La vida de viaje en bicicleta
Un día decidimos decirles que sí a nuestros sueños y salimos con la cámara de fotos, cuaderno y bicis a recorrer la Argentina de sur a norte por la mítica Ruta 40. Acá te empezamos a contar nuestra historia, después de nueve meses de viaje. Somos Jimena y Andrés, ¿nos acompañás?
Tierra del Fuego
Soñábamos con viajar o viajábamos soñando, da igual. Los dos, sin saberlo, estábamos en plena búsqueda, algo indecisos y fastidiosos con nuestra realidad cotidiana pero sabiendo que la vida se podía vivir de otra manera, no al ritmo y velocidad de una ciudad tan grande como Buenos Aires. En ese “encontrarnos” descubrimos nuestras verdaderas pasiones, aquellas que siempre estuvieron ahí pero que nunca escuchamos. La escritura, la fotografía y las ganas de viajar, se convirtieron en eslabones difíciles de separar. Queríamos sentirnos libres, buscábamos conocernos y conocer al mundo.
Después de varios meses de idas, vueltas y muchos preparativos, tomamos la decisión: “vivamos nuestra vida de viaje”. Agarramos la cámara de fotos, el cuaderno y las bicicletas: éste iba a ser nuestro medio de transporte para viajar. Nos sedujo la aventura, la libertad y la independencia que implicaba movernos en dos ruedas. Siempre conversábamos que antes de recorrer otros países, queríamos conocer el nuestro de punta a punta. Argentina iba a ser nuestro primer destino y la mítica Ruta 40 (que la cruza de sur a norte) el camino. Pero cuando vimos el mapa, nos tentó la idea de empezar este periplo por Tierra del Fuego y conocer esa porción tan lejana del sur de nuestro país.
Volamos un 28 de diciembre hacia Ushuaia, llenos de preguntas. Este iba a ser nuestro primer gran viaje en pareja, en carpa, en bicicleta y sin calendario. Nunca le pusimos una fecha límite a este nuevo estilo de vida que elegimos porque sabíamos que duraría lo que debía de durar. Ni bien pisamos el fin del mundo, armamos las bicicletas que habían viajado en cajas y salimos pedaleando del aeropuerto como si nada, sintiéndonos raros pero con una gran emoción en el pecho. Ya habíamos dado el paso más difícil: el tomar la decisión.
Paramos en un camping varios días para aclimatarnos, probar todo el equipo (además de probarnos a nosotros mismos) y aprovechamos para entrar en calor con nuestras compañeras que estaban tan temerosas como nosotros. Empezar a acostumbrarnos a que las comodidades las habíamos dejado en Buenos Aires era todo un desafío: noches de carpa, duchas en baños compartidos, cenas en pequeños platos de plástico y bolsas de dormir iban a convertirse en cuestiones cotidianas de nuestra vida de viaje.
El festejo de fin de año nos encontró sonriendo, así que sin darnos cuenta y más rápido de lo que pensamos, nos empezó a gustar este estilo de vida. Cuando el reloj marcó las 12, brindamos con un español y una belga mientras comíamos una porción de arroz con salsa de tomate. Nuestras copas eran vasos y nuestra champaña, agua mineral. ¡Año nuevo, vida nueva!
Mucho nos hablaron del Parque Nacional Tierra del Fuego, así que elegimos este lugar para pedalear nuestros primeros kilómetros. Camino al Parque, nos encontramos con ráfagas de viento que nunca en nuestra vida sentimos (y que nos despertaron un profundo respeto), el fastidioso ripio (o piedra suelta) que hacía temblar nuestras bicicletas y las subidas más empinadas de la ciudad (Ushuaia tiene calles muy inclinadas y difíciles de subir en bicicleta, más aún si están cargadas con equipaje). A pesar del “estrés” de la ruta, llegamos y descubrimos un lugar de ensueño. Lagos adormecidos, familias de cauquenes, montañas tocando el cielo, pájaros de todo tipo dibujando líneas en el aire y nosotros en silencio, empezando a sorprendernos con las primeras imágenes que íbamos grabando en nuestra memoria y congelando en fotos.
Después de varios días, el 7 de enero comenzamos oficialmente el viaje. El kilómetro 0 de la 40 nos estaba esperando en el punto más austral de la provincia de Santa Cruz y hacia allá fuimos, ansiosos y expectantes por ver lo que el camino tenía para nosotros.
En la próxima entrega, “Donde nace la Ruta 40”.
Jimena Sánchez
lavidadeviaje@gmail.com
Fotos: Andrés Calla
(Sigue en página 4)
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