La Regata del río Negro y una edición que rompió con la historia

La tradicional travesía regresó a Neuquén este año, tuvo récord de anotados y fue una dupla inédita la que arribó primera a Viedma. El consagrado Néstor Pinta se dio el gusto de ganar junto a su hijo Damián, que hizo su estreno entre los seniors.





Pasado, presente y futuro, sintetizado en un bote. Néstor y Damián Pinta, padre e hijo, se quedaron con la tradicional competencia. (Foto/ Andrés Maripe)

Pasado, presente y futuro, sintetizado en un bote. Néstor y Damián Pinta, padre e hijo, se quedaron con la tradicional competencia. (Foto/ Andrés Maripe)

La 44ª edición de la Regata Internacional del río Negro rompió la historia en mil pedazos por varios aspectos.
El regreso a Neuquén tras seis años de ausencia, las siluetas del número inédito de 150 botes recortando las aguas del Limay en la largada para el primer día de competencia en Senillosa y la vigencia a prueba de calendario de Néstor Pinta, hicieron que este año la travesía tuviera un nuevo cambio de piel
.

La legendaria prueba volvió a reiventarse aunque no de cero. Su proceso de maduración tuvo un nuevo ciclo y en este 2020 la organización del club Náutico La Ribera sumó un nuevo eslabón hacia la prueba ideal.
Fue un acierto mayúsculo la implementación del chip electrónico para cotejar los tiempos. De esta manera el margen de error en cada arribo quedó reducido a la nada, poniendo fin a algunas polémicas que se suscitaban con el registro manual.
Seguramente para las ediciones futuras habrá que confeccionar un arco de llegada un poco más amplio que el que se estrenó en esta edición, y que pueda ser usado a mayor profundidad. En la llegada de la primera etapa, a pocos minutos del arribo de las primeras embarcaciones, hubo que desplazar hacia el centro del río en busca de profundidad, el arco que sirve de sostén a las antenas que recepcionan los tiempos.

“La Regata ha dado un salto importante con el tema del chipeaje, es muy positivo haber comenzado con esto. Ahora hay que ir para las próximas ediciones por un control antidóping estricto. Los palistas necesitamos que la Regata también se haga seria de esa manera y seguramente va a empujar para que sea más importante para el mundo del canotaje”, aseguró Néstor Pinta en un alto de la travesía.

El Piri, una voz más que autorizada para este tipo de sugerencias, sigue validando su importancia donde se siente más cómodo: el río. El enorme palista maragato ganó su 16° título en esta prueba, y lo ha hecho con tres compañeros distintos, un logro que sólo había conseguido la leyenda neuquina del canotaje, Juan de la Cruz Labrín.
Más allá de su primer triunfo, en el 1999 junto a Hugo Ortega, y los otros 14 junto a su eterno compañero Martín Mozzicafreddo, el conseguido este año fue sin dudas especial porque lo hizo nada menos que con su hijo Damián, ganador en dos oportunidades del K2 junior junto a Federico García Opazo (quintos en el último Mundial de China para su categoría). En su primera incursión entre los senior, Damián estuvo a la altura de los laureles de su padre y comenzó a trazar su propia historia al ganar la Regata con tan sólo 18 años.
Quedará resolver a futuro para la organización, algunos inconvenientes como los que provoca el intrincado recorrido de la clásica etapa entre Roca y Regina. Un detallado balizado y una largada más segmentada, quizás sea la solución a tantos botes dados vuelta y algunos reclamos por corte de río.

Números pasados por agua

16
las veces que Néstor Pinta ganó la Regata: una con Hugo Ortega, 14 con Mozzicafreddo y ahora junto a su hijo Damián.
2014
fue la última vez que se había largado desde Neuquén. Este año la prueba volvió a ser de dos provincias.

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