el 2011, López se acercó al club cuando Escaris llevaba 25 días como presidente del Depo. Le propuso desarrollar un programa de contención social de chicos con discapacidad. “Le pedí que probáramos porque nunca había tenido un contacto con chicos con esa problemática. No sabía si podría estar a la altura, sólo estaban las ganas…”.

“Me acuerdo que me acerqué hasta la sede, cuando estaba en la calle Belgrano. Era la primera vez que hablaba con Escaris. Él escuchó de qué se trataba el proyecto y me dijo: cuándo querés empezar. Tenés todo el club a tu disposición”. Así empezó la historia del Sr. López en el club naranja, asumiendo un desafío donde lo único que sobraban eran las ganas, cómo aquel tetratlón que corrió con bici prestada y sin saber nadar.
“Son cosas que me hacen mucho más fuerte. Si las circunstancias me dicen que no, eso en definitiva me hace más fuerte. Me sale de manera natural”, agrega Gustavo, quien no dudó en dejar todo de lado para meterse de lleno en el deporte social.

¿Qué es lo que empujó a Gustavo trabajar con chicos con discapacidad?
No es fácil para López hablar del por qué de ese impulso irrefrenable de darle contención a aquellos que no pueden valerse por sí solos. El primer hijo de Gustavo (hoy tiene dos, uno de 16 y otra de 18) falleció al mes de nacer. “En su lucha me demostró que siendo tan chiquito, estaba haciendo un esfuerzo enorme por sobrevivir. Me vi en una situación con mi mujer, en que no podíamos hacer nada. Eso me dejó una enseñanza de por vida. Por él aprendí del esfuerzo y la dedicación”.


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