La tolerancia y el respeto por el otro

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La tolerancia hacia los demás, este sentimiento positivo que Dios nos ha otorgado como un atributo individual, amerita ser utilizado más frecuentemente, y en las situaciones más adversas de resolver. Como Argentinos, debemos aceptar que no somos todos iguales y que la diversidad de ideas, resulta una consecuencia directa de la formación cultural e intelectual de cada uno. Pensar diferente no nos debería conducir a un choque directo, por lo contrario, nos debe hacer recapacitar que el otro, dispone de un punto de vista diferente al nuestro y que su opinión contraria, merece ser respetada.

En la actualidad, en nuestro País, tanto el fanatismo recalcitrante que, en otro lugar del planeta, condujo ciegamente a cometer masacres; así como los pensamientos neoliberales de algunos Compatriotas, donde no se visualiza la situación paupérrima que padecen los Argentinos más necesitados; puede producir un profundo disentimiento que, como Sociedad madura, deberíamos superar.

Supongamos que estamos muy mal, que vamos en un sentido inverso a lo correcto y que el Gobierno comete un yerro mayúsculo de concepción sobre lo que significa gobernar; aún en ese estado, la solución transita por advertir cuáles son las mejores alternativas que podemos construir.

Se equivoca Dady Brieva cuando predice que nos vaya mal a los argentinos porque votamos a este Presidente.

En esa instancia declarativa, la masa se enerva en contra, lo menos que puede desear un compatriota es que le vaya mal al otro, a su semejante. Que predique en contra del Gobierno constituye una posibilidad democrática que el humorista la ejerce sin dificultad, pero de ahí a desear el mal colectivo, existe una diferencia abismal.

Por otra parte, no existe peor ciego que quién no quiere ver, la tozudez por querer emerger y a su vez, no disponer de un Plab B de Gobierno o de Funcionarios eficientes, recalienta aún más, la hoguera popular.

Pero en la charla diaria, con nuestros vecinos, familiares, amigos, etc no podemos andar por la vida, enfrentando enemigos con nuestras posturas intransigentes, pensando que sí o sí -a nosotros- nos asiste únicamente la razón.

Debemos respetar y tolerar el pensamiento del otro, al menos escucharlo y poder expresar nuestra opinión, si ello no sucediera no será porque no generamos el clima ideal sino porque nuestro receptor, no acepta el pensamiento esbozado por nosotros.

La tolerancia es saber imprimir paciencia al otro, darle su espacio y su tiempo de exposición, sin molestarlo, y mucho menos, darle la razón sin sentido.

Tolerar es aceptar que su idea no resulta igual a la nuestra y que él, debe continuar viviendo junto a nosotros en un mundo de paz y armonía, superando toda hostilidad y violencia. Si no piensa igual no hay porque odiarlo, ni agraviarlo, el tiempo y las circunstancias darán la razón, a uno o a otro.

¿Qué se gana con gritar, insultar, descalificar al otro porque éste no piensa igual que uno?. Sería infligir un daño gratuito hacia un semejante por no pensar igual que nosotros.

Por último, roguemos por la Institucionalidad del País que algunos dirigentes se han encargado muy bien de preservarla, ya que sólo alcanza con observar las actitudes adoptadas en el Congreso Nacional donde en dicho ámbito, ha primado la necesidad de respetar la Constitución Nacional.

* Docente, escritor, exconcejal de Viedma .


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