Las creencias de los Reyes Magos




Omar López Mato *


Según Johannes Kepler, la estrella que los conduce a Belén era la conjunción de Júpiter y Saturno,ya que el fenómeno se dio tres veces entre los años 4 y 6 antes de Cristo.


Ni eran tres, ni eran reyes, ni eran magos, tampoco se arrodillaron frente al niño Dios un seis de enero del año 0 de la era cristiana. Pero a todos nos gusta creer en ellos, sobretodo si es que te dejan un regalo junto a los zapatitos.

El evangelio de San Mateo es el único que habla de los reyes, pero no entra en muchas precisiones después de describir la entrevista con Herodes que culmina con la orden de asesinar a todos los recién nacidos para evitar que alguno de ellos se convierta en el rey de los judíos (acto atroz conocido como el día de los Santos Inocentes del que no existe ninguna evidencia histórica). Mateo los llama Magi, que fue traducido como magos cuando en realidad quiere decir hombres sabios.

Lo más probable es que hayan sido versados en astronomía. Según Johannes Kepler, la estrella que los conduce a Belén era, la conjunción de Júpiter y Saturno, el fenómeno se dio tres veces entre los años 4 y 6 antes de Cristo.

Tampoco existe consenso al respecto, unos hablan de una supernova y otro de una singular conjunción del Sol, la Luna y cuatro planetas más la estrella Regulus en la constelación de Piscis -un hecho solo detectable por astrónomos-, pero ninguno de estos eventos se dio en el año inicial de nuestro almanaque cristiano. Si a esta incertidumbre le agregamos que el censo convocado por el emperador Augusto no fue al comienzo de la era cristiana y que en diciembre los pastores no salen con sus rebaños a pastar por el frío, la historia de los Reyes Magos solo se sostiene por la fe que nos empecina.

La tradición de la adoración de los Reyes con pesebre, bueyes y ovejas con los reyes llamados Melchor, Gaspar y Baltazar nace del texto de la Leyenda Dorada del monje Santiago de Vorágine del siglo XIII quien recoge estas tradiciones de los evangelios canónicos y los apócrifos como el Evangelio Armenio, el de “la infancia de Cristo” o del “libro de Set” redactado por un escriba iraní del siglo III de nuestra era. Si bien muchos coinciden en que eran tres, no todos están de acuerdo con este numero. Para la Iglesia Siria serían 12 (como un preanuncio de los profetas) y para los coptos 60…

Sin embargo, para respaldar el relato bíblico y dar una prueba de la existencia de Jesús (que figura en por lo menos cuatro textos de historiadores contemporáneos a su existencia en Judea) Santa Helena, la madre del emperador Constantino, quien consagra al cristianismo como religión del Imperio, viaja a Jerusalén en búsqueda de pruebas de la existencia de Cristo. Santa Helena vuelve de su viaje con la verdadera Cruz, los clavos sagrados, el “titulus” donde esta escrita la causa de la crucifixión (el célebre INRI) y los restos de los tres reyes magos que mandó a buscar a la India donde, según la tradición, fueron evangelizados por Santo Tomás, el apóstol de las dudas…

Estos restos fueron atesorados en Constantinopla y el emperador Manuel decidió regalarlos a San Eustogio, obispo de Milán, quien después de sortear mil peligros volvió a su diócesis, donde estos restos sagrados fueron adorados, mas no respetados porque la catedral de Milán fue saqueada por orden de Federico Barbarroja en el año 1162 a.D.

Esta “furta sacra” -así llamado el robo de reliquias- era muy común en esos años, porque estos restos daban valor a la iglesia que lo exhibiera ya que fomentaban las peregrinaciones, fuente apreciable de ingresos para cada localidad. Eso aconteció con las reliquias de los tres Reyes Magos que convirtieron a la Catedral de Colonia en un lugar visitado por miles de creyentes que viajaban de toda Europa para pedir deseos a los magos de oriente, tal como hoy millones de niños escriben una carta solicitando los propios.

Porque lo importante de esta fecha, aunque no hayan sido reyes, ni pertenecientes a distintas razas, ni sepamos si esos huesos buscados en la India pertenecieron a sabios que obsequiaron el oro, la mirra y el incienso al niño Dios, cada uno tiene todo el derecho a creer que una noche al año se cumple el deseo de cada niño que escribe su carta a los magos de oriente.

* Médico e historiador


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