La incertidumbre electoral, otro clásico argentino
Fernando Nole

La incertidumbre, lamentablemente, es uno de los aspectos característicos que envuelve la vida de los argentinos desde hace más de cinco décadas.
Incertidumbre que se acrecienta con el paso del tiempo y de las distintas disputas electorales.
Se puede decir que la incertidumbre electoral ya es un clásico argentino, donde cada dos años, no cuatro, el país literalmente se para desde el punto de vista económico y todo queda librado a “lo que venga después de las elecciones”.
Sin dudas que esto ha generado un constante desgaste en la ciudadanía, ya que a medida que van pasando el tiempo y las elecciones los problemas se repiten y la falta de previsión y confianza cala profundo en el propio país.
Estamos desembocando en las últimas dos semanas para las elecciones primarias y ninguno de los candidatos a presidente le explica a los ciudadanos cómo hará el país para después de octubre encarar los grandes desafíos como bajar la inflación, seguir manteniendo equilibrio fiscal y comercial, recuperar el poder adquisitivo, la generación de empleo y la capacidad productiva del país.
Es alarmante que, sobre todo desde el lado de la oposición, no se haga ningún tipo de precisión acerca de cómo se van a encarar esos grandes desafíos que tiene el país por delante.
No hace falta viajar muy lejos para “añorar” lo que debería ser algo mucho más normal para un país como son las elecciones presidenciales o legislativas y que no se pare “todo” como ocurre en la Argentina.
Sin ir más lejos tenemos algunos ejemplos en nuestra propia región. Por caso Uruguay, Chile, Perú y mismo Brasil, en donde las elecciones generan una lógica expectativa pero no se llega al extremo de lo que se vive en la Argentina, donde todo el mundo dice “bueno vamos a ver qué pasa después de las elecciones y nadie tiene la menor idea”.
Si en algún momento asumimos como ciudadanía el rol de tener un país previsible, no podremos continuar con la postura actual de que se para todo y el “vamos a ver después de las elecciones”.
Si en algún momento asumimos como ciudadanía el rol de tener un país previsible, no podremos continuar con la postura actual de que se para todo y el “vamos a ver después de las elecciones”.
Soy un convencido de que la Argentina debe conseguir aspectos estructurales que estén más allá de las elecciones de turno, sean presidenciales o parlamentarias.
En concreto, en la medida en que el país logre más solidez institucional, equilibrio en sus cuentas públicas, ser competitivo con el tipo de cambio y con los costos, emisión monetaria acotada e inflación acorde a los estándares internacionales, sin dudas que los comicios serán asumidos por la sociedad de una forma diametralmente distinta a lo que ocurre en la Argentina desde que volvió la democracia en diciembre de 1983.
Considero, desde mi humilde opinión, que no hay forma de crecer social y económicamente si no establecen las bases sólidas para el equilibrio macroeconómico y mayor calidad institucional.
Desde que volvió la democracia nuestro país siempre anduvo como un péndulo, esperanzado en programas económicos “salvadores”, en ministros “salvadores”, y caminando siempre de un lado a otro sin mayor rumbo que la proximidad de las elecciones de turno.
Claramente si queremos corregir tanta decadencia es casi imposible lograrla si no hay consensos, es decir, una amplitud política básica para fijar bases que le permitan al país crecer hacia delante, con una economía equilibrada, previsible y enfrentando un mundo cada vez más complicado con mayor solidez institucional y macro, aspectos que lamentablemente “en esta campaña electoral vuelven a ser inexistentes”.

La incertidumbre, lamentablemente, es uno de los aspectos característicos que envuelve la vida de los argentinos desde hace más de cinco décadas.
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