La imperdible charla entre Paul Auster y J.M. Coetzee

El premio Principe de Asturías y el Nobel de Literatura dialogaron en la feria del Libro ante un auditorio colmado.

Por Redacción

FERIA DEL LIBRO

El Premio Nobel de Literatura sudafricano John Maxwell Coetzee y el estadounidense Paul Auster dieron testimonio de su profunda amistad en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, donde repasaron sus intercambios epistolares que atraviesan el hábito de escribir, el deporte y la política.

Protagonistas estelares del capítulo 40 del evento cultural y editorial que se celebra hasta el 12 de mayo en el predio de la Rural, Coetzee y Auster leyeron en la noche del domingo fragmentos del libro “Aquí y ahora” (Anagrama y Mondadori), que reúne la correspondencia entre ambos de 2008 a 2011.

El ganador del Premio Príncipe Asturias de las Letras y el Nobel de Literatura fueron recibidos con el estruendoso aplauso de una sala Jorge Luis Borges colmada por unas 1.000 personas, según indicaron los organizadores. El público había formado fila desde primera hora de la tarde para ingresar. Varios centenares debieron conformarse con seguir el encuentro cumbre desde una pantalla gigante fuera del auditorio.

De traje, sin corbata, y puntuales, ambos subieron al escenario abrazados por una ovación de aplausos: “Vamos a leer extractos de nuestro libro”, avisó Auster antes de ponerle cuerpo a la lectura de las cartas que le envió a su compañero en Australia, Coetzee.

Algunos deslices técnicos interrumpieron la lectura del autor de “La invención de la soledad”, que con un tono cargado de humor y los ojos bien abiertos miró al público y disparó: “esto parece una película de ciencia ficción de la década del 50, vienen los platos voladores” en referencia a un problema de sonido, que rápidamente fue solucionado, luego de que Auster tomara las riendas del asunto.

Ya relajados, pero de semblante serio, arrancaron la tarde con la lectura de una carta de fines de 2008 donde Paul le cuenta a John sus infortunados y demasiado casuales encuentros con el actor Charlton Heston, al frente de la Asociación Nacional de Rifles, en lugares tan disímiles como Cannes,Chicago o Manhattan. “No solo consideraba que era mal actor, sino que sus ideas políticas me resultaban abominables”, se vurló Auster.

Coetzee y Auster hablaron acerca de los “espacios ficticios” a la hora de comenzar a escribir, sobre la significación de los nombres y la influencia de sus vivencias en los textos. “Sé que dicen muchas cosas románticas de la vida del escritor, de sus fantasmas, de sus noches febriles, de sus angustias, pero ser escritor es una cuestión de dar y dar sin parar”, dijo Coetzee al referirse en la carta a su amigo Auster acerca de cómo imaginaba la tarea comenzar una novela.

Auster admitió que, al escribir novelas, lo que lo inquieta es “la cuestión espacial, situar la historia”, dado que “en lugar de proyectarla en un lugar, un río, una casa, la situaba siempre en un lugar conocido”, hasta que “a los 20 años y pico leo ‘Orgullo y prejuicio’ y descubrí que te inventas la habitación y la implantas en una convención cuando escribes y entonces el proceso se revierte”.

La segunda carta -o fragmento- le tocó al autor de “Desgracia”, quien con voz grave e impuesta retomó la estudiada escena que vienen de hacer en Santiago de Chile.

El tema, ahora, era la competencia, y Coetzee leyó la misiva del 6 de abril de 2009.

“Lo que yo asocio con la competición no es placer en absoluto, sino un estado de posesión en el que la mente se ofusca en una única meta absurda: derrotar a un desconocido por el que no sientes ningún interés (…) No me gustan las formas del deporte que imitan fielmente a la guerra (…) la derrota es algo vergonzoso y por tanto imponerla también es vergonzoso”.

Sin alternarse, el Premio Nobel de Literatura en 2003 continuó con una de las cartas más interesantes, donde reflexiona sobre los nombres y los arbitrarios significantes.

“En poesía, las connotaciones de las palabras -las acumulaciones de significado cultural que las rodean- sí importan”, subrayó.

En este punto del encuentro, no se saltearon los temas, siguieron parejos y Auster contestó sobre los momentos, lugares y personas que le sobrevienen con sólo evocar un nombre o un número. “Los números cuentan historias, y detrás de la blanca pared de su anonimato son tan evocadores y están tan llenos de vida como los Campos Elíseos de París”, contó.

El afable Auster relató: “me he pasado la vida explorando mi propio nombre, mi gran esperanza es nacer de nuevo en la piel de indio americano. Paul: en latín, pequeño, humilde. Auster: en latín, viento del Sur: un viejo eufemismo norteamericano que designa un bocinazo rectal. Volveré llevando el orgulloso y enteramente apropiado nombre de Pequeña Ventosidad”.

Coetzee fue el encargado de cerrar la velada con la lectura de una última carta en la que consideró que ve las cosas con mayor claridad que cuando era joven. Allí saludó el derrocamiento de Muammar al Gaddafi en Libia, incluso cuando “no hay duda de que el régimen que lo sustituya será venal y corrupto y tal vez incluso dictatorial”.

Y bajó el telón del concurrido evento con las palabras finales del libro común: “El mundo sigue enviándonos sorpresas. Y nosotros seguimos aprendiendo. Fraternalmente, John”.


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