Las fuentes de placer de Sara Diciero

Para esta artista el arte significó un cambio radical en su vida. Las cajas de luz son una de sus formas de expresión preferidas. Su premiada obra ha recorrido el mundo.

Redacción

Por Redacción

Una interpretación simplista puede ser que muchas mujeres parecen diagramar sus vidas me-jor que los hombres.

Al menos es el caso de la plástica Sara Diciero, que pasó de for-mar una familia y ocuparse de sus hijos a tomar las riendas de una vocación artística después de diplomarse en computación científica, su primera actividad.

«Después de tener mi segundo hijo me sentía como una típica ama de casa sin ninguna otra cosa que hacer y eso me hizo sentir muy mal», rememora la artista que no lloró sus rutinas sino que se dedicó de lleno a su pasión por el dibujo, llevada por una amiga en 1985 al taller del reconocido maestro Febo Marti.

Allí pasó un año hasta que la familia se trasladó a España por el trabajo de su marido.

Fueron tres años en ese país y según comentó Diciero ella no perdió el tiempo: «El objetivo mío era sacarle el mayor provecho para mis inquietudes artísticas. Lo logré porque pude cultivarme asistiendo a cualquier cantidad de exposiciones, museos y galerías». Vivía a las afueras de Madrid pero viajó por toda la península, a la que define como «un país maravilloso para vivir».

Era el año 1986 y aprovechó también para tomar contacto con libros de arte que todavía no estaban en la Argentina, además de completar su formación artística en tres talleres, con maestros autodidactas, profesoras de dibujo clásico y una pintora con los que recorrió distintas disciplinas como las carbonillas, pasteles, acuarelas y temperas.

Cuando volvió de su estadía en España Sara Diciero retomó sus clases en lo de Febo Marti, pero sintió que esa etapa estaba superada.

«Comencé a trabajar sola durante unos años, siempre tratando de exponer», recuerda al destacar otros pasos diferentes para su emprendimiento.

Fueron épocas de cursos y crecimiento junto a nombres del arte como Fabiana Barreda, Rosa Faccaro, Julio Sánchez, Elena Oliveras, Julio Sapollnik y Adriana Laurenzi.

En l995 se le abrió otro panorama cuando comenzó a concursar y pasó de su pintura de enfoque moderno con el tema de los pájaros a una mayor abstracción de su estilo, además inició una estrecha vinculación con gente del arte, «siempre estoy muy atenta a todo lo que sucede aquí y en el mundo en esa materia» señala.

Luz interior

Sara Diciero comenzó a trabajar sus cajas con luz en 1999 «después de hacer siempre óleo» una pasión constante que tiene trabajado especialmente sobre madera como aprendió en España, un sistema que prefiere a la tela y al que considera «mi fuerte de placer».

Lo de las cajas lo sintió como una necesidad, llamadas «back light» en inglés ella las califica como un cartel de publicidad. «Habitualmente se utiliza arte digital, imágenes que salen de la computadora o fotografía, a mí se me ocurrió pintarlas y así seguir trabajando con óleo», afirma al señalar que se trata de un artefacto eléctrico con un tubo de luz adentro y el óleo está tratado sobre la resina.

Las primeras cajas las fabricó ella misma a pulmón, sobre acrílico, pero descubrió que el artefacto eléctrico se podía comprar y venía con lamina de resina. El trabajo con óleo aparece así como una acuarela, algo más difícil.

Es una creación bastante original que genera no sólo el tema pintado sino la transformación sugestiva por medio de la luz.

«Quise ir más allá siempre atenta a las nuevas técnicas y la vanguardia utilizando siempre óleo, pero tratando de combinar y resaltar la pintura dándole más luminosidad. Pasé de lo ficticio a lo real, la pintura es lo ficticio y la realidad es la luz que hace que la obra cobre una nueva dimensión visual» explica Diciero.

Con sus flamantes cajas se presentó en Praxis con nueve obras en una instalación, una forma de rescatar su pasado en la computación con la evocación de la pantalla y la luz en una obra de intensa sugestión.

Con la técnica perfeccionada se presentó en el Chaco en su Museo de Bellas Artes y pasó todo el verano con unas 20 obras de distinto tamaño en el Atelier de la Barra en Punta del Este.

Luego Diciero irá a Catamarca con una instalación llamada «Del Cielo a la Tierra» con cajas en el suelo y colgando, después estará en la Feria de las Galerías de Arteba por la revista Museum y se presentará a mediados de año en Chile con el grupo Tea en la prestigiosa galería Mattei. Mientras tanto se tomó vacaciones en Bariloche, lugar que adora.

No por nada su estilo arranca en una mancha que luego ella dirige. «Mi pintura es transparente y se pueden descubrir diferentes mundos», dice. Desde lejos pue-den ser mapas, continentes, ríos, su idea es la de una mayor aproximación a la naturaleza.

Con el grupo Tea planifican un proyecto de obra conjunta o con un mismo tema a desarrollar y otras ideas como podría ser Casa Tea, donde el tema artístico de las plásticas serían los objetos cotidianos.

Además Diciero confiesa su devoción a su homenajeado Van Gogh, su interés por las nuevas técnicas y la investigación de su arte.

Su obra se ha paseado y muchas veces quedado por México, Uruguay, Brasil, Perú, España, Cuba, Bélgica, entre otros países, con diversos reconocimientos.

Tal vez el mejor premio para Sara Diciero haya sido darle luz y a su propia vida.

Su acercamiento con el interior

Los años «90 fueron definitorios en la carrera de Sara Diciero, conformaron una suerte de fortalecimiento de sus condiciones especialmente manifiestas en sus muestras individuales. Su acercamiento al interior fue otra experiencia que ella valora, como, por ejemplo, cuando la convocaron los galeristas y la gente de Ayacucho de donde era su padre con una invitación municipal, la misma experiencia que se continuó en Mendoza, La Pampa y Córdoba.

También fue definitorio tomar contacto con el prestigioso plástico que fuera rector de la Prilidiano Pueyrredón durante 7 años, Marino Santa María, quién la convocó a su taller y fue una oportunidad de exponer en la Galería Leonardo Avalos y en la Casa de la Moneda con el grupo que coordina el plástico y en forma individual. Entonces pasó a formar parte del Grupo Tea, un equipo femenino de fuerte presencia artística que integran además Gigí Dante, María Laura Figari, Maureen Hopson, Graciela Mosches y Lydia Rabuñal.

«Tuvimos la oportunidad de exponer en la galería Hoy en el Arte y en el 2000 como un salto muy importante fue la muestra de Praxis y la invitación al grupo para exponer en el Chaco» destaca Sara Diciero que comenzó el milenio con buenos augurios para su carrera, ya que viajó a Catamarca y conoció a la directora del Museo de Bellas Artes Laureano Brizuela quien quedó encantada con las flamantes cajas lumínicas de la plástica, una forma nueva de su arte acorde con los tiempos que va teniendo cada vez más admiradores.

Julio Pagani


Una interpretación simplista puede ser que muchas mujeres parecen diagramar sus vidas me-jor que los hombres.

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