Iban de la Patagonia a Buenos Aires y después de un puente un cementerio los dejó sin aliento

Una pareja que viajaba con destino a CABA se desvió por la Ruta 72 para conocer de los paisajes de las sierras del sudoeste bonaerense se topó de golpe con el icónico portal de Saldungaray, una obra maestra de Francisco Salamone. Después, entre calles tranquilas y casas bajas, descubrieron el legado del célebre arquitecto e ingeniero.  

Redacción

Por Redacción

El portal del cementerio de Saldungaray, obra del arquitecto e ingeniero Francisco Salamone. Fotos: argentina.gob.ar

Venían acostumbrados a la inmensidad infinita de la estepa, al horizonte chato y a los silencios largos de la Patagonia. Decidieron desviarse por la Ruta 72 para internarse en los paisajes de sierras. Después de cruzar el puente sobre el río y encarar la ruta hacia el pueblo, una curva repentina les abrió paso y los dejó sin aliento: ahí, recortado contra el cielo bonaerense, se les apareció de golpe el portal del cementerio de Saldungaray. No era una tumba más ni una estructura rural cualquiera: era un círculo perfecto de hormigón armado, colosal y desafiante, custodiado por una cruz de fuerza dramática que parecía sacada de una película de ciencia ficción. Sin buscarlo, acababan de descubrir un pueblo detenido en el tiempo y el fascinante mundo del arquitecto Francisco Salamone.

Aquel desvío imprevisto los metió de lleno en una dimensión estética completamente inesperada. Este pequeño rincón del sudoeste de la provincia de Buenos Aires, de calles tranquilas y casas bajas, guarda una de las concentraciones más impactantes de arquitectura Art Decó, futurista y monumental de la Argentina.


La irrupción de la modernidad en el desierto

Entre 1936 y 1940, durante la gobernación de Manuel Fresco, el Estado provincial impulsó un plan de modernización que buscaba llevar el progreso a los municipios del interior. Para ello, contrataron a Salamone, un visionario de origen ítalo-español dotado de una ambición constructiva sin precedentes.


El portal del cementerio en primer plano.

En Saldungaray, que este sábado 29 celebrará su 126|° aniversario, lejos de mimetizarse con el entorno agrario, la arquitectura adoptó un rol protagónico y desafiante. Las líneas puras, la exageración de las alturas y la fusión del Art Decó con el expresionismo y el racionalismo transformaron al pueblo en un museo a cielo abierto.


Las joyas Art Decó imperdibles en el pueblo

Recorrer las huellas de Salamone los llevó a descubrir tres íconos imperdibles donde el diseño geométrico y la escala imponente te dejan sin aliento:

  • El Portal del Cementerio: Es, sin dudas, la obra más famosa y fotografiada. Su fachada imponente está dominada por un círculo perfecto de hormigón armado surcado por líneas rectas y una cruz central esculpida con una fuerza dramática única. Para los visitantes, trasponer este portal es una experiencia quase mística que subvierte la clásica estética funeraria.
  • La Delegación Municipal y su Plaza: En el centro del pueblo, el edificio comunal destaca por su esbelta torre reloj y sus proporciones simétricas. A su alrededor, el diseño urbanístico se completa con luminarias y mobiliario urbano de impronta geométrica típicamente decó, generando una atmósfera de «pueblo de metrópolis futurista».
  • El Antiguo Matadero: Ubicado en las afueras, responde a una planta de lógica circular y volúmenes contundentes. Demuestra cómo el Art Decó y el funcionalismo industrial podían unirse para embellecer hasta las funciones más utilitarias del Estado.

Un legado atemporal

Para ellos, que venían manejando desde la Patagonia buscando descansar entre sierras, encontrarse con la obra de Francisco Salamone fue un golpe de gracia estético.

La Delegación Municipal

El estilo francés se combina con los paisajes rurales.

Antiguo Matadero de Saldungaray. Foto: Sierra de la Ventana Turismo.

Hoy sus creaciones no son solo postales de una época; son monumentos vivos que continúan desafiando nuestra mirada, recordándonos que el territorio rural también puede ser el escenario de la vanguardia más audaz.


Cómo llegar

Se accede mediante la Ruta Provincial 72, a 100 kilómetros de Bahía Blanca. Si se sale desde Neuquén, hay que calcular unas ocho horas de viaje para cambiar el viento patagónico por el asombro monumental de este rincón bonaerense.


El portal del cementerio de Saldungaray, obra del arquitecto e ingeniero Francisco Salamone. Fotos: argentina.gob.ar

Venían acostumbrados a la inmensidad infinita de la estepa, al horizonte chato y a los silencios largos de la Patagonia. Decidieron desviarse por la Ruta 72 para internarse en los paisajes de sierras. Después de cruzar el puente sobre el río y encarar la ruta hacia el pueblo, una curva repentina les abrió paso y los dejó sin aliento: ahí, recortado contra el cielo bonaerense, se les apareció de golpe el portal del cementerio de Saldungaray. No era una tumba más ni una estructura rural cualquiera: era un círculo perfecto de hormigón armado, colosal y desafiante, custodiado por una cruz de fuerza dramática que parecía sacada de una película de ciencia ficción. Sin buscarlo, acababan de descubrir un pueblo detenido en el tiempo y el fascinante mundo del arquitecto Francisco Salamone.

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