La semana en San Martín de los Andes: Zapatillas
El hospital de San Martín fue diseñado hace 30 años, para cubrir necesidades equivalentes a la cuarta parte de la población actual. Luego se le han hecho añadidos, pero en el fondo es el mismo noble par de «zapatillas».
Que faltan enfermeras, que faltan médicos, que la entrega de turnos es un caos, que se deben reforzar los centros periféricos, que los consultorios externos son liliputienses… se escucha decir, entre otras carencias. Las autoridades sanitarias admiten que hay dificultades y que es imprescindible reestructurar el Ramón Carrillo, pero dicen que no hay desborde en la atención y mucho menos, colapso. Es un hospital que hay que mejorar pero que aún «puede aguantar», dijo un directivo con inocencia, y desató iras entre los miembros de la comisión por un nuevo hospital.
Pero, a su modo, lo que dijo el profesional es similar a lo que dijo el propio gobernador la pasada semana, cuando admitió que de los «estudios preliminares» no surge como prioritario un nuevo hospital para San Martín. Pasaron dos años desde que se comprometieron esos mismos estudios (los anunció Sobisch) y lo que resulta curioso es que sigan siendo «preliminares». En fin…
Desde la Subsecretaría de Salud dicen que tomará unos seis meses hacer un nuevo informe técnico sobre necesidades del hospital. Por cierto, esos plazos pasarán de largo el Presupuesto 2007, con lo que ya habrá que pensar en el 2008.
Ahora bien. La salud pública no es un asunto de recortar y pegar. Se estructura desde una política madre, que la articula en el tiempo, con criterios técnicos que sirven de sustento a las decisiones para el uso eficiente de los recursos. Luego, claro, tan racional aserto choca con las urgencias y necesidades de la política cotidiana (léase, electoral y/o de «armonización» de intereses) y allí puede pasar cualquier cosa, sin perjuicio de admitir que la salud pública en la provincia es aún una pequeña joya, si se la compara con otras jurisdicciones.
En una reciente reunión para tratar la problemática del hospital, un connotado político deslizó sospechas de que existiría una decisión larvada para mantener la institución en su actual estado, porque aquí «florece» la medicina privada.
En efecto, hace menos de cinco años se carecía de quirófanos privados (ahora ya hay dos) y las «clínicas» eran una suma de consultorios en un mismo lugar, para abaratar costos o especular con los alquileres, según el caso. Pero ahora aparecen centros privados con mayores prestaciones y pretensiones, y hasta se habla de la internación como el próximo paso, hoy reservada casi con exclusividad al hospital. Lo dicho: hay quienes creen que si la medicina privada avanza en San Martín, la medicina pública tenderá a rezagarse por el simple y premeditado efecto de «no hacer olas». Se trata de una especulación que, de tan perversa, podría ser verdad como podría ser pura fantasía conspirativa. Como fuere, convendría no perderla de vista.
FERNANDO BRAVO
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