La protesta política como acontecimiento cultural

Por Mabel Bellucci

En décadas pasadas, el territorio social que definía el conflicto eran los espacios instituidos por las vanguardias políticas del momento que pasaba por la fábrica, la universidad, el sindicato, el partido político hasta la organización armada. En la actualidad, con la irrupción de nuevos colectivos de experimentación social bajo dinámicas de acción novedosas junto con la implementación de prácticas clásicas, se transita una reapropiación de los espacios públicos y sociales que no siempre está mediada por los órdenes institucionales tradicionales. Así, un número significativo de rebeliones y luchas actuales se concreta en la toma y apropiación de las calles, rutas, vías de comunicación, esquinas, plazas, tierras fiscales, viviendas, bancos, establecimientos fabriles y comerciales desocupados tanto en los asentamientos como en los barrios, básicamente de Buenos Aires y Rosario.

La revuelta del 19 y 20 de diciembre si bien significó un punto de inflexión para la acción política en su más amplio sentido, también develó la irrupción impugnativa de colectivos juveniles que se apropian de la política y lo político desde acontecimientos culturales. Vale nombrar la multiplicidad de boletines, folletos, revistas, redes electrónicas, sitios web, murales y graffitis, grupos de arte de acción directa y callejera, performances de teatralización titiritera, programas en radios alternativas, piquetes culturales, centros sociales ocupados, bandas musicales así como la configuración de un circuito de lenguajes visuales. En este último confluyen aquellos fotógrafos, videastas y documentalistas que venían trabajando con anterioridad a la revuelta junto a los que emergen a partir de la misma. Tal es el caso de Boedo Films; Fundación Alumbrar; 1º de Mayo; Argentina Arde; Ojo Obrero; Venteveovideo; Contraimagen; Proyecto ENERC; Movimiento de Documentalistas; Indymedia Video; Asociación de Realizadores Audiovisuales del Neuquén (ARAN) como también la producción de las escuelas de artes visuales, entre otras tantas expresiones.

Si hablamos del documental, podríamos decir que constituye un género artístico de exploración vital, de movimiento y de relatos vivos que se amolda con suma familiaridad a la narración exigida por el contexto político presente.

En suma: se rueda en el mismo espacio del acontecimiento y se toma en el momento y en el lugar en que los hechos están transcurriendo, con las mismas personas que lo protagonizan. Cada colectivo al estar inserto dentro de la comunidad que los origina, trabaja sobre su terreno geográfico y social; abriendo así indiscutibles posibilidades al documental para la producción de sentido y para la captación de imágenes que posibilitan al cine convertirse en un testigo invalorable de todo este proceso emancipatorio en tránsito. Asimismo, los materiales y los relatos espontáneos por más que sean seleccionados por los propios realizadores adquieren una impronta de naturalidad manifiesta sin condicionamientos argumentales.

En América Latina, la década de los sesenta imprimió una cinematografía alternativa -en cuanto a sus temáticas y modos de circulación- (conocido como cine político o revolucionario) testimoniando las experiencias de cuño socialista y de izquierdas nacionales que se llevaron a cabo durante esos años en nuestros países.

Mucho de lo elaborado hasta el momento son productos sostenidos mediante la autofinanciación de grupos o de iniciativas individuales, generando un incentivo pujante al documental. Así, este género va nutriendo al incipiente movimiento político cultural que acompaña de manera comprometida las rebeliones y las nuevas prácticas de participación popular.

Algunos de ellos, si bien se exhibieron en salas convencionales, su fuerte fue el ser proyectados en agrupaciones y actividades piqueteras, en asambleas barriales de Buenos Aires, Rosario; barrios del Gran Buenos Aires y en otras ciudades del país; ocupaciones de inmuebles abandonados; fábricas bajo gestión obrera; universidades nacionales como privadas; ciclos especializados; organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles y en el Foro Social Mundial en la Argentina, como así también en otra diversidad de espacios de discusión y de modalidad activista.


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