Las plantas que nos sirven de aliadas contra virus y bacterias

Alejandro González, investigador principal del Conicet, ya jubilado, menciona todas las hierbas y frutos que tienen efectos antivirales y antibacteriales probados científicamente.





En la emergencia, pueden ayudarnos las sugerencias simples sobre plantas y frutos que sirvieron a la humanidad por miles de años. La lista es larga: ajo, menta, tomillo, melisa, jengibre, cúrcuma, cebolla, y muchas otras.
La medicina tradicional nos ha mostrado una lista enorme de plantas y preparados, y hay también estudios científicos de laboratorio que confirman los efectos antivirus y antibacterias de plantas y alimentos.
Dado el escepticismo que genera el tema me parece necesario acercarles las referencias precisas de algunas investigaciones publicadas en journals indexados y de prestigio. Aquí mencionaremos resultados de trabajos científicos, que no son opinión.

Efectos en virus


La alta tasa de mutaciones de los virus hace que sea difícil combatirlos con fármacos específicos; que pueden ser ineficaces en meses.
Sin embargo, las plantas tienen cientos de sustancias que actúan juntas y las contienen para su propia defensa contra microbios y sus mutaciones. Se ha comprobado en laboratorio y en animales que las plantas son efectivas tanto en la etapa de cura como también en evitar que los virus se adhieran a las células de nuestro cuerpo, es decir, que una vez físicamente ingresados en los pulmones encuentren difícil adherirse a las paredes celulares, lo cual es una acción de bloqueo en el primer paso de la infección.


Por ejemplo, en BMC Veterinary Research, año 2019, vol. 15 pág.178, con el título “In vitro antiviral activity of fifteen plant extracts against avian infectious bronchitis virus”, muestran los efectos de distintos extractos de hierbas en virus respiratorios en pollos, y resumen también trabajos anteriores en coronavirus en animales muy similar al que está ahora afectándonos. En el estudio de 2019 la menta y el tomillo son las más fuertes pero otras plantas también ayudan.


En International Journal Research Pharmaceutical Science (2019), vol. 10, pág 3878, título “Efficacy of Garlic and Onion against virus”, hacen una revisión de trabajos anteriores sobre los compuestos quercetin y allicin presentes en ajo y cebolla, y el bloqueo del enganche del virus en las células.


Sobre el ajo, un mito muy difundido es que “sí, ya se sabe que actúa pero tenés que comer muchísimo”. No es cierto, un diente de ajo de 5 gramos nos da cerca de 25 miligramos de Allicin, el principal compuesto antivirus, y en los ensayos de laboratorio se usan con efectividad diluciones de menos de 0,025 miligramos en 1 militro de agua, ¡mil veces menos!. Estos datos son del journal Microbes and Infection año 1999, vol. 2, pág. 125. En las investigaciones resaltan la efectividad del ajo fresco. Por su estructura, la acción de una enzima que genera el Allicin cuando se aplasta el ajo, esto hace que se mezclen sustancias que contiene, y el Allicin no es muy estable.


Entonces, lo que más conviene es aplastarlo en la boca al masticar y de esa forma se garantiza que todo el Allicin entra al organismo y en tiempo justo de actuar. Si se pica el ajo y se espera es probable que el efecto sea mucho menor, lo mismo que si se cocina. No es fácil porque el Allicin es justamente esa parte olorosa y muy picante que se genera al aplastar el ajo. Me dirán “prefiero que salga una pastilla”, sí bien, pero ahora no está. No hace falta demasiado ajo y cebolla para notar su efecto, tanto para virus como para bacterias.


Quien haya usado en forma sistemática la cebolla cortada fina cerca de la almohada de un niño engripado sabe sobre su efectividad para la tos y un mejor dormir. Las investigaciones agregan explicaciones microscópicas a las experiencias de las personas.


