La noche en que Blades instaló el caribe en el Alto Valle

Demostró que además de ser uno de los padres fundadores del ritmo de salsa, a los 66 años su voz conserva todos los matices y puede sostenerse sola, con el leve acompañamiento de los coros en los estribillos.

MUSICA

Tres horas le bastaron a Rubén Blades para inundar de color y sentido sabor caribeño a los valletanos. Demostró así que además de ser uno de los padres fundadores del ritmo de salsa, a los 66 años su voz conserva todos los matices y puede sostenerse sola, con el leve acompañamiento de los coros en los estribillos.

La fiesta fue en el gimnasio del Parque Central de Neuquén, que mostró algunos claros. Arrancó a las 22 del sábado último y se extendió hasta la 1 del domingo, minutos antes de que la mayoría de las miradas se fueran hacia los puños del “Chino” Maidana que boxeaba en Las Vegas.

Al igual que los púgiles y que su compatriota “Mano de Piedra” Durán, este panameño dejó todo en el escenario. Y lo hizo con el respaldo de una banda compuesta por 11 integrantes. Batería, congas, timbales, bajo eléctrico, doble teclado y cinco bronces construyeron el sendero para que su voz se moviera con soltura, aunque el sonido no fue claro y desmereció un poco su trabajo.

Gran parte de las historias sociales que narra hubo que deducirlas. Ayudaron las imágenes, que a modo de videoclip narraban desde la inmensa pantalla ubicada en fondo del escenario. Otra vez el drama de la acústica para los sitios de la región.

Antes de cada tema, Blades fue bien didáctico. Brindó explicaciones sobre el contexto o los motivos que originaron su creación.

La mayoría de sus éxitos estuvieron en el repertorio. Los viejos y los recientes. La rosa de los vientos, Decisiones, Amor y control, Plástico, El padre Antonio y Prohibido Olvidar, que insta a mantener la guardia bien en alto por el “Nunca Más” a las dictaduras en Latinoamérica.

Hubo un homenaje para “los que se fueron” cuando cantó Todos vuelven. Recordó entonces al guitarrista Paco de Lucía, a Juan Formell, director musical de los cubanos Van Van. Y un homenaje especial tuvo para el escritor colombiano Gabriel García Márquez, también un apasionado de la música.

“Le pedí hace años a Don Gabriel que escribiéramos algo juntos. Y el me decía: Hombre, que no hay canción que aguante todo lo que hay para decir”. Cantó entonces el tema recreado que toma por titulo el cuento de Gabo, “Ojos de perro azul”.

El final se aproximaba. Antes alcanzó a contar su orgullo de chico de barrio caribeño que llegó al título de doctor (se recibió de abogado y fue ministro de Turismo en Panamá). “Oye, que en nuestra época el título era un logro de toda la familia, no era un logro indivivual”, aclaró.

Los acordés de Pedro Navaja inundaron el gimnasio: “Por la esquina de un viejo barrio lo vi pasar, con el tumba´o que tienen los guapos al caminar…”. Rubén Blades cerró así su historia primer capítulo patagónico. Panamá elegía presidente horas más tarde. “No creo que llegue a tiempo, no hay avión tan veloz”, dijo con fina ironía.

Jose Luis Denino


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