La importancia del Comité Contra la Tortura



Santiago Mauri*/Roberto Samar**


Es un paso que da Neuquén en la búsqueda de reducir la violencia. Pero es necesario que se intervenga con políticas eficientes para modificar la selectividad del sistema.


Después de diez años de ser presentado el proyecto, la Legislatura de Neuquén aprobó la creación del comité contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Este era un reclamo histórico de los organismos de derechos humanos.

El proyecto se enmarca en la Convención Americana de Derechos Humanos y en la Convención contra la Tortura y Otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes, ambos con rango constitucional desde 1994.

La tortura y la violencia institucional en contextos de encierros son dos mecanismos íntimamente relacionados y notoriamente comprobables, es decir, en agencias estatales se presenta la violencia, y en particular la tortura, como una forma de gobierno.

Los puntos de apoyo de las violencias son múltiples y están presentes discursos que la legitiman. A modo de ejemplo: “Que se pudran en la cárcel” escuchamos decir más de una vez. La idea que subyace es que la degradación de la condición humana de esa persona encarcelada, la va a llevar a reflexionar sobre su accionar. Hay una lógica de la psicología conductista: cuanta más violencia y brutalidades sufran, mejor.

Esas miradas se fortalecen en discursos ficcionales. Al no tener un contacto directo con estos espacios, estas imágenes y narrativas calan hondo porque no tenemos con qué contrarrestar esas representaciones mediáticas. La idea de monstruos violentos, sádicos, adictos y perversos es la representación más difundida y aceptada. Estas configuraciones inciden en la construcción de un sentido común, y su correlato es un discurso bélico que intenta legitimar prácticas violentas y promover discursos discriminatorios contra esas personas.

El contraste con la realidad es verdaderamente impactante, porque lo que se observa ni bien se corre la mirada señalada es a personas jóvenes, provenientes de sectores marginados y postergados de nuestra sociedad, con privaciones o ausencias de derechos a la largo de su corta e intensa vida, y expuestas a una sanción brutal, que en ocasiones tiene muy poca correlación con la conducta desplegada. Para ejemplificar: a personas con problemas de adicción que, en un marco de miseria y consumo, intentaron robar un celular, se las condena en ágiles y veloces procesos penales a 3 años y 6 meses de prisión. Otro ejemplo: en familias monoparentales a cargo de mujeres que comercializan el narco menudeo, se condena a estas mujeres a 5 años de prisión. Si bien es una generalización ilustrativa, este perfil abunda en nuestras cárceles.

Frente a este escenario, ¿los discursos del “otro” violento y monstruoso ayudan a reducir la violencia? Claramente no.

Raúl Zaffaroni explica que este estereotipo dominante, construido principalmente por comunicaciones montadas sobre prejuicios sociales, termina siendo internalizado por quienes portan la sospecha (vidas marginales, pobres y precarias). Es decir, la persona que es señalada como portadora de una potencial violencia, puede introyectar esa demanda y comportarse conforme a ella.

Creemos que la creación del Comité contra la Tortura es un paso que da Neuquén en el camino de reducir la violencia. Pero también es necesario que se intervenga con políticas eficientes para modificar la selectividad con la que opera el sistema.

En su mayoría, las personas detenidas son jóvenes o mujeres a cargos de sus familias, en situación de pobreza, quienes no pudieron ejercer su derecho a la educación, ni su derecho al trabajo, y que más de la mitad están en condición de procesadas, es decir, son técnicamente inocentes. También el colectivo Lgtbiq sufre esta mirada selectiva.

A toda luz es visible esta injusticia: a quienes menos posibilidades tienen de vivir una vida digna, más se las llena de etiquetas negativas. Por eso, esta mirada cae frente a la realidad: no hay monstruos en la cárcel, hay una universalidad de personas distintas que desarrollan su humanidad como pueden, en un contexto de encierro y violencia. Sin dudas hay episodios de violencia, pero también hay solidaridad, compañerismo, amistad y búsquedas de vidas vivibles.

Si queremos construir una sociedad más segura, basada en el ejercicio de derechos, debemos desmantelar el discurso vindicativo y punitivista, para fortalecer imaginarios colectivos que ayuden a consolidar derechos en los espacios de detención, lo cual redundará en una sociedad menos violenta.

En el plano de las políticas públicas, cuando el Poder Ejecutivo reglamente la ley, la Legislatura de Neuquén tendrá la enorme responsabilidad de aprobar la designación de candidatas y candidatos para el Comité. Esa integración podrá -y esperemos así sea- ser plural, con equidad de género e independiente de los tiempos políticos electorales, para llevar adelante una agenda dinámica y eficaz que tenga como objetivo primario eliminar todo trato inhumano en los lugares de encierro.

*Abogado, integrante del Colectivo Limando Reja

**Especialista en Comunicación y Culturas UNC, docente en UNRN


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