Otro ejemplo, la cúrcuma para el virus de la influenza. En Journal of Food and Drug Analysis, año 2018, vol. 26, pág 1015, “Synergic effect of curcumin and its structural analogue (Monoacetylcurcumin) on anti-influenza virus infection”, se muestra que el virus de la gripe es sensible a la curcumina, un compuesto que se encuentra en cúrcuma fresca y en polvo seco de cúrcuma en cerca del 3% y es la sustancia que le da el gusto un poco amargo y algo picante. La cúrcuma también se mostró efectiva contra virus Zika y Chicungunga, resultados publicados en Antiviral Research vol. 142, año 2017, pág. 148.


Hay muchas más investigaciones. No son complementos alimenticios, son alimentos y especias. Pero entonces, ¿por qué no hay preparados farmaceúticos con estos compuestos? o ¿por qué no se organizan campañas sobre las maneras de aprovecharlos en su forma natural? La respuesta es simple: no pueden patentarse y entonces no hay beneficio económico para nadie.

Efectos en bacterias


Muchos alimentos y plantas funcionan muy bien también para bacterias y hasta en aquellas resistentes a antibióticos. El ajo tiene efecto antibacterial en una concentración tan diluida como 1:128, lo que se demuestra en la publicación en el journal Nutrition, año 2003, vol. 19 pág. 994. En éste trabajo también muestran el efecto fuerte del té verde como bactericida, donde sólo 3 g de té por litro de agua son suficientes como bactericida para 12 bacterias, algunas resistentes al antibiótico methicillin, al punto tal que los investigadores sugieren el uso de té verde como preventivo para la desinfección de manos en enfermería, en especial de infecciones dermatológicas resistentes a antibióticos. Sobre bacterias hay más investigaciones que sobre virus.
No son opiniones ni mitos, ¿por qué no tenerlos en cuenta como fuente probable de soluciones a la emergencia actual?

Las últimas investigaciones

Sobre el virus SARS-CoV-2 que produce esta crisis, hace dos semanas un estudio alemán demostró dónde hay mayor réplica del virus en los primeros 5 días de la infección (https://www.nature.com/articles/s41586-020-2196-x). Es en la garganta. Estudiaron casos con síntomas leves y encontraron una actividad furiosa del virus en la garganta justo en ese período donde se da el mayor contagio. Esto diferencia a este nuevo coronavirus de anteriores, que presentaban más réplicas en los pulmones y por lo tanto menor emisión de virus por saliva. Este hallazgo amplía enormemente la efectividad en el uso de plantas y alimentos antivirales, porque la acción sobre la boca y garganta es directa en la ingesta de alimentos o tés. Aunque no se garantiza que ayuden a la cura de la enfermedad posterior porque el lugar importante después es el pulmón, pero al menos en los primeros 5 días de alta tasa de contagio la ingesta de plantas antivirales sería positiva. Los investigadores en virología y microbiología deberían experimentarlo con pacientes con síntomas leves y determinar la eficacia en la garganta, más aún conociendo que la mayor parte de infectados o tiene síntomas leves o no presenta síntomas.

No descartar posibilidades


Cualquier investigador tiene claro que las conclusiones de las investigaciones no significan solución inmediata, pero sería prudente tenerlas en cuenta en esta urgencia y a futuro. En todo caso no hay efectos secundarios de comer plantas y usar condimentos y preparados en tés.
También influye la forma de alimentarse para reforzar nuestro terreno inmunológico interior. Lo que ya sabemos pero cuesta poner en práctica: muchas ensaladas, muchas naranjas y limones, mucho ajo y cebolla, orégano, tomillo, menta, salvia, romero, muchas frutas y verduras de todo tipo.
Debería fomentarse y ayudarse con la provisión de alimentos frescos de origen vegetal, los cuales todos en mayor o menor medida tienen compuestos que ayudan. Me parece que no está la situación como para despreciar posibilidades que ya han sido demostradas por décadas de estudios científicos y por milenios de tradiciones culturales.

Alejandro González, jubilado de CONICET como Investigador Principal Para más información https://eficienciapatagonia.blogspot.com


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