La joyería, el cable a tierra de un psicólogo

Juanito Carnero trabaja en la asesoría pedagógica de un colegio secundario. Pero encontró tiempo para fabricar artesanías en plata, alpaca y pedrería. Aseguró que ser emprendedor es un oficio de doble cara: da independencia pero también incertidumbre.



Para el artesano, en la ciudad de Neuquén la clientela busca siempre la calidad en los productos.  (FOTO: Mauro Pérez)

Para el artesano, en la ciudad de Neuquén la clientela busca siempre la calidad en los productos. (FOTO: Mauro Pérez)

Juan Manuel o Juanito Carnero es un feriante y ahora psicólogo que para sostener sus estudios universitarios comenzó a fabricar artesanías.
Con el tiempo, la joyería artesanal se convirtió, más que en su trabajo, en una forma de vida. Las ferias se transformaron en su mundo, en el lugar donde sus artesanías se resignifican. “Lo que se vive en las ferias es algo muy lindo”, enfatizó.

Hace tres años se recibió de psicólogo en la Universidad Nacional del Comahue, pero recién hace tres meses comenzó a trabajar en el área de la psicología como asesor pedagógico en una escuela secundaria de la ciudad de Neuquén.

Juanito reconoció que el nuevo trabajo llegó en el momento justo, ya que ahora cuenta con un ingreso fijo y tiene un respaldo ante “la crisis económica que se vive”. Y le permite sostener su taller de joyería, que es su cable a tierra.

El hombre aseguró que en estos últimos años se hizo muy difícil vivir del emprendimiento porque la crisis social y económica que hay dificulta las cosas para el artesano y quienes compran artesanías.

“Estas subas del dólar nos afectan directamente a nosotros porque todos nuestros insumos son importados. La plata pasó de valer 36.000 pesos el kilo a valer 45.000. Es una suba importante”, remarcó.

Según el joyero la gente compra menos. Observó que aquellos que tienen un salario estable o un mayor poder adquisitivo “se suelen dar un gustito”, pero que “antes había un público más popular”. Aseguró que la situación está más difícil a nivel ventas y a nivel calidad de ventas. “Se mira mucho, se compra poco y si se compra se busca algo barato”, aseveró.

Sin embargo, destacó que los neuquinos son una clientela que elige la calidad. “Yo me dedico mucho a trabajar con plata y acá en Neuquén hay mucha gente que, aunque sea un metal más caro, la prefiere. Pagan la diferencia porque es de mejor calidad y estéticamente se ve mejor que otros metales”, indicó. El joyero trabaja, además, con alpaca y pedrería.

Aunque ahora también sea psicólogo, Juan Manuel aseguró que no piensa abandonar la joyería artesanal: “Le dedico mi tiempo a las dos cosas”. Indicó que la joyería es un oficio en el que todo el tiempo se puede innovar ya que hay muchísimas variedades de técnicas y materiales.
Ser emprendedor tiene una “doble cara”. “Por un lado te genera independencia, pero a su vez viene de la mano de cierta incertidumbre”, resaltó.

“Eso te obliga a generar redes con otros feriantes y buscar nuevos espacios. Te permite conocer un montón de realidades y experiencias de otros lados. Algunos revenden y otros crean; es un cúmulo de gente que va rotando. Eso es lo más lindo de ser feriante”, concluyó.

La joyería es un oficio en el que todo el tiempo se puede innovar. Hay muchísimas variedades de técnicas y materiales”.

Juan Manuel tiene su taller en su casa

En busca de los feriantes nómadas

“La vida del feriante es un poco nómada”, comenta el joyero de 31 años, aunque asegura que, más que por gusto, “es un poco por obligación porque necesitás salir”.
Juan Manuel suele hacer temporadas en otros lados, tanto en verano como en invierno. En verano suele viajar a la cordillera o a Las Grutas y en el invierno se traslada hacia el norte argentino o a los grandes centros urbanos, que tienen un gran caudal de turistas durante todo el año. “Eso es necesario para subsistir con estos emprendimientos porque nuestro cliente principal es el turista”, recalcó.
El emprendedor expresó que es fundamental trabajar la temporada ya que es donde los feriantes pueden abastecerse y tener un resguardo, porque durante el año tenés muchos momentos de inestabilidad, meses más flojos que otros. “Cuando uno trabaja en ferias depende mucho del clima, y acá en Neuquén el viento muchas veces nos juega una mala pasada”, indicó.
Aunque el fuerte de la capital no es el turismo, Juan Manuel reconoció que suele haber mucha gente durante todo el año.


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