La vuelta al mundo de Divididos en ocho años

El power trío vuelve a la región después de dos años de ausencia.

¿Cuánto rock cabe en ocho años? A Los Beatles les alcanzaron para formarse, grabar sus doce discos, pelearse y separarse. A Andrés Calamaro, para grabar cuatro discos de estudio, tres compilados y otros tres en vivo, además de cientos de canciones que vaya uno a saber dónde están, pero que las grabó, las grabó. ¿Y a Divididos? En principio, fue tiempo suficiente para cambiar de baterista. Para adoctrinar al nuevo, poner a punto el estudio propio de grabación, “La Calandria”. Y para generar el necesario proceso creativo que suceda a aquel ya lejano “Vengo del placard del otro”, del ya lejanísimo 2002. Así lo explica Ricardo Mollo: “El proceso creativo lleva el tiempo que lleva, no lleva un tiempo determinado. No esto de cada dos años hay que sacar un disco. Antes era cada un año, ahora es cada dos. Alguien corrió el parámetro porque evidentemente hay cosas que no se pueden medir (…) El proceso creativo es el proceso creativo y va a llevar el tiempo que lleve, porque no tiene tiempo. El proceso creativo está dentro de lo emocional y en lo emocional no existe el reloj”. Ese nuevo proceso creativo finalmente ocurrió y lo que parió fue “Amapola del 66”, el primero con Catriel Ciavarella, el sucesor de Jorge Araujo, que antes había sucedido a Federico Gil Solá, que antes había sucedido a Gustavo Collado.¿Y antes del tal Collado? Nada. O sí, una batería electrónica. Una máquina. La muerte de Luca Prodan, en diciembre de 1987, había dejado a Sumo sin razón de ser y a sus músicos, desnudos de cuerpo y alma. Pettinato se había ido a España. Daffunchio y Troglio, a las sierras de Córdoba. Y allí quedaron Diego Arnedo y Ricardo Mollo. Sin nada y en el mismo lugar, la estación de Haedo. Como al principio. O no, porque nadie queda igual si tocó en Sumo. “Sumo se había terminado y había que empezar de nuevo desde abajo, había que seguir con nuestras vidas”, le confesaba Arnedo a Gloria Guerrero en una nota para la revista “Humor”. Y además: “La gente que nos viene a ver no sabe bien qué quiere, es como que viene a terminar el duelo. Esperan que suba Luca, que en algún momento suba…” Eran los feos días de agosto del 88. Para entonces la batería electrónica ya había sido reemplazada por Gustavo Collado, a quien Arnedo conoció en un bar y después de varios tragos invitó a tocar en Divididos. Y Collado que venía de La Sobrecarga, le dijo que sí. El debut de Divididos ocurrió el 10 de junio del 88 en Rouge, un pub del barrio de Flores. Entre noviembre de ese año y marzo del 89, el trío grabó el primer disco: “40 dibujos ahí en el piso”. Oscuro, rocker y con mucho Sumo. Duró poco la sociedad. En 1990 se fue Collado y lo reemplazó Federico Gil Solá, la bestia de los parches recién llegada de San Francisco. La banda ganó potencia y comenzaba a asomarse la aplanadora del rock. Con Gil Solá grabaron Acariciando lo Áspero (1991) y La Era de la Boludez (1993), quizás los dos álbumes más exitosos del trío. “Acariciando…” porque fue una secuencia ininterrumpida de hits (El 38, Sábado, Qué tal, Sisters, Ala Delta dan fe de eso) y “La Era…” porque fueron producidos por Gustavo Santaolalla, mezclaron en Estados Unidos, llenaron 13 Obras de tres horas cada uno y “Qué ves” fue hitazo después de ser incluido en la película Comodines, de Suar y Carlín. Por todo eso y más, tocaron el cielo con las manos. Aunque después con el culo cayeron al infierno. Sobrevino la crisis interna. Los desbordes de Mollo y Arnedo eran importantes, pero los de Gil Solá los eran aún más. Y a mediados del 95 el baterista dejó la banda. Inmediatamente lo reemplazó Jorge Araujo, “Magoo”. Fino baterista que llegaba del grupo de fusión Monos con Navaja. Sin público, sin contrato discográfico, pero con batero nuevo, Divididos grabó Otroletralabadnna (1995). O si quieren, “Andalavartelorto”. (Casi) nadie entendió nada. Ni por qué el disco se llamaba así, ni por qué sonaba como sonaba, ni por qué ese tipo estaba detrás de la batería si no tenía nada que ver con Gil Solá. ¿El peor promedio de la época? 45 personas en tres días, en “Señor Chinasky”. Sí, la cuenta les dio bien: 15 personas por recital. Pero resultó que Otroletralavadna no estaba tan mal (Tomando mate en la paz, Basta fuerte, 15-5, Agua en Buenos Aires, dan fe) y que Araujo escondía un batero también animal. “Gol de Mujer” (1998) fue el resultado de un trabajo de desintoxicación literal y metafórica. Es que el 7 de enero de ese año, el día en que iba a tocar en Buenos Aires Vivo, Arnedo hizo el bolsito y se fue a internar a una clínica de Hurligham sospechando que su páncreas estaba en serios problemas. Y sospechó bien. La pancreatitis aguda lo volteó más de un mes hasta que el 28 de febrero, ya repuesto de aquella especie de tsunami, Divididos tocó aquel recital postergado de enero. Y lo hizo ante 100.000 personas. Divididos estaba vivo. Con Arnedo ya repuesto, la banda viajó a Estados Unidos y grabó Gol de Mujer, un disco a la altura de la Aplanadora. Luego vino Narigón del Siglo (2000), registrado en el mítico Abbey Road de Londres, y “Vengo del Placard de Otro” (2002). Ciertas diferencias artísticas entre Arnedo y Araujo terminaron con la salida del baterista en abril de 2004. Magoo tocó por última vez con Arnedo y Mollo el 30 de abril en el teatro El Círculo, de Rosario porque ese había sido el trato: completar la serie de recitales pautados hasta la llegada del nuevo baterista. Y ese nuevo baterista, Catriel Ciavarella, tocó por primera vez el 6 de junio en El Teatro, de Capital Federal. Curiosa historia la de Ciavarella: había sido probado antes que Araujo para reemplazar a Gil Solá, pero era demasiado chico aún. Y curiosa historia la de MAM , la banda de Omar Mollo, el hermano de Ricardo. Allí tocaba Catriel, ante de fichar para Divididos. Y allí tocaban Arnedo y el hermano de Omar, antes de fichar para Sumo. Pero para entonces ya pensaban en Divididos. “La de armar un trío con Ricardo arranca después del Mundial, allá por 1979. Por entonces yo tocaba con Omar y Ricardo en MAM (…) Ahí empezó todo entre nosotros, no sólo en lo musical sino también en el sentido del humor”, contaban ambos a la Rolling Stone en julio de 1998. Más de 30 años después de aquel impulso inicial, Mollo, el tipo que siempre quiso tocar la guitarra, y Arnedo, el tipo que siempre quiso ser futbolista y que mucho después aceptó ser bajista, siguen juntos. Y son Divididos. Los que un día triste del 88 se vieron las caras con una batería electrónica y que desde entonces buscaron un baterista de carne y hueso, pero que fuera una máquina de tocar y pegar. Antes Collado, Gil Solá y Araujo. Ahora Catriel Ciavarella. Hoy Amapola del 66. Bienvenida, Aplanadora del rock.

Mollo y Arnedo, la Aplanadora del rock, junto a Catriel Ciavarella.

Juan mocciaro


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