Las estrategias que despliega la clase media para sobrevivir

Las compras comunitarias están a la orden del día en toda la región. Invierten una mañana a la semana en averiguar y comparar precios.

Por Redacción

Frente a la caída de sus ingresos y la aparición de la inflación -el ingrediente nuevo en la crisis de los argentinos- las familias pusieron en práctica estrategias interesantes y novedosas que ayudan en algunos casos a sobrevivir y en otros a achicarse para ahorrar o para «armarse» por si vienen épocas peores a las actuales.

La manera en que hoy se compra la mercadería para el hogar ya no es la misma que hace un par de años, por ejemplo. Antes podían llenarse los «changuitos» en el supermercado que atraía a más clientes por lo más «pintoresco»; hoy se buscan ofertas, se acude al mayorista e incluso se recurre a la venta informal. El uso del teléfono y del auto y taxi se restringió de manera importante, y las salidas nocturnas de jóvenes y adultos se transformaron en encuentros de amigos en la misma casa.

Juan Alberto Lozano vive con su esposa Elena y tres hijos en cercanías del barrio Flamingo, de Cipolletti. Ellos acordaron con las familias Letieri y Sandoval -relativamente vecinos, pero amigos desde hace años- hacer compras en común, en especial de carne y de verduras. La carne la adquieren al por mayor; la verdura, en las ferias o en un súper que tiene buenos precios. «Siempre se ahorra con compras grandes. Y a veces vamos a Neuquén. En realidad buscamos precio, pero también calidad», dijo Juan Alberto.

Para Susana, su objetivo es el mismo al de los Lozano: buscar el mejor precio. «Vengo aquí (un conocido supermercado) porque me llevo el pan muy barato», sostuvo. La mujer que es ama de casa y vive en el barrio Arévalo recordó tiempos mejores: «hoy por hoy, hay que fijarse bien en los precios. Antes llenábamos el carro. En realidad, era un paseo de compras. Ahora tanto yo como otras familias amigas ni siquiera pasamos por góndolas donde hay productos prescindibles».

María Elena Román tiene seis hijos, es docente y su esposo es comerciante. También planifica la compra: «La verdura la compramos en la feria. No vamos más a otro tipo de comercio porque la diferencia es muy grande. Y la comida la hacemos en casa. Ahora es un lujo gastar afuera».

En Roca, un grupo de mujeres desocupadas detectaron el potencial mercado de las ferias y trazaron un panorama en cierta manera «estadístico». Ellas ofrecen casa por casa y en la mayoría de las esquinas céntricas sus bolsitas con lechuga y acelga a un peso. La ganancia es de 50 centavos por bolsa y llegan a un rédito personal de 5 pesos diarios. Celestino Castro, por su parte, colocó su puesto a la vera de la rotonda de Paso Córdoba, sobre la ruta 22, atiende las 24 horas a los que quieren manzanas, duraznos y melones. «De lunes a viernes compra mucha gente que está de viaje y los fines de semana nos va bastante bien con los que van al río a pasar el día», comenta.

La tendencia a comprar en ferias no sólo se da en el Alto Valle rionegrino. En Viedma, los vecinos se volcaron masivamente al predio municipal, un lugar de paseo, dónde según los clientes, la verdura y la fruta se consiguen a precios accesibles.

Las ferias concentran la atención de consumidores

En Bariloche son muchos los que sacrifican una mañana por semana para recorrer supermercados y estirar su dinero, pero las frutas y verduras, que casi no aumentaron desde el fin de la convertibilidad, se consiguen a mejor precio en los comercios chicos. «Lo malo es que en lugar de poner a 50 centavos el kilo, dicen que la oferta de tomate es de 2 kilos 1 peso», criticaba una clienta, aduciendo que «lo mismo hacen con las ciruelas, las peras y las manzanas, y así tenemos que comer siempre lo mismo hasta que se acabe en lugar de comprar variedad. ¿Qué hago con dos kilos de zanahoria?», se preguntó.

«Esta semana van a comer hamburguesas a lo loco, porque están a $ 0,99 las 4 unidades», reveló a Gabriel, también barilochense y padre de ocho hijos de entre 2 y 16 años. «Compré esto, fideos, el pan y dulce de membrillo, porque casi no quedan ofertas, pero ya vengo de otro super donde están baratos los zapallitos y las chauchas, y pienso ir a otros a ver qué puedo conseguir barato», agregó.

A la hora de consumir servicios, el bolsillo también se achicó. El auto se usa sólo cuando se necesita. Hay familias incluso, que optaron por los viajes comunitarios, donde se comparte el gasto del combustible, del peaje y el estacionamiento. Roberto Russo es empleado de una casa comercial neuquina y vive en Cipolletti. En su auto viajan tres personas más, todos los días. «Yo pongo el auto porque lo debo usar allá. Con mis amigos compartimos el peaje y el combustible. Muchos hacen lo que hacemos nosotros».

El teléfono ya no queda a merced de las charlas de amigos y muchos menos de adolescentes. Varios rionegrinos reemplazaron las líneas que ofrecían sistemas libres de llamadas por el controlado a través de topes o tarjetas.

José Manuel es un viajante que tiene su casa en Cipolletti, con su esposa y tres hijos. «En realidad nos fuimos a la línea Control para ahorrar pero te confieso que los 35 pesos se van a 55 porque, por los pibes, en especial la nena de 16 y su hermanita de 12, compro dos tarjetas. El cupo se va antes de tiempo porque hablan y hablan. Pero, siempre es un gran ahorro en relación al teléfono «liberado».

Los celulares también sufrieron «amputaciones». Una joven barilochense cuenta su experiencia. «Compro tarjetas de 10 pesos y así me controlo mejor» aunque reconoció que no podía imaginar cómo sería la vida sin él.

El consumo de taxis -que era mínimamente accesible en Roca, con el último aumento- espantó a la gente.

La clase media en el país es uno de los sectores que más perdió en cuanto a los ingresos. Según un estudio de la consultora Equis realizado en base a datos del Indec, y publicado por medios nacionales, en el último cuarto de siglo, sólo el estrato más alto de la sociedad vio aumentar sus ingresos (lo hizo en un 21,2%), en tanto todos los demás perdieron. El sector medio lo hizo con más de 14 millones de dólares.

Todos los especialistas remarcan, a propósito de las estrategias de sobrevivencia de la clase media, que esta vez los que pueden consumir sienten, por primera vez en muchísimos años, que el peso de la economía en bancarrota puede descargarse de un modo feroz sobre ellos. Y que ahora tiene que aprender a vivir con muchísimas menos plata que con la que estaba habituado a hacerlo.

(Agencias Roca, Cipolletti, Bariloche y Viedma)


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