La inevitable sinergia entre política y economía

Las principales variables están más deterioradas que en las elecciones anteriores. Lo que muestra el tablero económico de cara a una elección crucial para el futuro del país.

La ‘sinergia’, es un fenómeno por el cual actúan en conjunto varios factores, o varias influencias, observándose así un ‘efecto conjunto adicional’ al que hubiese acontecido con los factores operando independientemente. Cuando existe sinergia, se crea un efecto extraordinario producto de la acción conjunta o solapada de las diferentes variables involucradas, que ninguno de los sistemas hubiese generado en caso de actuar aisladamente.

La definición describe a la perfección la relación que existe entre política y economía, o entre economía y política. La interdependencia mutua entre ambas dimensiones de la vida en sociedad, se profundiza en un país como Argentina, acostumbrado a la incertidumbre, a los cambios bruscos, a las medidas intempestivas. Un país que ha creado una resiliencia propia a las crisis, y se anticipa a los cambios de escenario. Cada vez que sucede un evento político relevante, la economía se hace eco y devuelve efectos inmediatos. De igual forma, cada vez que tiene lugar un suceso económico, la política funciona como espejo.

La relación vuelve a quedar a la vista este año a medida que se avecina un nuevo proceso electoral, mientras la pandemia no cede, y las principales variables económicas muestran fragilidad. Los interrogantes naturales son acerca de cuál es el escenario económico en el que llegan las elecciones y como puede ese escenario influir en el resultado. De la misma forma ¿puede el resultado electoral trastocar la dinámica de las variables económicas?

En este sentido, vale la pena realizar un repaso acerca de la dinámica de las principales variables económicas, no solo en 2021, sino en las últimas tres elecciones, a fin de identificar los posibles vectores directos o indirectos entre la economía y el resultado electoral.

Guzman. El actual conductor de la política económica.


Existen al menos seis variables que son termómetro del momento que atraviesa la economía, y permiten hacer una lectura panorámica: la inflación, la pobreza, el desempleo, el crecimiento, el dólar y el salario real.

Las imágenes que acompañan la nota ofrecen un panorama comparativo de las mismas, contrastando el escenario actual con el de las últimas dos elecciones presidenciales y el de la última elección de medio término.

Si la mirada se remonta al año 2015, el escenario previo a una elección en que se plebiscitaba un modelo económico que se mantuvo en el poder durante doce años, no parecía el mejor. Sobrevolaban aires de cambio, y en ese marco la inflación era casi el 25%, luego de al menos siete años en que el registro nunca había bajado del 20%. La pobreza era una discusión latente, con ausencia de datos oficiales y estimaciones alternativas que la ubicaban en el 27%. El desempleo ascendía al 7%, y luego de un 2014 complejo, la economía se encaminaba a un crecimiento del 4%. El salario real en dólares, estimado como el ratio entre el salario promedio de los trabajadores registrados (Ripte) sobre el tipo de cambio oficial, era de u$s 1.578, y uno de los más altos del continente. El resultado de la elección, arrojó una derrota para el oficialismo.

Dos años después, el gobierno de Mauricio Macri aun gozaba de la luna de miel con el electorado, y enfrentaba su primer test de medio término. En el ambiente económico no obstante, comenzaban a avizorarse los primeros nubarrones de la crisis de endeudamiento y balanza de pagos que se manifestaría apenas seis meses después. Las variables eran muy similares a las de 2015, a excepción del salario que comenzaba a caer: inflación del 25%, pobreza del 30%, desempleo del 8%, crecimiento del 3,9%, y salario real de u$s 1.412. El resultado electoral arrojó una amplia victoria para el oficialismo en todo el país.

En 2019, la elección se desarrolló en pleno deterioro de la economía, y con un año de mega crisis financiera a cuestas. Ni siquiera alcanzó el préstamo más grande que el FMI haya entregado jamás a un solo país para revertir el desbarajuste generado por una gestión económica incapaz e ineficiente. A esta altura, las variables ya daban cuenta del deterioro: la inflación fue las más alta de los últimos 30 años (53,8%), la pobreza trepaba al 35%, el desempleo volvió a ser de dos dígitos (10%), la actividad caía 1% y el salario real se desplomó hasta los u$s 947. La elección de ese año, mostró como nunca la sinergia entre economía y política.

El viernes previo a las PASO de agosto de 2019 (ya en veda electoral), una conocida consultora económica convocó a un nutrido grupo de inversores y empresarios, les garantizó que el oficialismo iba a salir triunfador, y los animó a tomar posición en una serie de activos financieros en pesos. El pronóstico generó un desbarajuste de carteras cuando el domingo a la noche se conoció la derrota del oficialismo por más de 15%. Al día siguiente, el dólar se devaluó un 22% en una sola jornada, y el ex Presidente Macri salió desencajado a dar una conferencia de prensa en la que retó a los argentinos por “votar mal”, haciéndolos responsables de su propia impericia para manejar los resortes de la economía.


Cuando la mirada se posa en 2021, se observa que las variables no han dejado de deteriorarse, y que el actual calendario electoral transcurre en el peor escenario económico de las últimas cuatro elecciones. La inflación ya camina nuevamente a un ritmo del 50% anual, la pobreza es extrema y alcanza al 45% de la población (a más del 50% de los menores de 14 años), el desempleo afecta al 10,2%, y el salario real es el más bajo en al menos 12 años (u$s 795). La actividad no obstante, se recupera al 7% tras el golpazo que significó la pandemia en 2020.

Allí radique tal vez el principal argumento oficialista de cara a test electoral. La irrupción del Covid golpeó a todo el mundo por igual. No obstante los vicios que el kirchnerismo exhibió históricamente en el manejo de la política y la economía, siguen presentes en el actual gobierno, a lo que se suman las tensiones internas propias de un gobierno de coalición. A medio término, el gobierno llega mostrando en el haber la exitosa re estructuración de la deuda, una gestión que luce encaminada con el Fondo Monetario Internacional, una matriz comercial con algo de oxígeno producto de los buenos precios de la soja, y buenos números fiscales en el primer semestre del año. Trae a cuestas sin embargo, el fallido intento de expropiación de Vicentín, las restricciones estrictas a la actividad económica producto de la pandemia, las dificultades con la campaña de vacunación, pobreza creciendo a niveles récord, torpes marchas y contramarchas como la del mes pasado en la actualización del monotributo, tarifas nuevamente atrasadas, y un cepo cambiario heredado de la gestión anterior el cuál no se pudo desactivar y se profundizó.


En este último punto, llama la atención el manejo habitual de los gobiernos (sin distinción de color político) en un año electoral, pisando el dólar y utilizando el tipo de cambio como ancla de precios. El gráfico adjunto lo muestra con claridad. Tanto en 2015 como en 2019, el salto en la cotización del dólar se produce luego de la elección, y el año finaliza con el precio de la divisa avanzando más rápido que la inflación. No obstante en 2017 y 2021, el Banco Central se ocupó (y se ocupa), de mantener a raya el precio oficial de la divisa a fin de evitar el traslado a precios y la aceleración inflacionaria previa a las elecciones. Le funcionó a Macri en 2017. El final en 2021 está abierto. Lo que es seguro, es que la estrategia de anclar expectativas a fin de asegurar un resultado electoral, apenas sirve en el corto plazo.

Datos

50%
El ritmo al que crecen los precios a mediados de 2021. El dólar oficial en tanto, lo hace al 36%.
u$s 795
El salario registrado promedio. Registró una caída del 49,6% en solo 6 años.

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