La ley del “compre neuquino”
Está claro que el desarrollo de la actividad hidrocarburífera en Neuquén necesita inversiones que se radiquen, productos y servicios de más empresas.
OPINIÓN
En los últimos días hemos visto y oído una vez más en las noticias, declaraciones, planteos y posturas acerca de la ley 2755. Es una norma provincial denominada “compre neuquino” para el sector hidrocarburífero y minero que fue promulgada en diciembre del 2010 y desde el Centro Pyme-Adeneu fuimos designados autoridad de aplicación e impulsamos su implementación desde el 2013. Estos planteos surgen nuevamente porque estamos impulsando una serie de cambios que entendemos que mejorarán su aplicación y ampliarán la base de empresas neuquinas eventuales beneficiarias de la norma. Son modificaciones menores. De hecho, el cambio principal radica en enmendar un error que fijó la fecha de sanción de la ley como el momento a partir del cual se contabilizan la antigüedad de la empresa y la residencia de sus socios mayoritarios en la provincia. Es una ley de carácter proteccionista -es decir, protege a las empresas neuquinas- que establece un régimen de preferencias mínimas en las contrataciones que de ninguna manera implica exclusividad a favor de estas empresas ni deja afuera a nadie. Está claro que el desarrollo de la actividad hidrocarburífera en Neuquén necesita inversiones que se radiquen, productos y servicios de más empresas. La ley fija requisitos claros y exigentes. Las empresas neuquinas deben cumplir los estándares de calidad, seguridad y medioambiente que requiere la industria. No alcanza con la antigüedad de la compañía y la residencia de los socios. Tampoco se establecen exigencias desmedidas para las obligadas (operadoras y de servicios especializados). La preferencia está en que éstas deben contratar una empresa certificada neuquina con igual oferta técnica aun si sus precios son hasta un 7% superiores a los de la oferta de una “no neuquina” y ello debe darse en al menos el 60% de los montos contratados -obviamente en los rubros en que exista empresa neuquina certificada-. Pero, para ser claro, esta exigencia es irrelevante, ya que por el propio poder de negociación de las empresas obligadas éstas “solicitan” a las cotizantes que bajen sus precios hasta valores para ellas razonables. Los costos y los márgenes son por todos conocidos. Pero esto es un detalle técnico. Lo que quiero plantear es que obviamente sería ideal si la ley no existiera, pero no por una posición ideológica liberal o porque no sea necesario proteger a las empresas locales. Seguramente la ley no existiría si, motu proprio, todas las empresas que operan en Neuquén tuvieran conciencia de la necesidad de desarrollar un tejido empresarial y, además de contratar a empresas locales por “conveniencia” en precio-calidad, tuvieran la “convicción” de la importancia del desarrollo económico con base en lo local. Peco de generalizar, porque en realidad hay muchas compañías que intentan hacerlo. Esto no es mero chauvinismo, pues hay mucho por mejorar. Pero hay decenas de experiencias y de historias de regiones y países que basan su desarrollo en las pymes, lo que permite un crecimiento con mayor equidad. Las pymes de ninguna manera son per se ineficientes o más caras. De boca de las empresas, la seguridad jurídica es una situación o condición que siempre se requiere para el desarrollo de inversiones y negocios. Pues bien, la ley está, hay una ley. Puede gustar un poco más, seguramente es mejorable, pero consideramos que es una buena ley que no plantea exigencias descabelladas, irracionalidades, sino que establece un régimen para cuidar en forma razonable a las firmas locales. De hecho, el “compre neuquino” siempre existió en las leyes de concesión de las áreas hidrocarburíferas, pero sólo como mero enunciado, en una cláusula. Ahora tenemos una ley que lo describe y detalla claramente. Más seguridad jurídica que eso no hay. También desde la implementación el Centro Pyme-Adeneu actúa en forma racional y transparente; se ha consultado permanentemente a las partes para mejorar y enriquecer los procedimientos. Su directorio, compuesto por ocho de once miembros representantes de la actividad privada y todos ad honórem, no permitirían hacerlo de otro modo. Muchas veces se denomina a los trabajadores “bolsas de trabajo local”. Es muy importante, pero no alcanza con que se emplee a trabajadores locales. El desarrollo local también requiere de empresas. A los factores clásicos de producción (tierra, capital y trabajo) se suma la “capacidad empresaria”. Esta ley, junto con muchas otras acciones que la Provincia desarrolla, pretende acompañar al empresariado local preservando así el know how y su capacidad de reinversión en la propia actividad o en otras. No queremos vivir una situación como la que sucedió en Cutral Co y Plaza Huincul a principios de los 90 (la cual me tocó vivir siendo adolescente), cuando se privatizó YPF. La empresa mudó muchas de sus oficinas y claro, mucho del empleo que generaba desapareció de la zona. Ahí también nos dimos cuenta de que bajo la YPF estatal tampoco hubo lugar para la creación de empresas locales. La ley es, en definitiva, un instrumento, no es el fin en sí mismo. El fin es que las empresas locales, las que están y las que se creen, puedan integrarse a la cadena de valor de la actividad hidrocarburífera, crecer, generar valor y desarrollar sobre el suelo la riqueza de nuestro subsuelo. Lo mejor que podría pasarnos como sociedad es que la ley caiga en desuso en los próximos años porque las empresas locales pudieron integrarse a la cadena de valor por “conveniencia” y por “convicción” de todos. (*) Gerente general del Centro Pyme-Adeneu (Agencia de Desarrollo Económico de la Provincia del Neuquén)
FACUNDO LÓPEZ RAGGI (*)