La partera que hacía parir antes a adolescentes para vender sus bebés
Al menos tres mujeres descubrieron que sus familias las compraron a una partera de Ramos Mejía.
LA JUSTICIA LA CONDENÓ
Nilda Civale de Álvarez, de 83 años, se desempeñó como jefa de obstetricia del Hospital de González Catán. La cercanía a las mujeres embarazadas y sus conocimientos le permitieron montar un negocio oscuro: un consultorio clandestino donde hacía parir antes de los nueve meses a adolescentes embarazadas y vendía a sus bebés.
Civale de Álvarez fue descubierta gracias a varios de esos bebés que de grandes sentían que tenían dudas sobre su identidad. Esto le sucedió a Andrea Belmonte, quien cree que tiene 45 años, pero no lo sabe con seguridad. En terapia le decía a su psicóloga que tenía una sensación de abandono a pesar de tener familia. Movida por el instinto se acercó a Abuelas de Plaza de mayo y le confirmaron que por su edad no era una nieta.
Descartada esa posibilidad, Andrea le entregó su partida de nacimiento al Equipo de Antropología Forense y ellos encontraron una constante entre varias personas que se habían acercado con dudas sobre su identidad: el nombre de la partera que firmaba las actas, Nilda Civale de Álvarez.
“Cuando mi mamá (adoptiva) murió, escuché por la radio una propaganda de Abuelas. Fui y me dijeron que por la edad no podía ser. Fui a preguntarle a mi tía y ella me terminó confirmando que era adoptada. Me contó que cuando mi mamá se enteró de que no podía tener bebés, un médico del Hospital Británico le dio la dirección de esta partera. Así fue que primero compraron a mi hermano”, contó Andrea a Clarín.
“Después me compraron a mí. Mi mamá siempre me dijo que yo había nacido sietemesina y parece que así era como se manejaba esta mujer. Llevaban a chicas jóvenes a parir al consultorio y ella les adelantaba el parto para evitar que parieran en hospitales y así podía luego vender a los bebés”, agregó Andrea.
Al caso de Andrea se sumó el de Clara Lis Pereyra y Patricia Uriondo. Por los tres casos la partera fue condenada el viernes pasado por el Tribunal Oral Federal 5 de San Martín a 7 años de prisión por “sustraer, ocultar y suprimir la identidad” de tres bebés entre 1969 y 1978.
Andrea aún busca a su mamá biológica sin ayuda oficial (aunque así lo había dispuesto la Justicia).
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LA JUSTICIA LA CONDENÓ
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