La oposición siria en Ginebra





Gregor Mayer (dpa)

La alianza opositora siria en el exilio no lo tiene fácil: arriesga mucho con la participación en las conversaciones de paz en Suiza, pero quedándose al margen se habría excluido a sí misma de la resolución del conflicto. Al principio incluso se mantuvo en secreto el lugar de la reunión mantenida el viernes y el sábado en un hotel alejado de las puertas de Estambul. El encuentro de representantes de la oposición siria en el exilio prometía una fuerte dosis de drama y la intención era que las deliberaciones se realizaran sin cámaras, a puerta cerrada. Y es que se iba a decidir si participaba o no en las conversaciones de paz que arrancarán el próximo miércoles en la ciudad suiza de Montreux y continuarán dos días después en Ginebra. El sábado, una importante mayoría de los presentes votó a favor de hacerlo (58 delegados por el sí y 14 en contra). Las deliberaciones duraron dos días, pero más de 40 delegados de la Coalición Nacional Siria no acudieron. Y no dieron demasiadas explicaciones de su ausencia, cuyo motivo era un secreto a voces: no estaban de acuerdo con la participación en “Ginebra 2”, como se denominan estas conversaciones en la jerga diplomática. O tal vez no querían obstaculizar con sus reticencias una decisión a favor de acudir a Suiza. Para los políticos en el exilio hay mucho en juego. Unas negociaciones con el régimen del presidente Bashar al Assad sin resultados concretos podría costarle el poco prestigio que ya le queda en el país árabe, donde la guerra civil se cobró la vida de más de 130.000 personas en casi tres años. La exigencia inicial de la oposición era que su participación en las conversaciones de paz desembocara en el fin del régimen de Al Assad. Pero vistas las circunstancias actuales, esa demanda se queda en una mera ilusión. La semana pasada, Damasco realizó un par de concesiones tácticas: aceptó la oferta de un alto el fuego para Alepo y permitió un par de envíos de transporte de alimentos para el campo de refugiados palestinos Al Yarmuk (en Damasco), que desde hace semanas vivía un terrible asedio. No se pudo sacar más. Occidente y la potencia regional de Arabia Saudita apoyan a los adversarios de Al Assad, pero no logran ponerse de acuerdo por la continua división y radicalización de algunos grupos. Y es que desde hace tiempo, en Siria no se enfrentan sólo los insurgentes contra el régimen de Damasco, sino también las milicias islamistas más moderadas contra los extremistas próximos a las redes locales de Al Qaeda. El Ejército Libre de Siria (ELS), que surgió de un grupo de militares desertores, ha quedado completamente desplazado a un segundo plano y el desconcierto es enorme sobre todo a la hora de decidir a quién apoyar. De las conversaciones en Suiza, Occidente espera al menos el cese de la dinámica letal en los combates. Es por ello que sobre los delegados de la Coalición Nacional Siria en Estambul recaía la enorme presión de no hacer descarrilar las conversaciones antes de comenzar. El líder de esta alianza, la principal plataforma opositora, Ahmed al Yarba, está considerado un hombre de confianza de Arabia Saudita. Al parecer empleó muchos trucos y tuvo que apretar muchas tuercas para que los delegados votaran a favor de participar en Suiza. Pero al final puso buena cara al juego sucio. “Iremos a Ginebra sin ceder en ningún principio de nuestra revolución”, dijo en la rueda de prensa de clausura. El régimen de Al Assad “acudirá a su propio entierro” con la participación en la conferencia. El influyente comentarista saudita Abdulrahman al Rashid señaló ayer en el diario “Asharq al Awsat”: “En Ginebra se forja el futuro de Siria. (…) El que se quede fuera tan sólo se hace daño a sí mismo”.


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